CAPÍTULO 79 #2
Ese partido sí tuvo más barro. Más frío, más roce y más sensación de división, donde nadie te regalaba una yarda sin dejarte antes una marca en el cuerpo.
Sin embargo, también fue el partido en el que más disfruté de en quién me estaba convirtiendo.
No necesité hacer el loco, no necesité un highlight cada cuarto para sentir que llevaba el ataque.
Leí, ordené, solté cuando tocaba, corrí cuando no quedaba otra.
Elegí la versión correcta de cada jugada, en vez de la más sexy , y ganamos 26-16.
No supe qué fue mejor: cerrar la división o volver al banquillo y encontrarme a Parks mirándome como si no quisiera sonreír demasiado delante de otros, pero tampoco pudiera evitarlo del todo.
La semana del último partido antes de playoffs , Harlow me llamó a su despacho. Mac estaba allí también, apoyado en la pizarra con cara de haberlo visto todo y seguir decepcionado con la humanidad.
—Estamos valorando darle más peso a Whitaker contra Eagles —dijo Harlow—. Ya tenemos el pase asegurado y tú has sido el QB1 en casi todos los partidos. Sé que tal vez no te guste la idea, pero…
Lo pensé aproximadamente medio segundo.
—Perfecto, incluso podría salir de inicio.
Los dos me miraron boquiabiertos, como si esperaran un: «Es broma, ¿es que estáis locos?».
Me encogí de hombros.
—¿Qué? Ya sé quién soy, señor. Si quiere jugar él el último, que lo juegue, también ha trabajado duro.
Mac sonrió apenas, se quitó la gorra y se rascó la cabeza.
—Ahora sí empiezas a entender de qué va esto, es muy maduro de tu parte.
—Gracias por ponérnoslo fácil —sentenció Harlow.
—Gracias por seguir creyendo en mí pese a las cagadas, señor.
Al salir del despacho, me crucé con Whitaker en el pasillo. Llevaba esa cara suya de tío que intentaba parecer despreocupado mientras por dentro hacía cuentas.
—Me han dicho ahí dentro que quizá te den más snaps —solté.
—¿Y eso por qué?
—Regalo de Navidad. Intenta no cagarte encima con tanto foco —respondí, guiñándole un ojo.
Él resopló.
—Gracias por las migajas, Dalton.
Le di un golpe en el hombro al pasar.
—No son migajas, princesa. Es una oportunidad. No la jodas.
Seguimos andando en direcciones opuestas, ambos con una sonrisa casi invisible. Hacía unos meses me habría costado admitirlo, pero ya no necesitaba odiarlo para saber que era mejor que él.
El vestuario, mientras tanto, estaba insoportable.
Ty fue el primero en empezar.
—Desde que follas con regularidad, lees las defensas mejor. Yo solo dejo el dato.
—Desde que tú abres la boca, el coeficiente intelectual de la sala baja seis puntos —contesté.
EJ se rio mientras cerraba su taquilla.
—Yo apoyo la teoría. Parks debería cobrar bonus por touchdown generado.
—Y plus por estabilidad emocional —añadió Devin—. Nunca habías tenido la mandíbula tan poco tensa.
—Hostia, qué asco dais todos —murmuré.
—No, asco da esa sonrisa que pones cuando ves venir a Naomi —remató Marcus—.
Te sale una cara de golden retriever enamorado que da hasta vergüenza.
¿Cuándo lo vais a hacer oficial? En el próximo viaje de equipo pediré que no me den la habitación contigua a la vuestra, no veas cómo gritáis… Ah, ah, ah…
Le lancé una toalla a la cabeza.
El muy cabrón la atrapó al vuelo.
—Confirmado. Totalmente domesticado y listo para menear el rabo.
No estaba domesticado. Estaba feliz. Que venía a ser peor.
Contra los Eagles perdimos.
Y lo mejor que podía decir de aquel partido era que no me importó como me habría importado antes.
No porque no odiara perder —eso jamás iba a pasar—, sino porque ya no confundía un tropiezo con el fin del mundo.
Habíamos asegurado los playoffs . Habíamos cerrado división.
Yo sabía lo que había construido y el equipo también.
Aun así, perder jodía, y Whitaker no salió precisamente de buen humor, aunque no tuviera la culpa y Harlow decidiera que fuera yo quien intentara maquillar algo el desastre en el último cuarto.
Salí sudado, con las piernas cargadas, el casco marcándome la frente y la prensa esperando a ver si soltaba algo jugoso.
Estaba a medias, respondiendo una pregunta de mierda sobre sensaciones, cuando vi a Naomi acercándose con paso rápido, la mandíbula apretada y esa expresión de «ha pasado algo y no me está haciendo ni puta gracia».
Me agarró del brazo.
Fuerte.
Los periodistas giraron como hienas con acreditación.
—Nos disculpan un momento, es urgente —murmuró con el ceño fruncido.
Y a mí, en ese preciso segundo, me salió lo más Dalton posible que me podía salir.
—Discúlpenla —dije, sonriendo hacia los flashes —. Creo que mi novia quiere consolarme tras la derrota.
Hubo dos décimas de silencio.
Luego, explotó el apocalipsis fotográfico.
A la mierda. Naomi iba a odiarme cuando sus padres se enteraran de lo nuestro por la prensa deportiva, pero ya cruzaría ese campo minado otro día.
Mi chica se quedó tiesa. Yo, encantado de haberlo hecho oficial.
Me arrastró fuera de allí con bastante menos delicadeza de la que cabría esperar en una mujer con su imagen pública.
—Reconozco que esto de que me saques a rastras delante de la prensa tiene su punto. Solo necesito saber si es para besarme o para degollarme.
—¿Has escuchado lo que acabas de decir? —siseó—. ¡Mañana seremos titular!
—Me la sopla. No puedes arrastrar a un hombre así, sin preliminares, y pretender que no se haga ilusiones. Quiero que el mundo sepa que eres mía, y si te preocupan tus padres o Vivian…
Se volvió hacia mí con cara de amenaza galáctica.
—Lo que me preocupa no ha sido tu declaración. Aunque haya sido una invasión imperial sin aprobación del Senado.
Sonreí, sudado, sucio y completamente satisfecho conmigo mismo.
—Cariño, si quisiera invadirte de verdad, no habría periodistas delante.
No se rio, y ahí supe que aquello no iba de mi gloriosa salida del armario sentimental.
—¿Se puede saber qué narices te pasa? —pregunté.
Soltó el aire de golpe, como si acabara de recordar por qué me había sacado de entre los periodistas.
—Se ha largado con la pasta.
Parpadeé.
—¿Quién?
Me miró como si estuviera haciendo un esfuerzo heroico por no estamparme contra la pared, y no con la motivación que yo habría esperado de esa escena.
—¡Charlotte!
«¡Hostia puta!».
Hoy era 4 de enero. El límite que Parks le había dado a la hija pródiga para confesar.
—Grayson vino hace unos minutos a decírmelo.
Ha mandado un comunicado familiar y a mí me ha escrito un e-mail disculpándose por no hacer exactamente lo que le pedí.
No está ni en el país. Se ha ido con todo el puto dinero y una confesión en digital.
¡Eso no es lo que acordamos! ¡Tenía que donarlo a la empresa de Sienna, Landon y Thiago para su proyecto benéfico!
Durante un segundo no dije nada.
Detrás de nosotros seguían estallando flashes , periodistas moviéndose como peces carroñeros y medio pasillo oliendo a sudor, derrota y desinfectante.
Luego lo vi claro, claro de una forma casi insultante.
Solté aire y negué con la cabeza.
—Parks…, es una Joneson. ¿De verdad creíste que iba a elegir una huida discreta, humilde y sin fuegos artificiales? Seguro que, en su cabeza, esa pasta era la indemnización por años de cárcel con tacones. No es carne de suburbio.
Naomi abrió la boca, la cerró y me dedicó una mirada llena de cabreo, decepción y algo peor: la sospecha horrible de que, en el fondo, yo tenía razón.
—Le di una salida… ¡Menuda imbécil!
—Le diste tiempo para planificar su estrategia y una oportunidad de ser feliz. Lo que haga con ella ya no habla de ti.
—Se ha llevado el dinero, Valentino.
—Sí, y eso la retrata a ella, no a ti.
Se pasó una mano por el pelo con gesto de querer arrancárselo.
—Joder.
Me acerqué, le rodeé la cintura y bajé la voz.
—Oye, mírame.
Lo hizo.
—No has hecho nada mal. Has hecho lo que te parecía más justo y más limpio. Que ella haya elegido reventar el tablero antes de irse no va sobre ti. Va sobre el apellido que lleva tatuado desde que nació.
Naomi bajó la vista un segundo.
—Sigue habiéndose ido con el dinero.
—¿Quieres que la encontremos y la extraditemos? Sabes que podría dar con ella si me lo propongo.
Eso sí consiguió que alzara la cabeza.
—¿Harías eso por mí?
Le aparté un mechón de la cara y sonreí de lado.
—Cariño, acabo de sobrevivir a una derrota, a una rueda de prensa y a declararte mi novia oficial delante de media liga. A estas alturas ya deberías saber que soy capaz de cualquier cosa por ti.
Pese a todo, rio.
La acerqué todavía más a mí mientras detrás seguía montado el circo.
La vida me iba demasiado bien como para creer que el universo no iba a cobrarse algo.
Mala suerte para él.
Porque si algo tenía clarísimo a esas alturas era que podían complicarme la temporada, tocarme los cojones o incluso intentar incendiarme el mundo entero, pero a esta mujer no pensaba soltarla ni aunque me echaran a patadas de la NFL, porque Naomi Park no era mi mejor touchdown , era la puta Super Bowl.