CAPÍTULO 63
Naomi
No recuerdo haber llegado al ascensor.
Me acuerdo del portazo, la música del ático explotándome en los oídos y mis pasos atravesando el pasillo como si alguien hubiera activado el modo huida en mi cerebro.
Hiperimpulsor. Escape pod . Cualquier cosa que me sacara de allí.
—¡Naomi!
La voz de Camila. Luego Avery. Sienna también se unió.
No me giré.
El ascensor se abrió justo cuando llegué y me metí dentro, como si aquello fuera una cápsula de evacuación rumbo a otra galaxia. Las tres entraron detrás antes de que las puertas se cerraran.
Nadie habló. El silencio del descenso me aplastaba el pecho.
Las lágrimas me caían por la cara sin pedir permiso. Calientes, ridículas, traicioneras.
Val Daver, Valentino Dalton. El juego de palabras era sumamente burdo. La evidencia había estado ahí, delante de mis narices todo el tiempo.
«Genial, Parks».
«Has tardado justo dos semanas en convertir tu vida en un episodio perdido de Black Mirror dirigido por George Lucas».
Cuando las puertas se abrieron en el vestíbulo, caminé directa hacia la calle.
El aire frío de noviembre me golpeó la cara y, entonces, mi estómago dijo hasta aquí.
Me doblé sobre un seto decorativo y vomité.
—Joder… —murmuró Camila.
Avery me apartó el pelo de la cara mientras Sienna me sujetaba por los hombros.
—Respira —susurró mi mejor amiga—. Tranquila.
—No puedo…
Otra arcada.
El ácido me quemaba la garganta y las lágrimas seguían cayendo como si alguien hubiera abierto un grifo dentro de mí.
Cuando terminé, me quedé inclinada unos segundos más, respirando como después de una final.
Solo que peor, mucho peor.
Camila me pasó un pañuelo.
—Toma.
Me limpié la boca con manos temblorosas.
—Es un gilipollas —logré decir—. Y yo más.
Las tres se quedaron mirándome.
Avery fue la primera en reaccionar.
—¿Qué ha pasado ahí arriba?
Solté una risa miserable.
—Tu hermano es un puto enfermo, eso es lo que ha pasado.
—Bueno —intervino Camila—, eso ya lo sabíamos. El tío es básicamente testosterona con piernas…, pero si lo que te ha pasado es que te ha hecho una garganta profunda sorpresa y se ha corrido sin avisar, debo decir en su defensa que…
—Hace porno por internet.
Las tres se quedaron congeladas.
—¿Qué? —dijeron a la vez.
—No exactamente porno —murmuré.
Camila parpadeó.
—Explícate, porque acabamos de pasar de fiesta universitaria a Su Polla Contraataca en dos frases.
Me pasé las manos por la cara.
—Hace directos subidos de tono… con máscara…, modulador de voz…, toda la estética rollo lord sith misterioso.
Camila abrió mucho los ojos.
—No me jodas, ¿por qué no me cuentas esas cosas en lugar de tus idas de olla sobre variables?
Tragué saliva.
—Y yo era una de sus seguidoras…
Decirlo en voz alta fue como recibir una bofetada.
«Enhorabuena, Naomi. No solo fuiste una salida, también perdiste la virginidad con Val Daver y te convertiste en su fan».
Camila ladeó la cabeza.
—Vale…, pregunta importante. —Se inclinó hacia mí—. ¿Te enseñó el rabo?
Avery y Sienna seguían en estado catatónico.
—Sí.
—¿Y a más gente?
—No…, creo que solo a mí.
Camila se quedó pensativa.
—Vale…, eso cambia el diagnóstico a juegos oscuros, divertidos, consensuados…
—No lo cambia —murmuré—. Solo lo hace más raro.
Sienna cruzó los brazos.
—Internet lo carga el diablo.
Las tres la miramos.
Porque todos recordábamos a la perfección su vídeo.
La humillación, la rabia…
—No compares —dije más bajo—. Lo tuyo fue sin consentimiento. Lo de él… fue distinto...
—No lo hago —respondió con calma—. Solo digo que cuando mezclas anonimato, cámaras y tíos con ego de supervillano… suele acabar mal. ¿Sabes si te grabó?
Me dejé caer en el bordillo. No lo sabía, no lo había preguntado. No veía a Valentino capaz de algo así, aunque en ese momento ya no estaba segura de nada. Mi imagen circulando por redes me revolvió de nuevo las tripas.
Sentía el cuerpo vacío.
Camila se sentó a mi lado.
—Vale. Empieza por el principio, porque ahora mismo tenemos más agujeros que mi último maillot.
—El principio es que es un capullo y un mentiroso. —Miré al suelo—. Y un friki de Star Wars .
Avery suspiró.
—Y un manipulador.
Se inclinó hacia mí.
—¿Qué te ha hecho exactamente mi hermano?
Su tono cambió. Más serio y protector, como cuando era mi capitana.
—Porque como sea algo grave, juro que lo estrangulo yo misma.
Camila me apretó la mano.
—Naomi…, somos nosotras, confía.
Avery asintió.
—Habla.
Tragué saliva y miré a mi mejor amiga, porque ni Avery ni Sienna sabían nada de aquel episodio.
—¿Recuerdas al tío de la máscara? El de la fiesta +18.
Ella se inclinó hacia delante.
—¿El de tu primera vez?
Asentí.
Las tres esperaron.
—Era él.
Silencio total. Camila abrió los ojos.
—¿Dalton?
Moví la cabeza de manera afirmativa otra vez.
—Nos escuchó en la tienda friki… Compró un disfraz…, se presentó en la fiesta… y se aseguró de que nadie supiera quién era, ni siquiera yo.
—¿Puedes explicarte mejor? —pidió Avery.
Y lo hice, les di los datos que les faltaban a todas para completar.
Camila soltó una carcajada incrédula.
—¿Te hace gracia? —gruñí.
—No —dijo, levantando las manos—. Bueno…, solo un poco. Joder, es que no hacía a Valentino tan psicópata ni tan territorial.
—Camila…
—Vale, vale. —Respiró hondo—. Sigue.
—Quiero que os quede claro que no me dijo que era él, aunque sí preguntó en un par de ocasiones si no me apetecía saber a quién me iba a tirar… Pero yo pensaba que era un desconocido, así que prefería no saberlo… —Tragué con dificultad—. Y acabamos…
—Follando en un cuarto oscuro —terminó por mí.
Sienna negó con la cabeza.
—Menuda joya. Stalkeador , egoísta y cabrón. —Luego miró a Avery—. Sin ofender.
—Ninguna ofensa. —Suspiró—. Suena bastante a mi hermano.
Bajé la mirada.
—Lo peor de todo es que siempre supo que era yo. La de la fiesta y la de las redes.
Sentí otro nudo en la garganta.
—Cuando vio mi nombre empezó a investigar. Tampoco es que yo fuera muy creativa, fui disfrazada de Rey y mi apodo era Rey_Parks03.
Avery exhaló con lentitud.
—Mi padre lo va a matar…
—Es un enfermo —dijo Sienna—. Necesita tratamiento…
—Es un quarterback multimillonario con casco, doble vida y fetiche nerd —añadió Camila—. No sé si eso lo empeora o lo vuelve más interesante. Muchas querrían ser tú, te lo garantizo.
La fulminé con la mirada.
—Es un gilipollas.
—Eso también.
Me limpié las lágrimas con la manga.
—No quiero volver a verlo en mi vida, ha jugado conmigo de la peor manera posible.
Camila hizo una mueca.
—Bueno…
—¿Qué?
—Trabajáis en la misma empresa.
La miré.
—Gracias por el recordatorio.
—Lo siento.
—No lo sientes.
—No demasiado, a ver, yo lo tuve claro desde el principio: a Valentino le has gustado siempre…
Sienna sacudió la cabeza.
—Esto no es una romcom , más bien un dark romance . Dalton está pirado. Hay cosas que una chica no debería tolerar.
—Tú tampoco eres un gran ejemplo —saltó Camila en mi defensa—. Tu relación con Hayes tenía nivel toxicidad radioactiva, ¿o debo recordarte que te persiguió hasta un centro de salud mental?
Sienna bufó.
—Eso fue diferente.
—Claro. Porque eras tú y tendemos a juzgar a los demás desde un punto de vista cómodo. A todas nos han pasado cosas y ninguna hemos tenido una relación perfecta. Podríamos ser un poco más empáticas y relativizar…
Mientras ellas se enzarzaban, Avery se agachó delante de mí y apoyó las manos en mis hombros.
—Lo siento muchísimo. Mi hermano, a veces, puede no tomar las mejores decisiones del mundo. No lo estoy excusando, solo quiero que sepas que dudo que te grabara y eso…
Su voz era sincera.
Apoyé la cara contra su mano y cerré los ojos.
—Más lo siento yo.
Ella se quedó en silencio, porque el problema no era la máscara. Ni las mentiras ni el puto cuarto secreto.
El problema era otro, que al final todo se reducía a algo muy simple.
Valentino Dalton me había mentido, me había manipulado de todas las formas posibles y, aun así, consiguió algo que ningún otro chico había logrado.
Que me gustara de verdad, y eso convertía toda la historia en algo todavía más patético.
Porque cuando te rompe el corazón un imbécil…, siempre puedes odiarlo.
Pero cuando te rompe el corazón un imbécil, que además te encanta…, la única persona a la que puedes odiar es a ti misma.