CAPÍTULO 71 #2
—Necesito… —tragué saliva— volver a confiar en ti.
Él asintió de inmediato, sin discutir.
—Lo entiendo, y te juro que voy a ser el hombre que mereces tener a tu lado.
«Vale, esto ha sido sorprendentemente maduro».
—Pero me gustas —admití al fin—, necesito que lo sepas.
Sus labios se curvaron apenas.
—Gracias, aunque si lo dices por el sexo anal, podemos repetir cuando quieras… Me encanta enfundarme en cualquier parte made in Parks, tienes una ergonomía fantástica.
Le di un pequeño empujón en el pecho.
—No te emociones.
—Demasiado tarde.
«Idiota».
Durante unos segundos ninguno habló.
Yo estaba demasiado ocupada peleando con mi propio cerebro.
—Necesitamos salir de aquí cuanto antes… —murmuré, tomando conciencia de nuevo de dónde estábamos.
—¿Estás nerviosa por si nos pillan? —dijo de repente—. Tranquila, es martes, casi no hay gente aquí, y mucho menos de la que entra en la sala de juntas…
—No estoy nerviosa por eso. Bueno…, no solo por eso.
—Naomi…
Suspiré.
—Vale, un poco, pero no es del todo por eso.
—¿Por mí?
Lo miré.
«Ojalá fuera tan sencillo».
Negué despacio.
—Hay otra cosa que no te he dicho.
Valentino frunció el ceño. Me separé, buscando mi ropa, y él me detuvo.
—¿Qué cosa?
—¿Te importa que nos vistamos antes y que use el baño? —Cabeceé hacia la puerta.
Él negó.
La adrenalina del momento empezaba a transformarse en otra cosa: preocupación.
No por él, sino porque seguía con el runrún de quién había detrás del saqueo de información.
Una vez recuperé la decencia y mis neuronas volvieron a la vida después del sexo, pude enfrentarme a él y hablar.
—¿Y bien? —insistió.
—Mi app .
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Qué pasa con ella?
—Alguien está entrando y extrayendo datos que no deberían salir de ahí.
—Entrando, ¿cómo? ¿Acceso remoto, credenciales robadas o alguien dentro del sistema?
—No solo tú lograste stalkearme , hay otra persona pululando a sus anchas como si tuviera las llaves de administrador.
Valentino se quedó completamente quieto.
—¿Estás segura?
—Lo suficiente como para preocuparme.
Caminé un par de pasos por la sala, intentando ordenar mis ideas.
—Hay accesos que no reconozco. Logs modificados. Archivos abiertos a horas imposibles...
—¿Datos de los jugadores?
—Entre otras cosas.
Valentino soltó un insulto en voz baja.
—¿Sospechas de alguien?
—Sí.
Me miró.
—¿Quién? ¿Grayson?
—¡No! Vives obsesionado con él. Vivian —musité con la boca pequeña.
Una ceja suya se levantó.
—¿Y por qué querría Vivian eso? Se ocupa de la comunicación, es la hija de Jerry.
—Y se acuesta con su cuñado, el exludópata.
Valentino parpadeó incrédulo.
—¡¿Qué?!
—Los pillé el otro día, cuando entré en su despacho a investigar.
—Parks…
«No me mires así».
—Lo sé, lo que encontré no fue exactamente lo que esperaba, creía que los había pillado, pero lo que pillé fue un polvo y una caída al seto… Y una imagen espeluznante que mejor no te cuento…
Valentino cruzó los brazos.
—Esto se está poniendo interesante.
—Elliot Joneson vestido de DCC e improvisando una coreografía no tiene nada de interesante, más bien vomitivo.
Creo que incluso lo vi bizquear antes de soltar una carcajada, seguido de una risa incrédula.
—Eso sí que no lo tenía en mi bingo de hoy.
—Ya, bueno, la realidad siempre supera a la ficción.
—¿Y crees que eso tiene que ver con tu app ?
—¿Lo de Elliot? Lo dudo.
—Me refiero a Vivian y Stephen.
—No lo sé, todo apuntaba a que sí. Ella fue la que me instó a que revisaran mis equipos después de tu hackeo para mi presentación.
Él se rascó la nuca.
—Lo que es evidente es que alguien está intentando acceder a información que no debería tener.
Valentino me observaba en ese momento con una expresión completamente distinta.
Concentrado, calculando, y eso me gustaba más que cualquier cosa… Quién hubiera dicho que el quarterback tendría un precioso cerebro analítico…
—¿Por qué me miras como si no te acabara de follar y quedara partido por delante?
—Quizá lo haya…
Eso lo hizo sonreír. Me atrajo hacia él y me besó con hambre.
—Tengo una idea —murmuró.
—¿Incluye una cama?
—Joder, Parks, si sé que encerrarte conmigo en la sala de juntas de los Joneson y tomar este precioso culo tuyo iba a tener este final —lo amasó—, lo hubiera hecho antes…
—Céntrate. Si no era sexo, ¿cuál era tu idea?
—La clase de idea que necesita ordenadores, pero a la cama iremos después…
—Valentino…
—Tengo todo lo que necesitamos en mi ático: un hardware que haría llorar de envidia a medio Silicon Valley —me besó—, programas de la hostia —volvió a besarme—, una habilidad pasmosa para la informática —otro más.
A esas alturas, casi no podía pensar; se acercó a mi oído— y una cantidad indecente de condones para follarte.
Una sonrisa peligrosa apareció en su cara, una que definitivamente borré con mi lengua.
En ese punto, negar que me gustaba muchísimo era una gilipollez.
«Madre mía».
—Naomi —añadió más serio—, si alguien está intentando jodernos…, vamos a averiguar quién es antes de que vuelva a intentarlo… Necesito que me des un voto de confianza.
Lo observé un segundo. Dos. Tres. Y supe que era la decisión correcta.
Acaricié su nuca.
—Está bien, hagámoslo.
Gruñó y me hizo girar entre sus brazos.
—Bien.
—Pero debemos ir con cuidado.
—Lo dice la misma que me ha pedido que fuera más duro cuando me colaba en su culo.
Mis mejillas enrojecieron.
—No es lo mismo.
—No, no lo es. Tranquila, te garantizo que soy tremendamente bueno. —«Y lo estás»—. Vamos a mi ático.
Lo seguí hacia la puerta.
Entre una aplicación hackeada , un quarterback peligrosamente inteligente y el recuerdo de lo que acabábamos de hacer en la mesa de juntas…, solo podía pensar una cosa:
Que alguien debería haberme advertido de que el lado oscuro tenía tan buenos argumentos.