Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 57
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CAPÍTULO 57

Naomi

El Uber olía a ambientador de violeta y cansancio nocturno.

Los chicos habían cogido uno y nosotras otro, básicamente porque no cabíamos y porque, con total seguridad, iban a someterme a un interrogatorio.

Durante un minuto nadie dijo nada. Las luces de la ciudad se deslizaban por las ventanillas mientras el coche avanzaba hacia el hotel, reflejándose en el cristal junto a mi cara.

Sabía que el silencio no iba a durar. No con Avery y Camila dentro del coche.

Oí una exhalación fuerte y después explotó.

—Vale, pensaba que sí pero no, no puedo. ¿Cómo no me dijiste que te habías liado con mi hermano?

Apoyé la cabeza en el cristal, necesitaba algo frío que ordenara mis ideas.

—Buenas noches a ti también.

Camila se acomodó mejor en el asiento.

—A ver…, desde el cumpleaños en la cabaña, cuando Jaxon y tú follasteis como si estuvierais intentando invocar a un demonio, estaba clarísimo que había un asunto sin resolver entre ambos.

Avery se giró hacia ella.

—¿Qué? Si solo se lanzaban pullas.

Camila levantó un hombro.

—Ahí estaba la señal, ¿te recuerdo lo que hacías tú con el Rey de Reyes? Otra cosa es que no quisieras verlo.

—Y tú lo viste… —rezongó.

—Algo intuí —admitió—. Aunque como Naomi es tan suya, pasé. Estaba demasiado ocupada intentando ver si podía mover ficha con Mase…, ya sabes, aquella etapa con Troy fue bastante turbulenta.

No dije nada, me limité a observar, como siempre.

Sienna habló por primera vez, tranquila.

—No entiendo el problema. Son adultos y libres. Pueden liarse con quien les dé la gana.

Avery soltó un resoplido.

—El problema es que Valentino no es estable con las mujeres, y Naomi…

Giré la cabeza con lentitud.

—¿Naomi qué?

—Naomi…

—¿Por qué hablas de mí como si no estuviera o no supiera lo que estoy haciendo?

—Porque claramente no lo sabes.

Me enderecé en el asiento.

—Puede que no sea muy proclive a las relaciones afectivas, que me cuesten más que al resto, pero te recuerdo que tú tampoco estabas abierta a tener nada con nadie… y terminaste liada con Jaxon, cuya reputación era igual o peor que la de Valentino.

Sienna levantó una ceja.

—Ahí le has dado.

—Gracias.

Avery me miró incrédula.

—¿Gracias de qué? No conoces a mi hermano.

Sostuve su mirada.

—Tal vez lo conozca mejor que tú.

Eso la hizo abrir y cerrar la boca. Silencio.

Camila hizo un pequeño «uuuh» teatral. Avery parpadeó.

—¿Perdona?

Suspiré.

—Puede que hace tres meses opinara lo mismo que tú. Pero las cosas han cambiado… y creo que en el fondo tu hermano es alguien que no se deja conocer con facilidad, por eso todo el mundo tiene una versión distorsionada que no se corresponde con la verdad.

Camila asintió despacio.

—En eso estoy de acuerdo. Siempre lo he visto muy parecido a Fitzy. Usan ese humor cabrón para enmascarar cosas…, pero en el fondo son los más sentimentales.

Avery negó con la cabeza.

—No digo que mi hermano no tenga sentimientos, solo que no es de los que asientan la base de su corazón en un solo lugar.

Sienna habló con calma.

—Los tiene. A mí me ayudó muchísimo con lo de Landon…, y Naomi no ha hablado de amor. Sinceramente, creo que podría salir bien, pueden darse placer y listo.

Las dos la miraron y Avery no pudo contenerse de nuevo.

—¿En serio? Dios mío…, creo que el amor te está afectando. Seguro que hay chicos más adecuados para un polvo que mi hermano.

Camila soltó una carcajada y se giró hacia mí.

—A ver. ¿Desde cuándo te gusta lo suficiente como para acostarte con él? Y pasa de Avery, no es objetiva.

Aparté la mirada hacia la ventana.

—Yo no he dicho que…

Camila me cortó.

—Naomi… —Su tono cambió—. Somos amigas desde que llegué a la SSU. Te he contado todo lo que me ha pasado, absolutamente todo…, y he asumido que puedas tener tus propios secretos. Pero ¿no crees que ya va siendo hora de que te abras un poco? Somos nosotras.

Se inclinó hacia mí.

—Cuéntanos qué pasa.

Guardé silencio.

El coche avanzaba entre semáforos y reflejos rojos.

Durante unos segundos debatí conmigo misma si hacerlo o no.

Luego, solté una exhalación larga, como si algo dentro de mí cediera.

Extendí la mano entre las cuatro.

Levanté el meñique.

—¿Escuchamos pero no juzgamos?

Sienna fue la primera en enganchar su dedo.

—Escuchamos pero no juzgamos.

Camila la siguió.

—Ni un poquito.

Avery suspiró.

—Haré como que no es mi hermano del que vas a hablar.

Negué con la cabeza.

—Mejor…, porque no solo voy a hablar de él.

Las tres se inclinaron hacia delante y empecé por el principio.

Primero, el beso.

La fiesta. La caída encima de Valentino. La nariz rota después.

Mi decisión de perder la virginidad y soltarme un poco. El cuarto oscuro. El desconocido disfrazado de Darth Vader. Mi huida tras el sexo.

Las tres se quedaron rígidas. Después solté lo del bar, aquel día de convención. Valentino otra vez. El baño, su apartamento, la planta decorativa.

Mi decisión de no liarla con alguien opuesto a mí desde el principio.

La obsesión absurda con un tipo enmascarado que hacía directos calientes en internet. Val Daver y su sorteo.

El sexo online que derivó en charlas más profundas, que dejaron de ser sexuales y empezaron a parecerse peligrosamente a una amistad.

Grayson Joneson. El jefe encantador. Las conversaciones sobre trabajo, familia, vida…

y los coqueteos que yo dejaba pasar porque me hacían sentir valorada.

Luego, Valentino otra vez. Su oposición a que estuviera en su equipo.

El tira y afloja, la tensión, el baño del avión, los besos, la duda, la discusión cuando Val Daver se cruzó en mi pensamiento.

Y, finalmente, esa semana.

El código del ático, la decisión de no ir. La fiesta con el equipo, el alcohol. Valentino comportándose como un caballero y llevándome al hotel sin intentar nada.

El plan de presentarme al día siguiente y su viaje sorpresa a Europa cargado de mensajes hasta hoy, cuando ese absurdo juego había abierto la caja de Pandora.

Cuando terminé, el Uber estaba en silencio absoluto.

Sienna parpadeó.

—Yo me he quedado en la parte en la que perdiste la virginidad en un cuarto oscuro con un desconocido. ¡Podrías haber pillado cualquier cosa! Aunque, con mi pasado, no soy quién para juzgar eso…

Camila seguía mirando al frente.

—Estoy procesando…, ¿sexo en streaming ? Naomi, eso es fantástico y emocionante. Por fin te estás desinhibiendo, me siento orgullosa.

Avery levantó una mano.

—¿Soy la única a la que le preocupa que las relaciones de nuestra amiga sean con tarados que cubren su rostro… o con mi hermano? Acaba de decir que le contaba sus cosas al colgado que la masturbaba por internet… Es que yo alucino.

Nadie respondió.

—A veces es más fácil contarle las cosas a un desconocido que a alguien que lo sabe todo sobre nosotros. No os hacéis una idea de lo que la gente me cuenta en el Uber.

Entonces nos dimos cuenta: el coche estaba parado.

El conductor nos miraba por el espejo con los ojos como platos.

Me aclaré la garganta.

—Creo que hemos llegado.

El hombre suspiró.

—Hace cinco minutos, pero si me cuentan el final de la historia…, las invito a la carrera.

Sienna se inclinó hacia delante y señaló al conductor.

—Cómprese una vida, cotilla.

El hombre abrió la boca, sin embargo, ella ya estaba sacando el móvil.

—La próxima vez, pedimos un transporte menos… implicado emocionalmente.

Salimos del coche entre risas.

El aire nocturno estaba fresco y el hotel brillaba como un faro a esa hora. Los chicos estaban apoyados cerca de la entrada, como si llevaran un rato esperando.

Mason fue el primero en separarse del grupo.

—Venga, bombones —anunció, frotándose las manos—, que ahora empieza lo bueno. Cada oveja con su pareja y a darle duro a la madeja.

Nosotras nos miramos. Luego me miraron a mí y las tres, al unísono, dijeron:

—Lo sentimos. Noche de chicas.

Landon frunció el ceño.

—¿En serio?

Sienna cruzó los brazos.

—La necesitamos, es muy importante.

Jaxon bufó.

—Pero…

Avery lo cortó en seco.

—No hay peros. El yoga puede esperar, esto no.

—¿Necesitáis la ayuda de un profesional? —se ofreció Thiago.

Siempre tan intuitivo… Mason abrió los brazos, indignado.

—No puedes decir eso. Éramos los únicos que teníamos posibilidades de follar.

Camila estiró el brazo, lo agarró de la camiseta y lo arrastró hacia el grupo.

—Nos lo quedamos. Pasadlo bien, chicos.

Thiago se dejó arrastrar con Mason todavía protestando.

—¡Esto es discriminación activa!

—Buscaos un bar —proclamó Sienna, avanzando para traspasar la puerta de acceso; las demás la seguimos en dirección al ascensor.

Me giré un segundo, mirando como los chicos se quedaban atrás, confundidos y derrotados.

—Genial —murmuré—. Acabo de contaros la historia más caótica de mi vida… y ahora me espera otro interrogatorio más.

Camila sonrió.

—No será un interrogatorio.

Sienna pulsó el botón del ascensor.

—Con Thiago conduciendo la sesión, será coaching sexo-emocional. Quizá descubramos por qué te ponen los tíos con máscara y follar a través de una pantalla.

Avery me dio un empujoncito.

—O los hermanos idiotas de tus amigas…

Las puertas se abrieron. Entré la última.

—De verdad —murmuré—. No sé qué me da más miedo ahora mismo… —Miré a mis amigos—. Si Valentino… o vosotros cuatro juntos.

Thiago ni se inmutó.

—Lo que necesitas es dejar de fijarte en hombres que aparecen solo cuando no pueden ser del todo tuyos: detrás de una máscara, detrás de una pantalla… o detrás de una reputación imposible. —Las cuatro lo miramos sorprendidas.

—Os dije que era el mejor, por eso curra conmigo.

—Y yo lo amo con todo el corazón —añadió Cami.

Iba a ser una noche muy larga.