CAPÍTULO 55
Valentino
El ascensor privado no tenía botón de subir. Tenía código. El que le di a Naomi. El que llenaría el ático en minutos… o en segundos.
Lo supe en cuanto escuché el pitido correcto y las puertas se abrieron directamente en mi salón.
Mason fue el primero en salir.
Se quedó plantado en mitad de la estancia, girando despacio sobre sí mismo, como si estuviera calculando cuánto obtendría al vender uno de mis sofás en el mercado negro.
—Hostia… —exhaló—. Esto no es un ático. Esto es un puto picadero para solteros con pasta.
Camila lo apartó con el hombro.
—Tú estás fuera del mercado, Fitzy, así que no imagines… —Dio una vuelta completa sobre sí misma, evaluándolo todo—. Madre mía, Valentino. ¿Has robado a alguien? Dímelo ahora y te ayudo a ocultar el cadáver antes de que tu padre se entere. Los míos tienen contactos.
Las luces cálidas de la chimenea encendida se reflejaban en los ventanales, proyectando el skyline nocturno de Texas como si formara parte de la decoración.
La cocina de mármol blanco parecía recién inaugurada.
La isla impecable. Las copas alineadas, como esperando una sesión de fotos para Architectural Digest .
Landon avanzó hasta el cristal y apoyó la palma.
—Esto es obsceno. Incluso para el quarterback de los Cowboys.
—Mi hermano no es el dueño —añadió Avery, acercándose como una depredadora que huele debilidad—. Con esos sofás blancos poco debes sentarte…
—Tengo una asistenta que se ocupa. Yo también me alegro de verte, renacuaja.
La abracé con demasiada fuerza, solo para que intentara zafarse.
—¡Quita!
—¿Qué pasa, Valen? —Jaxon se acercó y solté a mi hermana para estrecharle la mano y palmearle la espalda—. Espero que no te estés dejando mangonear.
—Lo que se deja es montar… —Se carcajeó Mason, ganándose una colleja inmediata.
—A ver si aprendes a cerrar la bocaza, Fitzy.
—Como no me metas el rabo, no sé cómo lo harás, Jakass.
—Para eso ya está Thiago. ¿Verdad, Cruz?
Thiago miraba todo con expresión de niño en un parque temático caro.
—¡Esto es una barbaridad!
— Sip . Mi antecesor tenía buen gusto… y una cartera llena para pagar a un decorador.
Landon caminó despacio, inspeccionándolo todo como si fuera a tasarlo.
—Lo que no sé es cómo se ha fiado de ti. ¿Cuántas habitaciones?
—Tres de invitados, un despacho —esto lo dije con la boca pequeña—. La mía con vestidor en la suite . Un par de baños para visitas. Spa al fondo, junto al gimnasio…, y terraza.
Mason levantó una ceja.
—¿ Spa ?
Asentí.
—Espero que tenga un buen jacuzzi y lo podamos probar.
Busqué a Naomi sin querer que se notara. No estaba. Eso significaba que venía en la segunda tanda de ascensor. Junto a Sienna.
—No espa-follar , Fitz —intervino Jaxon con media sonrisa—. Mi cuñado no está listo para que dejes restos biológicos en su bañera.
No pude más que reír.
—Sentíos como en casa. Echad un vistazo.
Se dispersaron como si estuvieran inspeccionando una propiedad que pensaran ocupar de manera ilegal.
Thiago avanzó más despacio que el resto.
—¿Y esa puerta con cartel de « No trespassing »?
Señaló el pasillo. No miré. Sabía con exactitud qué había detrás.
—Despacho. No lo uso. Solo hay cosas que prefiero que nadie toque.
—Uuuh. Eso ha sonado a cuarto secreto. —Camila sonrió con malicia.
—No entréis —advertí—. Lo que hay ahí dentro no puede joderse porque… no es mío.
Técnicamente era de Vader. Así que no mentía.
Las puertas del ascensor volvieron a abrirse y entonces entró ella con Sienna.
Mi corazón dio un vuelco seco, como si alguien hubiera soltado el freno de mano dentro de mi pecho.
En cuanto el ascensor se detuvo, Naomi alzó la vista y enfocó al frente, interrumpiendo cualquier conversación que estuviera en curso.
Y el salón, que hacía un segundo era ruido, risas y testosterona, se quedó un poco más pequeño.
Las puertas terminaron de abrirse.
Sienna salió primero, Naomi después.
No hizo gesto de sorpresa al ver el ático. Eso me gustó y me irritó al mismo tiempo.
Sus ojos recorrieron el espacio, lentos, analíticos, y luego se posaron en mí.
No sonrió, yo tampoco, y durante un segundo fue como si estar delante de todos nos obligara a fingir que la complicidad de estos días no había ocurrido.
—Dalton.
—Parks.
Demasiado seco para todo lo que había debajo.
Camila miró de uno a otro con una sonrisa maliciosa, de esas que anunciaban desastre.
—¿Nos enseñas el piso o vais a quedaros midiendo egos aquí en medio?
—Claro.
Caminamos por el pasillo sin tocarnos, pero yo era absurdamente consciente de su cercanía, del roce invisible del aire entre nosotros y del aroma a lavanda y flor de algodón que me alcanzó limpio, sin permiso.
Les hice la ruta de las habitaciones, señalando puertas como si aquello fuera una visita guiada y no una excusa para mantenerla a menos de medio metro. Cuando llegamos al despacho, Naomi se detuvo y lo miró con suspicacia.
—¿Esa es la del asesino en serie?
—No todo el mundo necesita acceso ilimitado, hay cosas que es mejor guardar.
—Como un hacha —murmuró entre sonrisas.
Desde el spa llegaban las carcajadas de Fitzroy, Reyes, Hayes y Cruz, demasiado ruidosas para el tamaño del jacuzzi , mientras mi hermana y Camila cuchicheaban como si estuvieran viendo un documental sobre depredadores en época de apareamiento.
Llegamos a mi dormitorio. La puerta abierta, el cuadro presidiendo el cabecero.
Recordé la primera vez que lo vi y le pregunté a Carter si le iban mucho las chirlas.
Naomi alzó una ceja.
—Eso son…
—Lo son.
—Eso es anatomía con marketing —carraspeó Sienna desde atrás.
—¿El cuadro también lo has heredado? —se interesó Camila.
—Sí.
—Pues espero que no viniera con clamidia.
Mi hermana se cruzó de brazos.
—Eso no son vulvas.
Intervino Fitzroy con voz de informativo.
—¿Acaba de decir «vulvas»? —se mondó Jaxon, doblándose un poco hacia delante, mientras Thiago ponía los ojos en blanco.
Mason carraspeó, encantado de tener público.
—Coños, potorros, mondongos, portales viscosos, triángulos húmedos, núcleos lubricados, bollitos benditos o portales celestiales. Llamadlo como queráis
Cuanto más hablaba, más me reía.
—Dime que has agotado tu lista de términos coñiles —refunfuñó mi hermana.
—Te sorprenderías, Demasiado, mi vocabulario de sinónimos sexuales me da para cinco volúmenes ilustrados, con índice alfabético y edición deluxe .
—No sé de qué me sorprendo.
—Ese es mi chico. —Camila lo besó orgullosa.
Mase se encogió de hombros.
—En fin, que no son eso, vuestras mentes pervertidas os traicionan. No recuerdo el pintor, pero mis padres tienen uno similar en su casa de la playa hecho con pepinos de mar.
—¿De qué me sorprendo? —bufó Jaxon.
Mientras tanto, Naomi seguía recorriendo la habitación despacio, ajena al ruido, a los comentarios, a las risas, y a mí se me hizo un nudo en el pecho mientras la contemplaba observar, apoyado en el marco, como si aquello fuera mi única posición segura.
—Es muy tú —dijo al fin—, aunque se lo alquilaras a Carter lo has hecho tuyo.
—¿Eso es bueno?
Si no tuviéramos público al otro lado del pasillo, esa conversación habría cambiado de tono, de ritmo y de intención.
Me sostuvo la mirada un segundo más de lo prudente.
—Es tuyo.
«Lo que quiero que sea mío eres tú».
Luego, salió primero y yo tardé medio latido en seguirla.
—¿Podemos cenar ya y celebrar que hemos conseguido el puto contrato?
La voz de Hayes se coló por el pasillo con esa impaciencia suya que siempre sonaba a orden encubierta.
Sabía que teníamos mucho que celebrar, mi hermana me había puesto al día por teléfono.
—Sacad las cervezas de la nevera, cabrones, las pizzas están en la esquina derecha.
Camila apareció con una botella abierta para tendérmela.
—Tarde…