Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 60 #2
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CAPÍTULO 60 #2

Hundió el dedo hasta el fondo y comenzó un ataque demoledor que me hizo temblar de cabeza a pies.

Era incapaz de dejar de jadear, de perderme en aquellos pozos azules que me reclamaban.

Entró un segundo dedo y siguió dilatándome hasta que no pude soportarlo más, rodeando su cara con mis muslos, suplicando.

—Valentino…

No hizo falta más para que me bajara la prenda interior, se quitara la camisa y se desprendiera con una facilidad pasmosa de toda su ropa, y cuando decía toda, era toda.

Tragué con fuerza al ver el tamaño de lo que las marcas de calzoncillos se rifaban. Se me hizo la boca agua. El marketing no le hacía justicia.

—Ven aquí.

Extendió su mano e hizo que me pusiera en pie para bajar los tirantes de mi vestido, exponiendo mis pechos.

Se llevó uno a la boca y succionó.

El tejido cayó pesado al suelo.

Fui quitándome las horquillas para notar el pelo en mi espalda.

—Eres preciosa y perfecta.

Dio un paso atrás para mirarme, estaba tan desnuda como él y en lo único que podía fijarme era en la veneración con la que me observaba.

Lo estaba diciendo en serio, a Valentino Dalton le gustaba lo que estaba viendo…

—Tú también.

—Mmm, ¿precioso y perfecto?

—Sí.

—Vale, me gusta, ven aquí.

Me tomó de la mano y me llevó a la cama con él, no sin antes coger algo de su cartera.

Era un condón que no tardó en colocarse mientras se tumbaba.

No dejaba de admirar lo guapo que era y lo bueno que estaba. Sí, llamadme superficial, pero es que ese hombre era arte en movimiento.

—Ahora la mejor parte… Ven aquí, mi reina.

Que usara aquel apelativo me hizo soltar una exhalación.

Él estrechó la mirada.

—¿Qué ocurre?

«No la líes otra vez, Naomi», me reñí.

—Nada… Es solo que yo no estoy muy segura de…

No hizo falta más. Sonrió, y en lugar de colocarme sobre él, volvió a besarme, a explorar el cuerpo con sus manos callosas y dejar que yo hiciera lo mismo con el suyo, llevándome de nuevo a un pico de excitación que concluyó con él sentado, apoyando la espalda contra el cabecero y conmigo a horcajadas.

Besándolo, frotándome directamente contra su erección, dejándome casi sin aire.

—Así, toma el control…

Cada vez estaba más cachonda, más necesitada, me encontraba muy cerca del orgasmo, solo que lo quería dentro, enterrado en mí. No había hecho un solo amago de penetrarme y estaba convencida de que era porque me estaba dando mi tiempo, mi espacio.

Ya no quería más espacio entre nosotros.

Succioné su labio inferior, bajé la mano por su torso y cogí el grueso tallo para buscar el maldito lugar al que pertenecía.

—Despacio… —gruñó al notar que alzaba el trasero para colocar el glande en la abertura y dejarme caer.

Entró casi a la primera, estaba muy lubricada y deseosa de tenerlo dentro.

Sus manos se afianzaron en mi cintura para ayudarme.

—Joder, Naomi… Despacio o me corro.

Su confesión me hizo ganar confianza.

Era una postura muy íntima. Mis pechos se rozaban contra su pectoral. Mi boca aprovechaba la corta distancia para reclamar la suya.

—Me gustas mucho…

Dije de golpe, sin planearlo.

—Hostia puta.

Grité porque sus manos empujaron mis caderas hacia abajo y se enterró al completo.

—¡Mierda! ¡Perdona! Yo…

Nos quedamos muy quietos.

—Está bien, e-está bien…

—Me he dejado llevar por…

Busqué sus labios con los míos, perdiéndome en el calor y la emoción de tenerlo por primera vez.

Entendí que Valentino era un entusiasta nato y que se había dejado llevar por mi confesión. Él también me había dicho que le gustaba, así que estábamos en tablas.

Una de sus manos se coló entre nosotros y comenzó a masturbarme.

—Deja que te calme…

¿Que me calmara? ¿Estaba de broma?

Lo que estaba haciendo cada vez me excitaba más, y con la otra mano no dejaba que me moviera como deseaba.

—Todavía no, mi reina… Quieta —masculló con un gruñido sordo—. Mírate…

—¿Qué?

—Empapada por mí.

—Valentino…

—Sí. Exacto, Valentino Dalton, recuérdalo.

La cabeza me daba vueltas. Él seguía duro, dentro, y lo que me provocaba me hacía desear subir y bajar como una posesa.

—No quiero… Necesito… necesitooo…

—Sé lo que necesitas. Quieta.

—No puedo…

—Sí puedes.

—Valentino…

—Si te mueves ahora me corro, y no pienso permitirlo.

Todo mi cuerpo vibraba. Hundí mis uñas en sus hombros, mi clítoris no aguantaba.

—Sepárate, apoya las manos en el colchón.

—No puedo, no puedo… no…

—Sí puedes, hazlo.

Que fuera tan mandón estaba atacando todas mis defensas.

No supe como fui capaz de separarme, solo que cuando lo hice, pude ver lo que él miraba, el punto en el que nuestros cuerpos permanecían conectados mientras él me estimulaba.

—Así…

—¿Así?

—Sí. Justo así.

—¿Por qué me miras así?

—Porque voy a recordar esta vista toda mi maldita vida.

Saboreó sus dedos, los mojó y volvió a estimular mi clítoris mientras yo me rompía cada vez más.

—¿Lo ves? Eres jodidamente perfecta para mí, mi maldita reina. Córrete y abandónate a mí.

Fue como si me alcanzara un rayo.

—Eso es…

—Valentino…

—Córrete para mí, Parks. Quiero ver cómo te rompes encima de mí.

El grito me atravesó el pecho, todo el calor concentrado en aquel punto de fusión atravesándome al completo, hasta que él tiró de mí en pleno orgasmo para rugir en mi oído un: «Fóllame, ahora».

No soy muy consciente de lo que hice, pero recuerdo sus jadeos entrecortados. Mi cuerpo subiendo y bajando con violencia, sacudiéndose sobre él, encadenando orgasmos.

O, por lo menos, lo sentí así. Todas las terminaciones nerviosas de nuestra piel conectándose de un modo brutal, hasta sentir su grito atravesando el mío sin que hubiera vuelta atrás.

Después, todo se apagó, y supe que no había podido salvar a Anakin del lado oscuro porque yo misma lo había empujado a él.