Chapter 14
¿Quieres que te diga que me dormí pensando en que cociné para mi horrible vecino?
Vale, lo admito, pero no pienso fustigarme más por ello, así que me aplico un poco de corrector, máscara de pestañas y No era para tanto porque me estoy preparando para marcharme al coworking.
Mentira.
Lo del nombre del labial, digo, porque todo está siendo bastante para tanto últimamente.
Me pongo un vestido azul clarito de tirantes y unas deportivas blancas y me recojo el pelo en una coleta pequeñita.
Luego salgo disparada hacia el coworking.
No obstante, cuando abro la puerta de casa, algo llama mi atención.
Me detengo y parpadeo una vez, dos y hasta tres veces.
¿Qué es eso?
Sobre el primer escalón hay un paquete envuelto en papel de estraza marrón.
Frunzo el ceño y me acerco despacio, como si fuera un artefacto sospechoso.
Patricia cree que podría ser una bomba, pero ella ve muchos documentales.
Me agacho y observo el sello redondo estampado sobre el papel.
La Masa de Tomasa , una de las mejores panaderías de la ciudad.
Bueno, según Carmen la mejor, y Carmen considera que cualquier cosa que contenga harina merece una oportunidad.
Desato el cordel que rodea el paquete y el olor me golpea antes incluso de terminar de abrirlo: limón, azúcar y bizcocho.
Traducción: coca boba alicantina.
Madre. Mía.
Levanto el papel del todo y me doy cuenta de que es enorme.
Es entonces cuando veo la nota doblada junto al paquete y la reconozco de forma inmediata, porque ya conozco esa letra, lo cual es un dato que no pienso analizar.
Abro la nota y leo en voz alta:
La tortilla estaba espectacular.
Prometo seguir mejorando mis habilidades culinarias.
Firmado:
El vecino guapo que friega mal.
Me quedo inmóvil mirando el papelito y luego la coca boba.
Después otra vez el papelito.
¿Me ha escuchado en la videollamada que he hecho con mis amigas?
Si no, no entiendo la nota.
Contra toda lógica, sonrío.
Muy poco, pero lo suficiente para que Patricia, a la que ya no escucho tanto como antes, empiece a correr en círculos dentro de mi cabeza.
Arranco un trocito solo para comprobar que está buena y que mi vecino no me quiere envenenar cual rata de alcantarilla.
Claro que, si tuviera veneno, ya sería tarde para mí.
Bah, hay que probar experiencias de todo tipo, también te digo.
Cierro los ojos, está espectacular.
—Maldita sea.
Resulta que mi vecino insoportable tiene sentido del humor y ahora también tiene detalles.
Eso complica muchísimo las cosas, claro.
Doblo la nota despacio y me la guardo en el bolso, solo por cuestiones logísticas, ya lo sabes, por si algún día necesito pruebas judiciales.
Nada más.
Absolutamente nada más.
Emprendo mi camino obligándome a no mirar la puerta de su casa y la caminata de veinte minutos hasta llegar al coworking debería servir para sacarme a este chico del coco, pero lo cierto es que no termino de conseguirlo.
—Buenos días, preciosas —saludo.
—Buenos días, enamorada —dice India.
—Buenos días, exagerada —corrijo, haciendo énfasis en esa última palabra.
Bruna levanta la vista.
—¿Qué te pasa en la cara?
—¿Qué me pasa de qué?
—Brillas.
—No brillo.
—¡Oh! Claro que brillas.
—Mucho, además —añade Vega.
—¿Habéis echado algo turbio en vuestros cafés? —pregunto sin entender nada.
—Brillas como una mujer que ha tenido sexo o sentimientos. Y como sexo no ha sido…
—¡brUNA! ¿Qué sabrás tú?
—¡Ah! Entonces, ¿sexo sí? ¡MEJOR!
India ya se ha levantado de la silla.
—¿Ha pasado algo? —pregunta.
—Nada.
—Ha pasado algo —confirma.
—Nada.
—Nía —me advierte.
—Nada.
—Virginia María.
—No utilices ese nombre contra mí.
—Habla.
—Bueno —digo intentando parecer tranquila—, no quiero que reaccionéis mal ni nada de eso…
Bruna levanta la vista del portátil, muy interesada en mis palabras.
—Esa frase nunca acaba bien.
India deja de editar un vídeo para una novia histérica que quiere cambiar por quinta vez el seating plan de su boda.
—Solo espero que no sea una emergencia —dictamina Vega sin levantar la vista de los patrones que está dibujando para la nueva colección.
Resoplo.
—He cocinado, simplemente.
India se gira, Bruna también, pero Vega sigue dibujando.
—Pues muy bien —dice Bruna—. ¿Y?
—Para Gael —recalco.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Tres.
Vega deja el lápiz, India se lleva una mano al pecho y Bruna abre la boca.
—NO.
—NO —grita India.
—Ay, Nía… —murmura Vega moviendo la cabeza de lado a lado, como hacen las abuelas y como si tuviera un tic.
—No pongáis esa voz.
—¿LE HAS COCINADO? —pregunta Bruna como si acabara de confesar un crimen.
—Era una tortilla.
—"Era una tortilla", dice —India se levanta de la silla—. ¡La mujer que una vez cenó galletas saladas durante dos días seguidos porque no le apetecía fregar una sartén!
—Era una semana complicada —me defiendo frunciendo el ceño.
—Y la que decía que masticar era una pérdida de tiempo —añade Bruna.
—No dije eso exactamente. ¿Por quién me tomas?
—Lo dijiste —afirma Vega.
—Palabras textuales —confirma Bruna—: "Ojalá existieran las pastillas sabor pizza".
Me cruzo de brazos.
—¿Podemos volver al tema?
—NO —dice India—. Porque resulta que has cocinado.
—Una tortilla y nada más.
—PARA UN HOMbrE.
—Porque tenía hambre y su cocina era un desastre y había humo y…
—Claro —dice Bruna con una sonrisa diabólica—. Igual que la gente compra anillos porque le faltan llaveros.
Pongo los ojos en blanco.
—No exagereis.
—¿Llevaba cebolla? —pregunta India muy seria.
—Sí.
India se deja caer sobre la silla.
—Encima le hace la versión buena… —niega con la cabeza, devastada—. Estáis prometidos.
Bruna se abanica con una libreta.
—¿Y qué te dijo?
—Pues… que estaba muy buena.
Las tres se miran.
Y luego me miran a mí.
—La tortilla, ¿no? —aclara India.
—India —la reprende Vega.
—¿Qué? Es importante concretar.
Bruna se ríe.
—¿Y se la comió entera?
—Pues digo yo que no la habrá tirado, vaya.
—Madre mía… —susurra—. Qué hombre.
—Bruna, por favor.
—¿Qué? Yo valoro las cosas importantes de la vida.
—El colesterol entre ellas —añade Vega.
Me siento en mi silla intentando concentrarme en unos pedidos mientras ellas siguen observándome.
—¿Qué?
—Nada —dice Bruna.
—Nada —dice India.
—Nada —dice Vega.
—No os creo.
Bruna sonríe.
—Es solo que llevamos tiempo siendo tus amigas y te conocemos.
—¿Y?
—Y tú no haces esas cosas.
—No es verdad.
—Sí lo es —dice Vega—. Tú ayudas, estás pendiente, eres generosa, pero cocinar para alguien…
—No eres tú.
—Y menos una tortilla —añade India—. Eso es de señora que luego te manda un táper porque "te veía delgado".
—¡No está delgado! Está… perfecto —digo con la boquita pequeña.
—Peor me lo pones. Ha sido amor puro.
—No es amor.
—Claro —dice Bruna.
—Lo digo en serio.
—Claro. Es una obsesión, como la canción de Aventura.
—Solo era una tortilla.
—Claro.
—Tenía hambre.
—Claro.
—¡Sois insoportables!
Las tres se echan a reír y yo también.
India vuelve a sentarse.
—Bueno, ¿y él qué hizo?
Sonrío sin querer.
Maldita sea.
Resoplo y termino sacando la nota del bolso.
¿Recuerdas lo de “si no puedes con el enemigo, únete a él?
Pues con mis amigas es lo mismo.
No sé de qué me quejo, si soy yo quien les da gasolina para alimentar el fuego con el que me importunan a mí.
Las tres la leen y Bruna empieza a dar pequeños saltitos, India se tapa la boca y Vega suspira.
—Madre mía.
—¿Qué? —pregunto.
—Madre mía —repite.
—¿Qué? —repito yo también.
—Nía, este hombre es encantador.
—Querrás decir idiota, ¿no?
—Eso también, seguro, porque todos lo son.
—¿Y la coca boba? —pregunta India.
—¿Qué pasa con ella?
—¡Hombre, pues que no la has traído! Eso pasa.
Suspiro mientras pongo los ojos en blanco.
—Obvio que no, eso es para mí para mi desayuno. ¿Qué te has pensado?
—Ay, hija, qué egoísta —murmura llevándose la mano al pecho—. Para que luego digas que no te gusta.
—¡ES QUE NO ME GUSTA!
—Claro que no —dice Vega—. Solo le haces una tortilla de patata, le dejas tu impresora, te compra coca boba y te deja notas.
—Y está bueno —añade Bruna.
—¡brUNA!
—¿Qué? Estoy ayudando.
Resoplo y me llevo los dedos al puente de la nariz, contando hacia atrás para no liarme a porrazos con ellas.
—Ay, amiga… —suspira India—. Mi madre dice que las grandes historias de amor empiezan con una tortilla de patatas y las pequeñas con una intoxicación alimentaria. Esperemos que la vuestra sea de las primeras.