Vecinos de buena familia 29
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Los hechos, en orden, y solo los hechos.

Cuarenta y ocho minutos.

Y ninguna cámara del sistema registró a ningún ser humano entrando por la puerta principal en esos cuarenta y ocho minutos.

Escribí las cuarenta y ocho minutos en la libreta y me quedé mirándolo, y después escribí debajo, con el mismo bolígrafo, la única frase que quedaba:

Entró por otro sitio.

Hay tres maneras de entrar en el recinto de la piscina de Las Adelfas. La puerta principal, que tiene cámara desde 2014. El hueco de la valla del vestuario, que es un agujero de treinta y cinco centímetros por el que pasa mi marido, que mide un metro ochenta y dos, arrastrándose.

Y la puerta de mantenimiento de la tapia sur.

Saqué la carpeta de la comunidad. En esta casa hay veintidós años de actas y las tengo por ejercicios, con separadores, porque las hice yo.

Acta de la junta ordinaria de 12 de abril de 2014. Punto cuarto.

Se somete a votación la dotación de una partida de 1.850 € para la cobertura del acceso de servicio de la tapia sur (puerta de mantenimiento), no incluida en el proyecto por encontrarse fuera del trazado de canalización existente.

D.ª Amparo Llobet (Jara 2) manifiesta que, no siendo un acceso de uso vecinal y estando cerrado con llave desde hace años, entiende que la partida puede posponerse al ejercicio siguiente.

Se aprueba posponer la partida al ejercicio 2015.

Yo redacté esa acta. Yo la firmé. Yo la archivé en este separador.

Y en el punto séptimo, ruegos y preguntas, cuatro líneas más abajo, en la misma hoja:

D.ª Amparo Llobet (Jara 2) propone, como en ejercicios anteriores, la reposición de los setos de adelfa del perímetro de la zona deportiva y del vial de la tapia sur, por pérdida de ejemplares en la helada de enero. Se aprueba por unanimidad.

Subí a la cocina a por agua. Eran las dos menos veinte y a las nueve y media de la mañana siguiente, que era jueves, sonó el timbre.

Milagros limpia en mi casa los jueves de nueve y media a una y media, y lo lleva haciendo desde 2014, y aquel jueves 15 de octubre yo estaba en la cocina con las actas de la comunidad esparcidas por la mesa porque no había dormido.

—Buenos días, doña Reyes.

—Buenos días.

Se cambió los zapatos en el recibidor, como hace siempre, y se puso a lo suyo. A las once subió a las habitaciones y a las doce y media bajó al salón, y desde la cocina la oí correr la cortina de la puerta del jardín.

—Milagros.

—Dígame.

—¿Por qué corres siempre esa cortina?

Se quedó con la cortina en la mano.

—Por el sol —dijo—. Que se le van los colores al sofá.

—A esta hora no da el sol en esa puerta.

—Ya. —Terminó de correrla—. Costumbre.

Le puse un café, que ella no me había pedido y que se toma de pie, apoyada en la encimera, con los dos pies bien puestos y sin sentarse nunca aunque yo se lo diga.

Y le hice tres preguntas.

Le pregunté si Fermín se escapaba mucho de noche. Me dijo que dos o tres veces al mes, más en verano.

Le pregunté si la señora Amparo dormía bien. Me dijo que la señora se levanta a las cuatro desde junio.

Y le pregunté, porque llevaba dieciséis horas con un plano de la urbanización en la cabeza, si ella sabía si la cancela de atrás de Jara 2 se usaba.

Milagros dejó la taza en la encimera.

—La de la esquina del jardín.

—Esa.

—Se usa —dijo—. Yo saco por ahí la basura, que si no hay que dar toda la vuelta con los cubos.

—¿Y da al callejón?

—Da al callejón. Y el callejón sale al vial por detrás del seto ese de las flores. —Cogió la taza otra vez—. Yo por ahí paso todos los días, doña Reyes. Dos veces.

Y ahí tuve, delante, a metro y medio, con una taza de café en la mano y los pies bien puestos, a la única persona de esta calle que sabía lo que yo estaba buscando.

Y le di las gracias por lo del café, que se lo había puesto yo, y me fui otra vez abajo con las actas.

Volví a la cocina a las dos menos veinte de la madrugada siguiente.

Abrí la ventana que da al vial y estuve un rato de pie, con las manos en el alféizar, mirando hacia abajo, hacia la esquina donde el vial gira y empieza la calle Jara, y donde no se ve nada porque hay un seto de adelfa de dos metros y diez que la comunidad repone todos los años por unanimidad.

Una mujer que en 2014 vota posponer la única cámara que cubriría esa puerta.

La misma mujer que todos los años, en ruegos y preguntas, en el punto donde nadie escucha, pide que se replante el seto que tapa el callejón desde la calle.

Diecinueve ejercicios.

Diecinueve años pagando entre sesenta y ocho vecinos, con nuestras cuotas, en el punto séptimo del orden del día, y aprobándolo por unanimidad, y felicitándola por lo bien que quedaban en junio.

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