Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 59
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CAPÍTULO 59

Valentino

No podía apartar la mirada.

Ni siquiera lo intenté.

Naomi cruzaba la sala del brazo de Grayson Joneson mientras las luces de la fiesta caían sobre su vestido negro como si hubieran sido diseñadas para ella.

La abertura lateral dejaba ver su pierna cada vez que caminaba y el cabrón que tenía al lado parecía disfrutar demasiado de ese detalle; yo solo podía imaginar de qué manera poco creativa debería deshacerme del cadáver.

Su mano descansaba en su cintura.

En. Su. Puta. Cintura.

Mi mandíbula se tensó.

—Te vas a romper los dientes si aprietas así —murmuró Thiago a mi lado.

Ni lo miré.

—Estoy bien.

—Sí —añadió Mason desde el otro lado—. Se te ve relajadísimo, como un asesino antes de cavar el hoyo a sabiendas de que se acerca la poli.

—¡Calla, Fitzy!

Jaxon apareció con dos copas y me tendió una.

—Toma. Bebe algo antes de que decidas hacer una jugada ilegal y placar al hijo menor de una de las franquicias más ricas de Estados Unidos.

La cogí sin dejar de mirar al frente.

En ese momento, Grayson inclinó la cabeza hacia Naomi y le dijo algo al oído.

Ella rio.

El muy hijo de puta deslizó la mano un poco más hacia su espalda, justo en el punto donde ya no había tejido.

Sentí algo caliente subiéndome por la columna.

—¡Hostia! —susurró Mason—. Vale, ahora sí que parece que va a matar a alguien.

—Solo están hablando —pronunció Landon.

—Y una mierda, le está tocando la espalda, y eso, en mi tierra, es marcar territorio.

—Es una fiesta.

—Esa espalda es mía.

Jaxon soltó una carcajada.

—Eso ha sonado muy posesivo, cuñado.

—No es posesivo —gruñí—. Es… realidad.

—Claro. —Se carcajeó Landon—. Realidad aumentada...

—La realidad siempre supera a la ficción, o eso dicen mis padres.

Mase volvió a beber.

Antes de que pudiera responder, una voz conocida sonó detrás de mí.

—Valentino.

Me giré.

Mi hermana cruzada de brazos.

—No la líes —dijo sin rodeos—. Esto es trabajo y ella necesita que mantengas tus manos en los bolsillos, no contra la cara de su jefe.

Solté una risa corta mientras Jaxon les pedía a los chicos que se retiraran para dejarnos a solas.

—Ya, bueno, sería más fácil si ese gilipollas dejara de tocarla así. Ella no debería dejarse.

—Ella es libre de elegir quién la toca —me corrigió.

Señalé con la barbilla hacia ellos.

—¿Eso es trabajo?

Avery siguió mi mirada.

En ese momento, un fotógrafo capturaba a Naomi y Grayson justo cuando él se inclinaba hacia ella.

Flash .

Perfecta portada de revista, podía imaginar los titulares.

—Valen…

Negué con la cabeza.

—Eso no es networking , y lo sabes.

—Pero ¿qué quieres de ella? Que yo sepa no tenéis nada, salvo un intento fracasado de polvo. Y te voy a decir una cosa, no puedes joderla por uno de tus encaprichamientos transitorios. Si lo que quieres es acostarte con Naomi…

—No es eso, ¿vale? —Las palabras salieron más rápidas de lo que esperaba—. Me gusta, y sí, quiero tirármela, pero va más allá.

Ella alzó una ceja.

—Me reta —continué—. Me desafía como ninguna otra. Jamás he estado en la misma habitación de una tía, en su cama —especifiqué—, solo para terminar hablando de Star Wars .

—No puedo explicarlo porque es nuevo para mí —añadí—. Simplemente me vuelve loco y me hace desear cosas que ni se me pasaban antes por la cabeza. ¿Tiene sentido eso para ti?

Avery me observó unos segundos.

Y, entonces, por primera vez en toda la noche, sonrió de verdad.

—Te has pillado.

Bufé.

—Eso creo.

Sentí el abrazo sincero de mi hermana y aproveché para volver a mirar hacia Naomi.

Ahora estaba hablando con un grupo de inversores mientras Grayson seguía pegado a ella como una puñetera lapa.

Avery se despegó y me miró a los ojos.

—¿Qué hago si ella no quiere que pasemos de la friendzone ? —murmuré—. Estoy muy perdido, ya sabes que normalmente no me cuesta con las tías y no ayuda que ese gilipollas no pare de intentar cruzar la línea sin que Parks se dé cuenta.

Jaxon regresó con una sonrisa de depredador.

—¿Y qué vas a hacer con el niño de papá? ¿Permitirás que ese imbécil te marque touchdown y se lleve el trofeo que tanto deseas? No me lo creo, Dalton, tú no eres de esos.

Lo miré.

—Naomi no es un puto balón.

Jaxon levantó las manos.

—No. Pero siempre te la puedes llevar a cuestas y demostrarle que tú eres mejor, y no me refiero a la pista de baile…

—¡Haz el favor de no meterle ideas raras en la cabeza a mi hermano, Rey de Reyes!

—No son ideas raras —murmuró, abrazándola por la tripa—, es una versión de lo que yo hice cuando tú tonteabas con Landon…

—Yo no…

—Vamos a bailar un rato. Piénsalo, cuñado.

Me dedicó un guiño y se llevó a mi hermana a la pista.

La música lenta invitaba a las parejas a moverse con la elegancia estudiada de quienes sabían que había cámaras alrededor.

Grayson también la había invitado a bailar y ahora estaba suspendida entre sus brazos, pegada a su cuerpo.

El vestido negro se movía alrededor de sus piernas como si estuviera hecho de humo, y cada vez que él la acercaba un poco más a su cuerpo, sentía que algo dentro de mí se tensaba otro grado.

Su mano abarcaba la parte baja de la cintura, demasiado baja, demasiado cómoda.

Grayson la hizo girar, ella volvió a reír y cada carcajada se volvía una puñalada.

Algo dentro de mí se rompió.

Estaba pasando de hablar con los patrocinadores, como se encontraban haciendo Jace y Grant, porque lo único que me importaba ahora era ella, nada más.

Atravesé la pista hasta alcanzarlos, Grayson me vio venir y su sonrisa se volvió un milímetro más tensa.

—Dalton, menuda sorpresa, no sabía que al final Vivian te hubiera incluido en la lista.

—No lo hizo.

No iba a dejarme amedrentar, me sudaba las pelotas lo que pudiera decir. No miré a nadie más. Solo a Naomi.

—Me toca.

Él no soltó su cintura.

—No la líes, Dalton, suficiente es que no te haya echado, esta noche no queremos altercados. —Su tono seguía siendo elegante, pero había acero debajo—. Nadie te ha invitado, es la noche de Naomi y nadie desea que la destroces con tus reticencias sobre la aplicación.

Sonreí.

—No quiero destrozar nada.

«Salvo tu cara».

—Pues, entonces, deja de dar el espectáculo y regresa a la barra con tus amigos.

—Lo haría —respondí con calma— si la dejaras elegir con quién quiere bailar en lugar de acapararla. Puede que hayamos tenido nuestras discrepancias, pero Naomi y yo somos amigos.

Él soltó una carcajada seca.

—¿Con quién quieres bailar? —insistí, ofreciéndole la opción. Mi mirada era casi una súplica.

«Elígeme. Por favor».

El mundo pareció quedarse quieto, la música, las conversaciones.

Naomi miró a Grayson, luego a mí.

Hubo duda en su gesto y, entonces, suspiró.

—Me parece que he bebido demasiado y voy a declinar cualquier invitación. Necesito ir al baño. Gracias a los dos.

Se apartó de ambos y salió de la pista sin mirar atrás.

Grayson y yo nos quedamos frente a frente.

—Controla tus impulsos, déjala en paz —murmuró—. No todo es un partido.

—Desde luego que para ti no.

Me giré y fui detrás de ella sin disimular.

La alcancé dentro del hotel, en el pasillo que llevaba hacia los baños. Apenas había gente allí, solo el eco lejano de la música filtrándose desde la sala principal.

La agarré de la muñeca.

Naomi se giró de golpe.

—¡¿Qué haces?!

—Dime que quieres estar con ese memo en lugar de conmigo.

Su expresión pasó de sorpresa a enfado.

—Esto es un evento laboral.

—No me jodas, Parks, sabes que solo falta, a lo sumo, una hora para que termine y has hablado con todo el mundo.

—¡Lo digo en serio! —Se soltó de mi mano—. Esto es importante para mí. Para la empresa. Para Sienna, Landon y Thiago, para todos.

—Puede que lo sea, pero no implica que ese imbécil te sobetee delante de media Dallas. ¿Eso también forma parte del plan de negocio?

Sus ojos chispearon.

—No estaba sobeteándome, solo mostraba cercanía, como sugirió Vivian.

—Le faltaban cinco centímetros para pedirte matrimonio. ¿No te das cuenta de que es lo que están buscando?

—Estás exagerando.

—Estoy siendo educado.

Nos quedamos frente a frente. Me había aproximado más de la cuenta y las ganas de tocarla no eran ni medio normales.

—¿Sabes qué pasa? —continuó ella—. Que piensas que basta con chasquear los dedos para que el mundo gire a tu alrededor. Es como cuando me diste el código. Dime que no creías que en ese mismo instante acudiría porque es a lo que estás acostumbrado.

—Te equivocas de lleno. Jamás le he dado el código a nadie que no seas tú, y vale que fue con la esperanza de que vinieras para terminar hundiéndome en ti, sería un hipócrita si lo negara, pero también me habría conformado con pasar tiempo contigo si no lo hubieses deseado.

Y no porque no me pongas a mil, sabes de sobra que no se trata de eso, es porque me gustas más de lo que crees.

La frase salió más baja de lo que esperaba y, aun así, no la retiré. El pecho de Naomi subía y bajaba.

—Verte con ese tío —añadí— me está volviendo completamente loco, necesito que acabemos lo que empezamos en el avión.

Su respiración cambió.

—Valentino…

Negué con la cabeza.

—Olvídate un rato de toda esta mierda y vente conmigo…

Invadí su espacio personal y acaricié su rostro como hice en el baño, sus mejillas se encendieron y sus labios se separaron con una invitación inconsciente.

—Eres imposible.

—Y tú muy testaruda. —Se lamió el labio inferior.

—¡Y tú un idiota si crees que voy a tirar todo por la borda porque me pones cachonda!

Eso me hizo sonreír.

«No te haces una idea de lo mucho que te voy a poner…».

—Puede, a idiota no me gana nadie cuando se trata de ti. —Me acerqué un paso más—. Pero soy tu idiota favorito y me flipa excitarte…

Metí la mano dentro de la abertura y fui directo al pequeño tejido que cubría su sexo.

Ella jadeó.

—Ni siquiera estás en la lista…

—¿Que no estás lista? Dame tiempo. —Y colé el dedo por la ropa interior.

Sus dedos me agarraron con fuerza de las solapas sin oponerse a la invasión.

—Pueden vernos… —resopló entrecortada—. Tengo que volver a la fiesta, la prensa, los invitados…

Un pequeño resuello escapó de su boca cuando mis yemas distribuyeron la humedad por el clítoris.

Naomi se mordió el jugoso labio inferior.

—No, ellos ya te han tenido el tiempo suficiente, ahora voy yo. Separa los muslos.

—Valentino…, nos van a pillar…

—Shhh… Hazlo o no te voy a dejar en paz.

Se abrió un poco —mi espalda le ofrecía algo de protección—, metí un dedo y ella gimió.

—Dime que no deseas esto, dime que quieres volver con él ahora en lugar de lo que te ofrezco.

La vena del cuello empezaba a palpitar. Estaba caliente, apretada y no dudé en buscar la zona rugosa que la iba a hacer gritar. Los dedos se aferraban a mí cada vez más fuerte.

—Por favor… ¡Madre mía!

«Aquí estás, pequeña…».

Me acerqué a su oído.

—¿Quieres correrte, Parks? ¿Quieres que te folle hasta que todas tus estadísticas colapsen con mi nombre?

Friccioné esa zona tan sensible que la derretía.

—Sí.

—Bien, porque yo también quiero que te corras, quiero impregnar cada uno de tus malditos circuitos neuronales y sexuales, pero no contra una pared a la vista de cualquiera.

Saqué el dedo y lo saboreé frente a su mirada perpleja; no iba a dejar que se lo pensara e hice caso a mi cuñado.

Agarré mi balón y lo cargué sobre el hombro.

Ella soltó un grito ahogado.

—¡¿Qué haces?!

—Se acabó el networking . Vamos a por el touchdown y el puto trofeo.

—¡Bájame ahora mismo!

Le di un azote juguetón y empecé a caminar por el pasillo como si fuera la cosa más normal del mundo.

—Lo haré, pero sobre tu cama.

—¡Esto es secuestro! ¡Me dijiste que no dejara que te convirtieras en Vader!

—Y no lo estoy haciendo, créeme. —Sonreí—. Esto solo es tiempo muerto para follarte como mereces, y que la Fuerza nos acompañe porque la vamos a necesitar.