Chapter 32
El evento se celebra frente al mar, en un espacio enorme y moderno que han habilitado para hacer de ello una noche especial llena de luces cálidas, música suave y gente absurdamente guapa.
Hay creadores de contenido, marcas, fotógrafos, periodistas, mesas con cócteles y vistas al Mediterráneo.
¿Digo la verdad?
Me siento completamente fuera de lugar.
—Voy fatal —murmuro, ajustándome el tirante del vestido rosa que llevo puesto.
Es muy sencillo, todo liso y de tirantes, pero al meterle unas sandalias plateadas y un maquillaje bonito, ha ganado un montón.
—Vas espectacular —me promete Gael.
—No sé qué hago aquí, además.
—Yo sí.
—Gael.
—Confía en mí.
Confío, claro que confío, mucho más de lo que debería, además.
Es entonces cuando aparece ella: Valeria Soler.
Alta, segura de sí misma, con un cabello perfectamente peinado, una sonrisa impecable y dos millones de seguidores.
Patricia reaparece en el mismo instante en que la veo y me doy cuenta casi asustada de que no había vuelto a saber de ella desde que mi cita con Gael empezó ayer a las ocho de la mañana.
¡Dios mío!
¿Cómo es posible?
Y ahora ha vuelto. Está borrosa, como si fuera un reflejo mal enfocado, pero ahí está.
¿Por qué no vuelves a irte? , le digo.
Las cosas estaban demasiado bien, me parecía raro, dice la muy cabrona.
Valeria llega hasta nosotros, le da dos besos a Gael y le toca el brazo.
Patricia carraspea.
Qué simpática y qué poca vergüenza , dice.
Intento ignorarla y comportarme como una persona adulta, pero siento que voy a fracasar en el intento.
Gael nos presenta y Valeria me sonríe, mas siento que esa sonrisa no es para nada sincera y cada vez que los veo hablar siento algo incómodo, feo y que no había sentido antes.
Creo que son celos y eso es una noticia terrible, porque significa que ya no puedo fingir que esto me da igual, porque no lo hace en absoluto.
—Voy al baño —murmuro.
Gael gira la cabeza.
—¿Estás bien?
—Sí.
Mentira.
—Vuelvo ahora.
Y me marcho antes de que tenga tiempo de seguir preguntando.
*
La puerta del baño se cierra detrás de mí y por fin puedo respirar.
O al menos intentarlo.
Me apoyo sobre el lavabo, las manos a ambos lados de la porcelana y la mirada fija en el espejo.
Eres ridícula , me dice Patricia desde el reflejo. Está sentada en uno de mis hombros y las piernecitas le cuelgan hacia abajo.
Apenas es el esbozo de un dibujo, pero todavía se la puede ver.
Patética , añade.
—Gracias —murmuro con las manos temblorosas, como siempre que aparece y se pone en este plan.
Para eso estoy , asiente con la cabeza orgullosa.
Cierro los ojos.
—¿No hemos quedado en que estabas desapareciendo?
Y tú habías quedado en no enamorarte de tu vecino.
Touché.
Maldita sea.
—No estoy enamorada.
Patricia pone los ojos en blanco.
—Lo digo en serio.
Por eso te has escondido en un baño porque una influencer guapa le ha dado dos besos.
—No me he escondido.
¿Cómo llamamos entonces a encerrarte en un cubículo mientras finges que necesitas retocarte el pintalabios?
Resoplo, abro el grifo, me mojo las muñecas e intento serenarme.
Necesito que desaparezca, pero tiene razón y odio cuando tiene razón.
No puedo ponerme así por una mujer hablando con Gael.
No puedo.
Ni siquiera somos…
Bueno, lo que sea que seamos.
Todavía no tiene nombre y quizá ese sea parte del problema, porque durante la cita todo parecía fácil, pero ahora estamos en la vida real, con gente, con trabajo y con mujeres espectaculares que conocen a Gael desde antes que yo.
Y de repente me siento terriblemente pequeña.
No obstante, lo único que se me ocurre para que se me quite esta sensación es salir de este baño y volver junto a él.
Así de paso le pongo una mordaza a la petarda de Patricia.
*
Cuando salgo del baño me siento bastante más estúpida que antes, pero en el buen sentido, intentando cultivar la premisa de que probablemente esté exagerando.
Valeria es una influencer y Gael trabaja con influencers tanto hombres como mujeres.
Fin de la historia.
No pasa nada.
No tiene por qué pasar nada.
Cruzo el pasillo exterior que conecta con la terraza principal, donde el mar brilla al fondo, las conversaciones se mezclan con la música, la gente ríe y las copas tintinean.
Y entonces escucho sus voces, pues llego al mismo sitio donde los he dejado antes de irme al baño.
—La idea es brillante —dice ella.
Mi corazón da un pequeño salto, no sé por qué.
—Lo sé —responde Gael—. Las personas no recuerdan los días, pero sí cómo se sintieron.
Entonces lo que se haría es una colección basada en emociones.
Por ejemplo calma, bienestar, amor… Lo particular de esto es que cada emoción va asociada a un aroma distinto, pero también a la historia que hay detrás de esa emoción, la cual pertenece a un momento vital determinado.
Además, los productos son con envases totalmente sostenibles y que te llevan directamente al Mediterráneo.
—Lo llevaré a cabo —le dice ella—. Gracias por decírmelo.
Me quedo quieta, completamente quieta al otro lado de unas plantas decorativas sin moverme y sin respirar.
Sin respirar.
La sangre empieza a zumbarme en los oídos.
No.
No.
No puede ser.
No.
Conozco esta sensación y nunca termina bien.
Patricia aparece a mi lado y esta vez no dice nada, ni una palabra, porque no le hace falta.
Ambas estamos pensando exactamente lo mismo.
Uno, que Gael es un traidor, y dos, que tenemos que salir de aquí cuanto antes.