Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 58
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CAPÍTULO 58

Naomi

The Star brillaba como una pequeña ciudad privada bajo el cielo de Texas.

Luces cálidas sobre jardines geométricos, música suave que flotaba entre las terrazas y camareros impecables moviéndose con bandejas de champán como si todo aquello fuera perfectamente natural.

A mi alrededor desfilaban trajes hechos a medida, relojes que valían más que muchos apartamentos y conversaciones sobre inversiones que, con toda probabilidad, moverían millones antes de que acabara la noche.

Inspiré despacio.

Todavía me costaba asumir que estaba ahí por mi trabajo y que, si lograba que los Cowboys llegaran a la Super Bowl, a esta fiesta la precederían muchas otras, y no solo como invitada de honor.

—Estás preciosa —dijo Grayson a mi lado.

Bajé la mirada hacia mi vestido. Negro, largo, con una abertura lateral que subía hasta la mitad del muslo y una espalda casi desnuda sostenida por finos tirantes. Elegante, sobrio…, pero lo bastante atrevido como para hacerme sentir poderosa.

Camila fue muy clara cuando lo vio.

«Si no conquistas Texas con esto, Naomi Park, Texas no merece ser conquistado».

—Gracias —respondí.

Grayson me ofreció su brazo. Lo tomé.

Vivian apareció entonces, impecable como siempre. Su sonrisa era perfecta, pero sus ojos escaneaban cada detalle de la sala como si estuviera dirigiendo una operación militar.

—Recordad —dijo con suavidad—, prensa a la derecha en quince minutos.

Primero, socios; después, inversores. Sois la pareja del evento, tú por ser quien descubrió a una joya tan valiosa y el último hijo en entrar a formar parte de la franquicia.

Y tú —me miró— por darnos una herramienta capaz de encumbrar al equipo.

Sois un pack , un binomio que debe transmitir prosperidad.

Nos señaló con discreción a un grupo cercano.

—Y procurad no separaros, también debéis transmitir unidad.

Había algo en su tono que sonaba menos a sugerencia y más a orden.

No me molestó porque sabía que los Joneson lo tenían todo medido al detalle, como yo.

Nos movimos entre saludos, manos estrechadas y comentarios elogiosos. Varias personas querían conocer detalles técnicos. Algunos simplemente querían ver a quién pertenecía la cara detrás de algo que empezaba a resonar dentro de la NFL.

Grayson manejaba la situación con una naturalidad que me impresionaba.

No había podido pasar un minuto con mis amigos, quienes se movían como peces en el agua entre bebidas, canapés y música ambiental.

—Disculpen, señores, Naomi —dijo mi jefe en cierto momento—, necesito robarles a la sensación de la noche un instante porque quiero presentarle a alguien.

Una mujer elegante, de mirada serena y postura impecable se acercó hacia nosotros.

—Mamá —la voz de Grayson cambió ligeramente—, ella es Naomi Park.

La mujer paseó su mirada evaluadora por mí. Me sentí escrutada y un tanto nerviosa; hasta hoy, nadie me la había presentado porque no solía pasarse por el complejo.

—La joven de la aplicación —dijo al fin—. He oído hablar mucho de ti en los últimos meses, has estado en la boca de mi marido y todos mis hijos, en especial —hizo una pausa—, de Gray, y ahora entiendo por qué. Eres una chica preciosa y con muy buen gusto.

—Gracias, señora.

—Y lista —murmuró mi jefe, besándome los nudillos.

La señora Joneson sonrió.

Su mirada pasó brevemente de mí a él.

—Mi hijo rara vez se entusiasma con algo y parece estarlo contigo. Tal vez te apetecería invitarla a comer algún día a casa.

—Si ella acepta, me encantaría…

Antes de que pudiera responder, un murmullo extraño recorrió el área de entrada.

Por instinto, miré hacia allí.

Y, entonces, lo vi.

Valentino.

De pie frente a los accesos, hablando con el personal de seguridad.

Mi estómago se tensó.

Incluso desde la distancia se notaba que algo no iba bien.

Uno de los hombres de la puerta negaba con la cabeza.

Estaba lo bastante cerca como para escuchar la conversación si aguzaba el oído.

—Lo siento, señor Dalton. Su nombre no aparece en la lista.

Él sonrió.

Esa sonrisa suya que no era amable ni exactamente peligrosa, la que usaba en los partidos para medir al rival.

En ese momento aparecieron Landon, Mason, Thiago y Jaxon por la retaguardia. Respiré un tanto aliviada.

—Está en nuestro grupo, se ha retrasado el chaval —le aclaró Mase. El de seguridad lo miró desconfiado.

—Así es —aseveró Landon—. Busque mi nombre y verá que pone Hayes-Walsh-Cruz y amigos. El señor Joneson hizo extensiva su invitación a las personas de mi grupo, y tanto el señor Dalton como su hermana, esa rubia que ha dejado entrar hace media hora, forman parte de él.

—Venga, entra con nosotros, Valentino —insistió Jaxon.

Thiago añadió algo que no alcancé a oír, pero el guardia dudó.

Desde donde estaba pude sentir como el cuerpo de Grayson se tensaba ligeramente.

—Ese chico nunca sabe estar en su lugar —murmuró.

Fruncí el ceño.

—No lo entiendo…, ¿por qué habéis invitado a Whitaker en lugar de a él? Dalton es el QB1.

Grayson tardó un segundo en responder.

—Ha sido cosa de Vivian y de papá. Ya sabes cómo funcionan estas cosas…, esto es para quedar bien con socios e inversores. Dalton no ha sido el mejor embajador de tu aplicación, hoy solo queríamos aliados. —Bajó la voz—. Sabes tan bien como yo que él suele complicarte las cosas.

Eso dolió. Porque sabía que no era del todo mentira.

—En cambio, Whitaker siempre habla bien de ti —añadió.

Asentí con lentitud.

—Bueno, parece que por fin está entendiendo que la app sí funciona. Si necesitas que hable con él…

—No —me cortó con suavidad—. Ya has oído a Vivian. Esta es nuestra noche.

Tomó mi mano y se inclinó para besar mis dedos. Había perdido la cuenta de las veces que lo había hecho.

—¿Por qué no vamos con tu padre? —sugirió su madre, que se había quedado en un segundo plano—. Seguro que quiere alardear de esta jovencita y su nuevo juguete.

—Tienes razón, madre, siempre tan acertada.

Nos pusimos en marcha, aunque no pude evitar dedicarle una mirada a Valentino.

Nuestros ojos se cruzaron. Sentí algo extraño e incómodo.

Y en ese momento, como si alguien hubiera pulsado replay dentro de mi cabeza, la voz de Thiago me llevó de vuelta a mi cuarto, a cuando mis amigas me hicieron vomitarlo todo de nuevo para que me diera su veredicto.

—Te gustan los hombres que no pueden quedarse. Porque si no pueden quedarse, nunca tienes que arriesgarte a que te conozcan del todo… ni a que te elijan. O peor, a que no lo hagan.

Mis amigas me miraron y asintieron.

—La máscara no es lo que te excita, es lo que te protege de aquello que no te permites sentir.

Volví al presente con Valentino caminando hacia el bar, saludando a media sala como si fuera su campo.

Era curioso que el único hombre que no llevaba máscara fuera justo el que más peligro representaba.

—Naomi —Grayson me estaba mirando—, ¿todo bien?

Forcé una sonrisa.

—Perfecto.

Y dejé que su mano guiara la mía mientras atravesábamos la sala entre flashes de cámara y conversaciones estratégicas.

Algo me decía que aquella noche iba a ser mucho más complicada de lo que Vivian había planeado.

Y no estaba segura de si eso me asustaba, me emocionaba o ambas cosas.