Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 61
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CAPÍTULO 61

Valentino

La victoria contra los Seahawks no había sido bonita, había sido mejor.

De esas que se ganaban con los dientes apretados, con el estadio rugiendo como si alguien hubiera abierto la puerta del infierno y la defensa rival intentando arrancarme la cabeza en cada snap .

Victoria trabajada y, joder…, cómo me gustaban esas, porque eran de las que hablaban de tu calidad frente a los medios.

Salí del campo con la adrenalina todavía corriendo por las venas mientras los cámaras nos perseguían, las DCC agitaban sus pompones y los fans gritaban desde las gradas.

El casco bajo el brazo, el uniforme pegado al cuerpo por el sudor y esa sensación brutal de haber hecho justo lo que tenía que hacer.

Era el puto QB1, ese día lo había sido de verdad. Ojalá papá me hubiera visto jugar, aunque quienes sí lo habían hecho eran mis amigos y Parks. La vi asentir varias veces desde la banda con las mejillas encendidas.

Estaba más guapa que ningún día, y ambos sabíamos por qué.

Sonreí al recordar lo ocurrido la noche anterior.

Whitaker pasó por mi lado. Había jugado algunos snaps , sí, pero el partido había sido mío.

Después vino lo de siempre. Celebración de vestuario, ducha, masaje, hielo…

El fisio diciéndome que cuidara el hombro como si fuera una reliquia y me lo asegurara por unos cuantos millones.

En cuanto atravesé la puerta, vino el aluvión de periodistas.

—Valentino, ¿cómo valoras la presión de Seattle en el último cuarto?

—Como un abrazo cariñoso de tres tíos de ciento veinte kilos.

Risas, flashes , más preguntas, hasta que por fin se evaporaron.

Entonces, sentí algo peligroso en el pecho: euforia. No solo por el partido.

Porque no podía dejar de poner en bucle la noche anterior. Había sido… Joder.

Todavía no tenía palabras para definir la entrega de Naomi, y aunque me hubiera costado cargarla al hombro, al final fue ella quien decidió acostarse conmigo. Conmigo sabiendo que era yo.

No el tío detrás de un casco, el de la voz modulada. No Val Daver.

Yo. El puto Valentino Dalton.

Y no solo eso, había dejado tirado a Grayson Joneson como si fuera un extra de fondo en una película mala.

«Sí…, definitivamente, hoy es un buen día para estar vivo».

Naomi estaba al final del pasillo de las instalaciones hablando con un miembro del staff , el pelo recogido, la tablet bajo el brazo y esa expresión concentrada que siempre tenía cuando trabajaba.

Cuando me vio acercarme, levantó una ceja.

—Dalton.

Sonreí.

—¿Tienes un momento, Parks? Necesito decirte algo.

El miembro del staff se apartó, y antes de que Naomi pudiera contestar, agarré su mano y la arrastré hasta una sala de fisio vacía.

Cerré la puerta y la besé a lo bestia.

Como si llevara una semana sin oxígeno.

La subí sobre la camilla y ella soltó una risa mientras me golpeaba el pecho.

—Estás loco.

—Confirmado.

—Valentino…

—¿Sí?

—No podemos hacer esto aquí —susurró—. Nos van a pillar.

La miré ardiendo.

—¿Y?

Su sonrisa se volvió peligrosa. La mordí. Ella me agarró del cuello, separó los muslos y yo me encajé justo donde quería estar.

Lamí la vena que ya palpitaba, igual que mi entrepierna.

Subí hasta su oído.

—Desde anoche y esta mañana no he podido pensar en otra cosa que en volver aquí —murmuré, empujando contra su calor—. Dime que tú tampoco.

Naomi dudó medio segundo.

—Sabes que sí —admitió, cruzando las piernas para frenarme—, pero no es adecuado.

—Adecuado es que no me separen de ti. —Sus dedos tiraron de mi pelo—. Hoy te quedas a dormir en el ático.

Le guiñé un ojo.

—¿Dormir?

—Iba a decir follar…, pero dormir suena más presentable.

Se rio.

—Ya veremos, Dalton.

—Dirás «ya jadearemos», a ver si aprendes a conjugar bien los tiempos verbales.

Me besó otra vez y luego me obligó a bajarla.

—Tengo que salir antes de que Vivian nos pille.

Gruñí.

—Odio a esa mujer.

—Los Joneson te pagan la nómina.

—Voy a buscarle un novio. A ver si así deja de intentar emparejarte con su hermanísimo.

—No voy a liarme con Grayson.

—Más te vale, jedi . A ese tío le huele el lado oscuro desde aquí…, y no hablo del ojete.

—Idiota.

La besé otra vez y la dejé marchar.

Cuando salió, me quedé apoyado contra la pared con una sonrisa de imbécil.

Joder, la noche prometía y por primera vez pensé que lo mío con Naomi podía funcionar.

Salí silbando.

El núcleo duro del equipo estaba esperando cerca de los coches.

Ty levantó una cerveza.

—¡QB1!

—No grites o me devuelven a la sala de prensa.

Marcus me dio un golpe en el hombro.

—Hoy toca celebrarlo.

—¿Celibato? ¿Tú?

—He dicho… —Cuando vio mi sonrisa, negó—. ¡Capullo!

—Hoy no puedo, lo siento —me disculpé.

Silencio.

Devin me miró con sospecha.

—Eso suena a sexo.

«No te haces una idea».

—Mis amigos vuelven esta noche a Los Ángeles —expliqué—. Voy a quedarme con ellos en el ático.

Ty se encogió de hombros.

—Pues nos apuntamos.

—No habrá conejitas. Mis amigas y mi hermana están emparejadas… y vetadas.

—Tiramos de agenda —dijo el capitán—. Yo me ocupo.

El resto asintió.

Perfecto, lo que necesitaba. Una fiesta con el núcleo duro del vestuario, mis amigos de la uni, mi hermana… y Parks.

—Vamos, Dalton…, no puedes negarte, tienes el ático de Carter, nuestro picadero oficial. Un gran piso conlleva una gran responsabilidad. —Ty golpeó mi hombro.

—Está bien —cedí.

Marcus sonrió.

—¡Viva nuestro proveedor de camas… y condones!

Suspiré.

—Estáis invitados, pero nadie folla en mi cuarto.

—¡Oído! —proclamaron, metiéndose en sus deportivos.

Cuando llegué a casa, la fiesta ya estaba montada.

Música, cerveza, risas.

—Pero ¿de dónde han salido tantas conejitas? —Bufé.

Nadie respondió.

Algunas ya estaban en bikini con la promesa de jacuzzi .

Ty y EJ charlaban con Landon, Sienna y Thiago como si se conocieran de toda la vida.

Jace y Marcus chupaban sal y limón sobre los pechos de dos chicas.

—¡QB1! —gritó Devin desde la cocina.

—Deja de llamarme así o empiezo a cobrarte.

Mason apareció con dos cervezas.

—¿Sabes que tienes unos amigos muy hedonistas?

—Lo dice el rey de las bacanales.

—Exacto, me caen bien.

La fiesta fue subiendo: más volumen, más alcohol, más caos. Todavía quedaba una hora y media para que tuvieran que irse al aeropuerto.

En algún momento perdí de vista a media casa.

Avery se acercó a mí.

—Como la líes con Naomi te la cargas…

Jaxon la arrastró por la cintura y me guiñó un ojo con un «Yo me ocupo».

Parks aún no había llegado y estaba deseando verla.

Desde luego que no quería liarla, a no ser que fuera en mi cama.

Me había escrito un mensaje rápido. Vivian y Harlow la tenían atrapada, pero cogía unas cosas en el hotel para pasar la noche y venía.

Eso me hizo burbujear el pecho, aunque dudaba de que fuera a necesitarlas.

🏈📱🏈📱🏈

Mason

El ático parecía una mezcla entre after universitario y documental de National Geographic sobre rituales de apareamiento.

Sonaba JLO a todo volumen, la gente bailaba como si el suelo estuviera en llamas y Camila trataba de enseñarle a EJ a mover las caderas sin parecer un robot averiado.

Yo, mientras tanto, llevaba el punto exacto de cerveza que me convertía en una persona peligrosa, que en mi caso significaba básicamente dos cosas:

Uno, hablar más de la cuenta.

Y dos, tener muchas ganas de follar.

Miré a Thiago, que ya me estaba analizando y sabía con exactitud lo que me pasaba.

Luego desvié la vista a Camila y volví a mirar a nuestro chico.

—No quiero interrumpirla porque se lo está pasando bien…, pero necesito…

—Sé lo que necesitas.

Fuimos dando tumbos y besándonos a lo largo del pasillo que llevaba a las habitaciones.

Thiago me dio la vuelta y apoyé el pecho contra la pared mientras él se rozaba contra mi culo.

—Te juro que, si vuelves a mover las caderas así, voy a cometer un crimen.

—¿Un crimen?

—Sí. Y tú vas a ser la escena del delito.

Me di la vuelta, lo agarré por la camiseta y cambié las tornas para saquear sus labios húmedos.

Thi respondió al instante, agarrándome por la nuca y, joder…, ese hombre besaba como si hubiera entrenado para ello.

—Vale —murmuré contra su boca—. Esto se está poniendo serio. Quiero enterrarme en ti.

—Eso ya lo querías antes.

—Culpa tuya por estar tan bueno.

Lo empujé un poco más contra la pared y tropezamos con el marco de madera.

Mi mano cayó sobre el pomo por accidente.

La puerta se abrió y nos vimos dentro sin esperarlo.

—¡Hostia…!

Nos quedamos quietos, muy quietos.

Porque aquello parecía salido de Star Trek… o de Matrix . Desde luego, no pegaba nada con Valentino Dalton.

Pantallas. Muchas pantallas, ordenadores, cables, un croma enorme…

La mesa parecía sacada de un laboratorio de la NASA, y al lado del teclado con leds, una máscara negra muy representativa.

Parpadeé.

—¿Qué… cojones…?

Thiago inclinó la cabeza.

—Esto parece la base secreta de un villano. ¿Crees que todo esto era de Levi Carter?

Dudé unos segundos.

—Más bien parece el set de un streamer … o de un hacker .

Thiago me miró.

—Creo que hemos atravesado la puerta con el cartel de «no pasar».

—Bueno…, ya que estamos dentro, quizá podríamos jugar.

Cogí la máscara y me la puse.

Tenía un botón, lo apreté.

Mi respiración salió por el modulador. Reí y después hablé, mirando a Thiago.

—No soy tu padre…

Se echó a reír.

—Menos mal, o habríamos cometido incesto demasiadas veces. Te queda bien. Deberías pedirle a Valentino que te la dé.

—Estoy considerándolo seriamente… —Me puse en el papel—. De rodillas y abre la boca, voy a meterte todo mi sable láser.

—¿Qué narices estáis haciendo?

La voz de Valentino sonó detrás de nosotros como un látigo.

Nos giramos.

Dalton nos miraba como si estuviera a punto de lanzarnos por la terraza.

—¿A vosotros qué os pasa? ¿No sois capaces de respetar la intimidad de las personas? ¡Solo os puse un límite, y era no entrar en este cuarto!

Levanté la máscara.

—Tampoco ha sido para tanto…

—¡Quítate eso ahora mismo!

Iba a hacerlo cuando una segunda voz nos atravesó a los tres.