Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 56
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CAPÍTULO 56

Valentino

Nos acomodamos en el salón, comida de universitarios con presupuesto mejorado, cajas abiertas, botellines, ruido de conversación, risas que subían y bajaban con la música de fondo.

El contrato firmado hasta playoffs flotaba en el aire como una victoria silenciosa.

Thiago levantó su botella.

—Por no haber tirado la toalla con nuestro proyecto y por Naomi, que nos consiguió esta reunión.

—Por Parks y por la Super Bowl —añadió Mason.

—Y por que ninguno la cague antes de llegar —remató Sienna.

Las risas relajaron el ambiente, aunque tanto ella como yo seguíamos algo tensos por lo que significaban aquellas palabras.

La cena prosiguió entre anécdotas del pasado y planes de futuro. Todo el mundo parecía estar bien, sobre todo, Hayes y Walsh, cuya relación pasaba por su momento más dulce. Me alegraba por ellos después de lo que habían vivido.

—He traído un juego de cartas para divertirnos y pasar el rato —anunció Camila.

—¿ Strip poker ? Me apunto —Mase hizo el amago de quitarse la camiseta.

—¡Alto, Fitzy! En este solo se desnuda el alma, si alguien pierde ropa no es culpa mía —le aclaró su chica.

—Tus juegos nunca acaban bien, Ortiz —refunfuñó Sienna.

—Este sí, tranquilos, va por fases, os dará tiempo a asimilar.

Reconoceré que la primera ronda fue suave, preguntas que podías lanzar a quien quisieras del grupo, para echarse unas risas, conocer secretos que de otro modo no confesarías y avergonzarse en manada.

La segunda fue más picante y, por suerte, las cervezas empezaban a hacer efecto.

Para la tercera, ya peligrosamente cercana al territorio minado, llevábamos una ronda de chupitos cortesía del minibar heredado.

Las risas eran reales.

Hasta que Mason leyó la siguiente carta.

—Situación más embarazosa que te ha ocurrido con una cita y ha truncado un polvo de lo más deseado. —Alzó la vista despacio y arrojó la carta contra mi pecho—. Valentino.

Me recosté, tranquilo por fuera, aunque por dentro ya sabía que esa historia iba a incendiar algo, y esperaba que fuese a la chica que tenía sentada enfrente. Total, solo nosotros sabríamos lo que iba a relatar.

«Agárrate, Parks».

—Vale.

Llené mi vaso de chupito y lo bebí de un trago.

—Me lie con una chica espectacular en un bar, divertida, sexy , con una boquita que era una delicia… Los entendidos en la materia ya me entendéis.

Naomi estrechó la mirada. Thiago, a mi lado, me observó con interés clínico.

—Todo fluía, la química era tan brutal que no estaba seguro de poder llegar al apartamento antes de estallar.

—Hay cosas que prefiero no escuchar. —Mi hermana se tapó los oídos.

— Spoiler : La tarjeta dice que el polvo no concluye, respira, Demasiado, no vas a oír ni imaginar a tu hermano follando.

—Todo un detalle de tu parte recordármelo, Fitzy.

Jaxon la rodeó por los hombros y la besó para distraerla.

Carraspeé.

Naomi estaba completamente inmóvil. Supuse que pensaba que no iba a contar nuestra historia y estaba esperando descubrir con qué otra había sido.

—Como os iba diciendo, ella decidió encargarse del calentamiento bucal con mi micrófono.

Subí la apuesta.

—Me flipa cuando calientan la voz. —Rio Landon, ganándose un codazo inmediato de Sienna.

—Y una vez en mi apartamento, os juro que la compensé con creces… Soy un gran buceador, campeón de apnea en la caza de almeja.

Más risas.

—Y, entonces, de repente, su cara cambió, creo que se encendió su «Alerta sísmica interna».

Naomi parpadeó una sola vez.

—¿Se tiró un cuesco? No sería la primera, a mí me pasó —soltó Jaxon.

Todas las miradas se giraron hacia él y, de rebote, a mi hermana.

—¡Eso sí que no! ¡No fui yo! Panda de idiotas. Por si no lo recordáis, el Rey de Reyes no fue virgen a nuestra primera cita.

—¿Podéis dejarlo terminar? Con tanta interrupción es peor que los anuncios. Sigue, Valen —me azuzó Camila.

Asentí.

—Bien. Me pidió un minuto para ir al baño y este estaba ocupado por mi compañero, que había vuelto sin avisar. El pánico es un consejero pésimo y los retortijones más. Así que mi c rush sexual decidió que una planta decorativa podía servir como solución táctica.

Silencio. Un segundo eterno.

—No puede ser… —susurró Camila.

El golpe bajo la mesa fue seco.

—¡Auch! —Thiago se dobló—. ¡¿Qué ha sido eso?!

Naomi estaba blanca. No avergonzada, descubierta.

Mi hermana la miró como si acabara de presenciar una aparición mariana. Camila también.

—¿Cariño, te ha dado un calambre? —preguntó Mason mientras Thiago se frotaba la espinilla.

Mis conexiones neuronales se encendieron al mismo tiempo que las de las chicas.

—¡Tú eres el tío del hurón! —No era una pregunta. Camila me señaló con el dedo.

—¿Valentino tiene un hurón? —preguntó Sienna a su chico.

—Yo no he visto animales en este piso, salvo nosotros. Igual han cambiado de juego y no nos hemos enterado.

—¡¿Tú te tiraste a Naomi?! —saltó mi hermana, roja como un semáforo.

Ahora sí que no entendía nada.

—¡¿Qué?! —voceé.

—Hostias… —murmuró Mason, encantado—. Esto escala rápido, pero habíamos dicho que era polvus interruptus . Aunque vuestra historia es tan grotesca que me vale.

Jaxon dejó la botella sobre la mesa con un golpe seco.

—No lo hubo. Follaron antes.

Creo que bizqueé. A esas alturas, o estaba en una realidad paralela o Jaxon había estado en la sala oscura de la fiesta. ¿Cómo era posible?

Naomi miró a Avery con traición pura.

—¿Se lo contaste? Cami y tú me prometisteis que no se lo diríais a nadie.

Mi hermana se encogió.

—Es mi novio…, necesitaba procesarlo y no sabía que te habías tirado a mi hermano.

—Yo también lo compartí —añadió Camila, señalando a Mason y a Thiago, que seguía masajeándose la pierna.

—Yo no juzgo. —Mase levantó las manos—. Y menos con material cinematográfico, mis padres pagan una fortuna por guiones mucho peores que esta cena.

—¿Alguien puede explicarnos qué coño está pasando y qué es lo que todos sabéis? —intervino Landon.

Sienna cruzó los brazos.

—Sí, por favor.

Me incliné hacia delante.

—A mí también me gustaría saber en qué momento tú y yo nos acostamos —miré a Naomi—, porque eso es lo que acabo de oír.

La sostuve un segundo más de la cuenta.

¿Sabía ella que yo era el Vader de la fiesta y llevaba todo este tiempo engañándome?

—¡Fue en el baño, pedazo de alcornoque! —insistió Avery—. O eres tan memo que no te acuerdas. —Naomi abrió la boca como un pez fuera del agua—. ¿Cómo se te ocurre acostarte con él?

—Valentino no es un mal tío —intervino Sienna, tranquila.

—No —replicó Landon—. Solo un cabrón que finge lo que no es.

Sentí un latigazo frío en la espalda.

—¿Perdona?

—Lo del falso affaire en la fiesta, cuando mi chica y tú os enrollasteis —aclaró—. Nunca os acostasteis.

Respiré.

Naomi se llevó las manos a la cara.

—¡Ni nosotros! —explotó—. Me lo inventé, ¿vale? Fue presión. Necesitaba sentir que era sexualmente activa, aunque fuese de mentira.

El silencio que siguió ya no tenía nada de divertido.

Camila se levantó y la rodeó por los hombros.

—Ay, Naomi… Te queremos igual, aunque te vuelva a crecer el himen.

Mason asintió con solemnidad impostada.

—La virginidad es un constructo social y un negocio patriarcal. Somos tus amigos, si hubieras necesitado un casquete por alivio habríamos contribuido.

—Ya le dije que no era necesario que se fuera, que los accidentes pasan, y yo habría cumplido —murmuré sin pensar, con la lengua desatada y cero filtros.

Mi hermana me fulminó.

—Qué caballeroso…

—¿Por qué te enfadas conmigo?

—Porque es mi amiga…

El aire cambió. Ya no era broma. Thiago levantó las manos.

—Paz. Eran mayores de edad y lo que pasó fue consensuado…

Pero el ambiente se había calentado de otra manera, más densa, más territorial.

Mason se puso en pie, teatral.

—¿Qué tal un cambio de aires? Necesitamos aguas termales para relajar. Propongo jacuzzi en bolas y terapia grupal.

—No —dijeron varias voces a la vez.

Avery se levantó y se sacudió las manos como si diera la cena por concluida.

—Fin del juego. Mañana toca ir de compras para la gala.

Me quedé quieto.

—¿Qué gala?

Landon bebió despacio antes de contestar, disfrutando del suspense.

—La de los Joneson.

Sienna añadió tranquila, pero con intención:

—Nos han invitado a todos. Fue idea de Grayson, alabar el buen funcionamiento de la app de Avery a socios, patrocinadores… Y, de paso, presentarnos a posibles mecenas para nuestra obra benéfica.

Sentí como algo se tensaba dentro, un cable demasiado estirado.

—¿A todos?

—Sí, nos dijeron que podíamos ir todo el grupo —comentó Thiago—. También nombraron a algún jugador, Rivera y Whitaker, creo.

Eso me sentó como un rodillazo limpio en las pelotas.

Busqué a Naomi y ella evitó mi mirada. No sonreí esa vez, porque dudaba de que Grayson me mandara a esas horas una invitación.

Me levanté despacio, con demasiada calma.

—Es tarde. Será mejor que os vayáis al hotel.

El grupo empezó a recoger entre bromas más suaves, la energía distinta, menos ligera, como si todos notaran que algo acababa de cambiar y no supieran exactamente qué.

Cuando Naomi pasó a mi lado camino del ascensor, su hombro rozó el mío.

Un segundo.

Nada más.

Quizá debería haberme disculpado por soltar nuestra intimidad, pero tampoco había usado su nombre, era ella quien lo había contado y ahora, encima, estaba lo de la gala…

Se metió en el ascensor y nuestros ojos colisionaron para recordarme que debajo del caos, de las risas, de las mentiras compartidas y de las medias verdades, había algo mucho más peligroso que una planta decorativa.

Y no era la fiesta, sino que nadie iba a impedirme que fuera para estar con ella.