Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 62
73%

CAPÍTULO 62

Naomi

No entendía absolutamente nada de lo que estaba viendo.

Era como si hubiese atravesado un portal a otra galaxia y hubiera aterrizado en un decorado del Show de Truman , solo que, en lugar de cámaras ocultas, había un auténtico arsenal informático ocupando medio ático de Valentino Dalton.

Pantallas encendidas, cables, ordenadores, un croma enorme que parecía listo para retransmitir el apocalipsis en directo…

y Mason Fitzroy plantado en medio de todo aquello con una máscara de Darth Vader puesta.

Parpadeé varias veces, intentando que mi cerebro procesara la escena sin estallar.

—¡¿Qué narices es esto?!

Nadie respondió de inmediato. Valentino estaba delante de mí, completamente rígido, como si alguien hubiese pulsado pausa en mitad de una película, mientras Thiago observaba la habitación con curiosidad y Mason parecía encantado de haberse tropezado con lo que, con total claridad, era el escondite secreto de alguien.

—Antes de que nadie saque conclusiones —anunció Mason, levantando una mano—, quiero dejar claro que nosotros solo estábamos besándonos en el pasillo y la puerta se ha abierto sola.

—No se abrió sola —gruñó Valentino—. Tiene un cartel que dice «no pasar».

—Bueno, técnicamente, una mano tropezó con la manija —concedió Mason, encogiéndose de hombros—, pero eso no cambia el hecho de que ahora estamos aquí dentro y esto parece la base de operaciones de tu padre, el general intergaláctico.

Yo apenas lo escuchaba. Mi atención se había quedado atrapada en la habitación, recorriendo cada rincón, como si mi mente intentara reconstruir un puzle invisible.

Aquello no era una simple sala de ocio ni el capricho tecnológico de un quarterback millonario.

Era algo mucho más elaborado, más… calculado.

Di un paso más dentro sin darme cuenta, porque el pulso me iba a mil.

—Valentino… —murmuré.

No respondió, tenía los puños apretados y, por primera vez, parecía no saber qué decir.

La ausencia de respuesta me produjo un escalofrío extraño y una alarma silenciosa se encendió en algún rincón de mi cabeza, tratando de entender lo que estaba ocurriendo.

—¿Qué es todo esto? —pregunté más para mí que para él.

Entonces, mi mirada se detuvo en el lateral de la habitación y lo vi, el traje. La capa, los guantes, los pantalones… Todo colgado con cuidado, como si alguien lo utilizara con frecuencia.

Mi estómago dio un vuelco pequeño pero muy real, a continuación, vi a Mason quitándose el casco y todo se reordenó sin previo aviso.

«No. Imposible, no puede ser…».

Mi mente se puso a trabajar sola, repasando recuerdos a toda velocidad.

La voz modulada, las órdenes, las conversaciones, las bromas sobre el lado oscuro…

, y Mason, ajeno a la tormenta neuronal que acababa de desatar en mi cabeza, dejó la máscara sobre la mesa, el gesto empujó ligeramente el ratón y la pantalla del ordenador se iluminó.

Todos miramos hacia allí al mismo tiempo.

Las letras aparecieron despacio sobre el fondo oscuro.

Sentí como algo dentro de mi cabeza encajaba con un clic seco.

La máscara. El traje. La voz. Las malditas conversaciones.

Mi respiración se volvió irregular mientras levantaba la vista, entretejiendo los puntos que tenía delante: el casco, la ropa… y, finalmente: Valentino.

—No…

Mi voz salió apenas como un susurro.

Dio un paso hacia mí.

—No.

Otro más. Parecía que mis pies no querían moverse ni yo asumir lo que estaba viendo.

—No, no, no.

Lo señalé con el dedo, sintiendo cómo la sangre me martilleaba en las sienes.

—Tú. ¡Has sido tú todo este maldito tiempo!

Mason miró entre nosotros con expresión fascinada.

—Vale…, esto se está poniendo interesante.

—¡Cállate, Fitzroy! —espetó Valentino, extendiendo las manos para alcanzarme.

No aparté los ojos de él, no podía.

—¡Tú eres el maldito lord Oscuro! ¡Joder!

El silencio que siguió fue tan denso que parecía que alguien hubiera apagado el sonido del mundo.

Y, entonces, lo vi en su cara, la desesperación de alguien que había sido descubierto.

No necesitaba que hablara, ya lo sabía.

—… ¡Hijo de puta!

Valentino no respondió enseguida. Lo único que hizo fue pasar una mano por su nuca, ese gesto suyo que siempre aparecía cuando estaba incómodo o cuando se daba cuenta de que había metido la pata hasta el fondo.

—Naomi…

—No —lo corté.

Mi voz salió temblorosa, pero no di un paso atrás.

—Ni se te ocurra darme una mierda de excusa.

—Déjame explicarlo.

—¡¿Explicarlo?! ¿En serio piensas que esto tiene una explicación, maldito psicópata?

—La risa que se me escapó fue corta y amarga—.

¿Qué vas a explicarme? ¿Que llevas meses hablando conmigo escondido detrás de una máscara, desnudándome no solo por fuera, sino también por dentro?

¿Para qué? ¿Para joderme? ¿Para manipularme? ¿Para sacar ventaja? ¡Dios!

Thiago carraspeó.

—Vale… Mase, quizá deberíamos…

Valentino ni los miró.

—Largaos.

—Ahora que empezaba lo mejor… Aguafiestas —dijo Mase mientras Cruz tiraba de él hacia el pasillo.

Mason aún se giró un segundo.

—Ahora me quedo con ganas de saber qué reproducías en el croma.

—¡FUERA! —espetó.

Y, de pronto, solo quedamos Valentino y yo; el zumbido de los ordenadores y la música lejana llenaron el silencio.

Me crucé de brazos para evitar que viera cómo me temblaban.

—Empieza, porque de alguna manera absurda, y que ni yo misma entiendo, necesito oírtelo decir.

Valentino respiró hondo.

—No fue como crees.

Solté otra risa.

—Ah, ¿no?

—No te manipulé.

—¿No? —Señalé la habitación—. Entonces, explícame qué demonios es todo esto.

—Al principio era… trabajo.

—Trabajo… Poner a un puñado de tías cachondas…

—Sí, sabes perfectamente que a mí me becaron y lo vi un modo fácil de obtener dinero y no pedírselo a mi padre. No todos tenemos una familia capaz de costear todas nuestras necesidades.

—Puedo no compartirlo, pero sí entender que…, bueno, que te convirtieras en fantasía para muchas, pero…

Negué con la cabeza, sintiendo cómo la rabia empezaba a mezclarse con algo peor. Humillación.

—Me toqué delante de ti, te conté cosas…

No respondió. Mi voz bajó.

—Cosas personales.

Tragué saliva.

—Cosas que no le había contado a nadie.

Valentino me miró con algo que no supe identificar.

—Lo sé.

—¡Claro que lo sabes! Mientras yo jadeaba, me abría de piernas y encima te soltaba mis mierdas, tú sabías quién era. —Mi voz subió de golpe—. ¿Desde cuándo? ¿Cuándo supiste que era yo?

No respondió.

Sentí que algo dentro de mi pecho se rompía un poco más.

—¡Habla! —rugí, aunque, al ver su expresión, me quedó cristalino—. Siempre supiste que era yo.

—No siempre, al principio solo lo sospeché.

—¿Cuándo?

—Cuando vi tu nombre.

—¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué hiciste?

—Va a sonar muy mal…

—¡Merezco una puta explicación!

—Asocié e investigué, soy bueno con los ordenadores.

—No me digas —comenté, echando un vistazo a mi alrededor…—. No has respondido.

—Naomi…

—¡Hazlo! ¿No tienes tantos cojones en el campo? ¡¿Qué pasa?! ¿Ahora conmigo solo eres valiente detrás de una máscara? ¡Responde!

Se quedó callado y luego empezó a hablar.

—Os escuché por accidente a ti y a Camila, en esa tienda, aquel día en que te convertiste en Rey y fuiste a aquella fiesta…

Cada palabra que pronunciaba eran nuevas piezas que encajaban….

—No podía permitir que un tarado… Que tú… ¡Mierda, Naomi! Solo quería protegerte.

Mi garganta se cerró al máximo y todo cobró forma, estallando.

—Fuiste tú… Tú me llevaste al cuarto oscuro y…

El aire se tensó.

—Naomi… Sé que ese día no hice las cosas bien.

—¡¿Las has hecho alguna vez?!

Lo señalé. Mi corazón empezó a latir más fuerte, lo escuchaba rebotar en las paredes, roto en mil pedazos.

—Te pregunté varias veces si estabas segura.

—¡Sin decirme quién eras!

—Lo hice a mi manera, te pregunté si no querías saber quién había bajo el casco —se excusó.

—¡Porque no pensaba que fueras a ser tú!

—Quería protegerte…

—¿De quién? Porque, ahora mismo, lo único que siento es que debiste protegerme de ti. Tendrías que haber sido honesto.

Nos quedamos mirándonos.

—No soportaba la idea de que otro tío te tocara, de que tu primera vez fuera con un desconsiderado que…

Y esta vez dolió.

—Ah, encima debo darte las gracias… Qué romántico.

Valentino dio un paso hacia mí.

—Nunca me has visto con buenos ojos y, de algún modo que no entendía, me gustabas, aunque me hicieras sangrar en nuestro primer beso.

—¡Mentira! Lo que no soportabas era la idea de que una maldita friki pasara de ti y me hiciste entregarte lo que no quería darte.

—Naomi…

Sentí las lágrimas subir sin permiso.

—Me quitaste la opción de decidir, y no contento con eso… Me has arrebatado muchas más cosas que se resumen en dos palabras: confianza y dignidad.

—No.

—¡Sí!

—Naomi…

Estaba descompuesto, aunque no tanto como yo.

—Primero me follaste con una máscara. —Mi voz se quebró—. Y luego me manipulaste durante meses desde una cuenta secreta, me hiciste hacer cosas que…

Valentino parecía devastado.

—Nunca me reí de ti.

—¡Claro que sí!

—No.

—Entonces, ¿qué era?

—Intentaba llegar a ti. Asumo que no de la mejor manera, pero es que eres muy difícil, joder.

—Pues elegiste el peor camino.

Lo miré con todo el dolor concentrado en el pecho.

—Puede que hayas llegado a marcarme un par de touchdowns , Dalton…

Respiré hondo.

—Pero has perdido el partido, la liga, mi respeto y mi corazón, si es que en algún momento te importó.

Me di la vuelta, abrí la puerta y él volvió a alargar las manos. No permití que me tocara.

—Naomi, espera.

—No.

—Escúchame.

—Ya he oído suficiente.

—Parks…

Me giré un segundo.

—No vuelvas a llamarme así, ni así ni de ningún modo. Estás muerto para mí.

Y salí dando un portazo, dejando dentro cualquier emoción que hubiera despertado en mí.