Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 54
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CAPÍTULO 54

Naomi

Los últimos días habían sido un error delicioso.

Un error con notificaciones constantes.

No supe en qué momento decidí que fingir que había olvidado cosas era mejor que admitir que lo recordaba todo. Absolutamente todo. Sus manos, su voz, su forma de mirarme, como si yo fuera alguien a quien cuidar.

«Le mentí».

No sobre los hechos. Sobre mi memoria.

No olvidé nada, solo fingí un poquito para que doliera menos cuando decidió archivarnos en la carpeta de «complicado» y no darme lo que mi cuerpo medio desnudo le estaba implorando.

El lunes salí con intención de picarlo. Me vestí como si la venganza se planchara y se combinara con botas altas. Quería que le molestara. Que apretara los dientes. Que entendiera lo que era verme desde fuera.

Y terminé yo con un calentón tremendo, deseando que ignorara cada palabra orgullosa que había soltado catalogándonos como «solo amigos» por las implicaciones que podría tener dar un paso en la dirección que ambos queríamos.

«Idiota».

Fingí que me dormía hasta que se fue. Apagué el móvil, lo dejé bocabajo y me quedé mirando el techo del hotel, dándole vueltas a si había hecho lo correcto vestida con aquel ridículo sujetador que no me había puesto hasta esa noche.

«Planificación estratégica nivel cero».

Tomé una decisión: al día siguiente usaría el maldito código e iría al ático. Sin reservas. Sin discursos preparados y, si me atrevía, sin ropa interior. Iba a comprobar si lo nuestro era combustible o solo humo.

El destino decidió por mí, mandándolo a la otra punta del mundo.

Lo tomé como una señal del universo. El universo y yo teníamos una relación complicada, pero cuando te separaba físicamente del problema, algo querría decir. Y, aun así, le escribí todos los días, todos.

Descubrí que cada mensaje suyo me gustaba un poco más que el anterior. Que su sarcasmo me hacía sonreír como una adolescente ridícula. Que cuando tardaba en responder, yo miraba la pantalla más veces de las que admitiría bajo juramento.

«No es él, eres tú».

Y esa maldita foto que me mandó iba a enmarcarla.

¡Dios! ¡Qué bueno estaba!

Reconozco que la miré más de lo prudente y que tanto llegué a fantasear que comencé a encontrarle un ridículo parecido a alguien que en un pasado próximo me había incendiado a través de la pantalla.

Estúpido, lo sabía.

Hoy era el gran día. Mis amigos llegarían en cualquier momento y yo estaba en el hall del hotel con Grayson, intentando que mis manos no parecieran más nerviosas de lo que estaban.

—Va a salir bien —dijo él, con esa calma medida que proyectaba cuando intuía mi agitación—. A mi familia les va a encantar la idea y aceptarán colaborar.

—¿Tú crees?

La verdad era que necesitaba a los míos cerca. Un poco de apoyo no me vendría nada mal.

Odiaba que mi voz sonara un punto más aguda de lo habitual.

Grayson me tomó la mano con naturalidad y depositó un beso suave en mis nudillos.

—Te lo prometo.

«Prometer es fácil cuando el resultado no depende de ti».

Entonces, lo escuché.

—¡Parks! —El alarido llegó desde la puerta de acceso.

Giré la cabeza justo a tiempo para que un huracán caribeño me embistiera.

Camila me rodeó con los brazos, me levantó medio palmo del suelo y me apretó como si estuviera probando la resistencia estructural de mis costillas.

Detrás venían los demás. Mason con su sonrisa indecente, Thiago con su calma peligrosa, Sienna con expresión analítica, Landon con media sonrisa cínica y, cerrando la formación, Avery y Jaxon.

Camila me soltó y entonces reparó en la presencia masculina a mi lado.

Lo escaneó de arriba abajo y sonrió de esa manera tan suya que hacía saltar todas las alarmas en mí.

—¿Y este buenorro que te besaba quién es? —Ladeó la cabeza—. ¿Por qué siempre te callas lo más interesante?

Grayson soltó una risa baja, encantado. Yo noté el calor subir por mi cuello al instante.

—Cami, por favor. —Cerré los ojos un segundo—. Es mi jefe.

—Encantada, jefe buenorro . —Le ofreció la mano sin pudor—. Soy Cami, su sexy y…

—Pillada mejor amiga —intervino Mason, tirando de ella por la cintura para besarla, marcando territorio.

—Grayson Joneson —respondió él, extendiendo la mano para finalmente estrechársela a Mase.

«Claro que sí. Seguridad absoluta. Como si este fuera su terreno natural».

—No les hagas caso —dije, resignada—. Son terribles.

—Me gustan los terribles —contestó Grayson.

Thiago se acercó entonces, elegante y contenido.

—Discúlpelo, señor Joneson. Mi chico no conoce la palabra decoro.

Mason se giró entonces y le dio un beso rápido en la boca, como si aquello fuera lo más normal del mundo y Grayson no perteneciera a una familia ultracatólica.

Él los miró un segundo más de la cuenta, aunque no parecía querer sacarlos del hotel o llamar a un cura para confesarlos.

—Parecéis un equipo bien coordinado —dijo al final.

—No se hace una idea, jefe. —Cami le guiñó un ojo.

—Es que no podéis quitaros las manos de encima. —Sienna tomó la delantera—. Si Camila y tú fuerais therians —apuntó, mirando a Mason—, seríais pulpos. Señor Joneson, Sienna Walsh. Encantada.

—Igualmente.

Landon se puso a su lado.

—Yo soy Landon Hayes. Hablamos por teléfono.

—Por supuesto —respondió Grayson—. Me alegra que estéis aquí todos…

Mientras intercambiaban formalidades, Avery apareció por mi retaguardia y me abrazó con fuerza. Jaxon estaba a una distancia prudencial, sonrisa ladeada incluida.

—¿Todo bajo control, Parks? —preguntó él.

Miré a mi grupo, a Grayson, a la energía cruzada flotando en el aire.

—Llévatelos antes de que la líen más. No quiero decir que sea mala idea lo del finde, pero todos con mi jefe es too much .

Jaxon se frotó las manos.

—Tranquila, yo me ocupo. —Alzó un poco la voz—. Los que no tengan proyecto y deban presentarlo conmigo, que se aparten.

—Aquí no eres el ayudante del entrenador, Jackass —protestó Mason.

—No —replicó él—, pero sí la parte más cuerda de los que quedan. Ve a recepción y consigue que nos den habitaciones no contiguas. ¿Lo pillas? Paso de vuestros jadeos nocturnos.

Mason lo señaló con un gesto dramático.

—Como si tú follaras en mute .

—¿Puedes hacer el favor de comportarte por una sola vez?

—Desde que te dieron un mínimo de autoridad, no paras de abusar de ella. Dile algo, Princeso…

—Obedece, Fitzroy —fue lo único que salió por la boca de Landon.

—Ahí le has dado, hermano.

El grupo empezó a disgregarse entre bromas, maletas y risas.

Yo me quedé un segundo atrás, observándolo todo, porque, aunque pareciera imposible, ellos eran mi mundo.

Uno caótico, imperfecto y leal, al que no le importaban los prejuicios ni el estatus social.

Grayson se inclinó ligeramente hacia mí.

—Son intensos.

—Son familia de la que se elige.

Lo dije sin pensar, y era verdad.

Él me miró y asintió como si me entendiera, estaba segura de que así era.

Exhalé.

Menos mal que la reunión era con la facción más seria y ordenada de gimnastas de la SSU, o a los Joneson les iba a dar un ataque al corazón.

Con la llegada de mis amigos, Texas iba a necesitar seguro adicional.