Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 21 #2
26%

CAPÍTULO 21 #2

—Parks. Naomi. La chica de la app . La señorita «tengo un iPad en el que anotar tus cagadas y, aun así, voy a tocarte el antebrazo y prenderte fuego la piel sin vaciarte las pelotas, porque solo he nacido para estrangulártelas» —mascullé—.

Según ella, ha venido a «ayudar», a «cuidarme por Avery», «a que mejore, aunque vaya a dejarme en evidencia frente al entrenador, el equipo y el puto dueño de la franquicia».

Pero, claro, no le basta con eso, que al minuto se larga con el heredero de la corona como si yo fuera…

—Me reí, sin humor—. Como si yo fuera el capítulo que te saltas porque no interesa.

Escuché una risita al otro lado.

Me quedé helado.

—¿Te ríes?

—¿Cómo no voy a hacerlo? —dijo Skyler—. ¿Tú te escuchas?

—No me jodas.

—Valentino —pronunció mi nombre como si me estuviera poniendo las manos en los hombros—, no he entendido prácticamente una palabra de lo que has dicho porque no sé de qué va todo esto, pero lo único que he podido interpretar es que… A ti te pone la chica de la app .

—¡No!

—Ya lo creo. ¿A quién pretendes engañar? —soltó sin piedad—. Si la tensión sexual fuera electricidad, Dallas se quedaba sin luz ahora mismo.

—No me jodas, que estoy conduciendo.

Más risas.

—¿Quién es la de tus pelotas estranguladas y no vaciadas?

Vale, quizá había hablado un pelín más de la cuenta.

—Compartimos un pasado universitario y me odia —dije desesperado—. Ha venido a joderme...

—Bueno —canturreó—, ¿y no es eso lo que quieres? ¿Joder?

—Dios, no puedo contigo cuando dices esas cosas.

—Pues aprende, cariño, y jódela como merece.

Se oyó una voz de fondo, profunda, somnolienta, masculina.

—¿Quién quiere joder? Porque a mí me ha jodido a lo bestia.

Se me tensó el cuello al escuchar a mi predecesor y la pareja de Sky.

—Tu pupilo, aunque echa balones fuera. Toma, creo que esperaba una respuesta más cargada de testosterona que la mía.

Hubo un movimiento, un roce y luego la voz de Levi, cogió el teléfono ya en modo «vete despidiendo de tus pelotas».

—¿Qué cojones le has dicho a mi mujer? —gruñó Levi al otro lado.

—Yo también te quiero, Carter.

—Pues yo a ti una mierda ahora mismo… ¿Qué cojones te pasa?

—¿Arreglaría algo si te dijera que la no eyaculación es una práctica que asegura longevidad, control mental y, probablemente, superpoderes?

Silencio.

Luego Sky riéndose de fondo.

—No —dijo Levi—, pero me preocupa que hayas entrado en una secta.

—No es una secta. Es uno de los fundamentos del tantra que te da autocontrol —añadí—. Algo que claramente tú no practicas si tu hijo identifica el «dame más fuerte» por sonido ambiente de estiramientos activos.

—Te voy a bloquear —masculló él.

—Tarde. Ya estoy dentro de tu sistema nervioso.

—Habla —ordenó—. Y como no sea bueno, cuelgo.

Vi una zona de aparcamiento y detuve el coche.

Apoyé la frente en el volante. El cuero estaba caliente. Yo caldeado.

—He jugado como el culo el antepenúltimo partido de la pretemporada.

—¿Ganasteis?

—Ganaron. Yo no.

—Ah. —Pausa—. Te sentaron.

—Sí, Harlow no está para hostias y Whitaker sabe aprovechar las oportunidades, no como yo.

—Tampoco te fustigues, tú lo has dicho: estáis en pretemporada. ¿Te ha tocado el ego?

—No —exhalé—. Me ha tocado algo más abajo y sigue doliendo.

—Eso suena médico, a ver si al final sí te ha salido una hemorroide.

—¡Vete a la mierda!

—Vale, resume rápido, Dalton. ¿Te sentaron por mala decisión o por mala cabeza?

—Por dudar medio segundo.

—Entonces, es mala cabeza —repitió Levi, ya sin rastro de broma—. Escúchame ahora y no me interrumpas.

Guardé silencio.

—Un quarterback no se mide por el brazo ni por la estadística. Se mide por lo que hace en el medio segundo en el que el cerebro quiere protegerse. Ahí es donde se separan los titulares de los que duran. Dudaste —siguió—. No porque no supieras qué hacer. Dudaste porque querías hacerlo perfecto.

No respondí porque tenía razón. ¿Cuándo no la tenía?

—Error clásico de QB joven con talento grande —continuó—. Cuando intentas que la jugada sea brillante en vez de suficiente, llegas tarde. Y en esta liga, tarde es fracaso.

—Lo sé. Whitaker se encargó de demostrármelo.

—No —cortó—. Lo entiendes. Saber es otra cosa. Saber es salir al siguiente snap y ejecutar sin negociar contigo mismo.

Respiré lento.

—Te sentaron —dijo—. Bien, eso es información. No castigo. Información, Dalton, úsala, coño.

—Lo sentí como un castigo.

—Porque tu ego está atado al campo —respondió—.

Desátalo. Tu puesto no es una identidad, es una responsabilidad semanal renovable.

Harlow hizo lo correcto. No porque tú seas peor que Grant, sino porque él fue más estable.

Los partidos no premian potencial, premian estabilidad, y esta temporada los Cowboys quieren el anillo.

Tragué saliva.

—He visto caer a quarterbacks con un talento similar al tuyo. No por falta de brazo, por ruido mental, por querer demostrar el motivo por el que están en vez de dirigir.

—¿Y qué hago ahora?

—Simple —contestó—. Mañana revisas cada snap dudoso con Mac.

No para castigarte, para nombrar exactamente qué viste y qué ignoraste.

Sin emoción, solo lectura, ignora que se trataba de ti y saca conclusiones.

Después entrenas la decisión rápida. No la jugada perfecta, la decisión ejecutable.

El objetivo no es lucir, es mover cadenas y que el otro puto equipo pierda.

El aparcamiento estaba casi vacío. Mi pulso ya no iba tan rápido.

—Y grábate esto —dijo más bajo—. Que te sienten en pretemporada es una bendición, que lo hagan en noviembre es una sentencia. Todavía estás a tiempo —remató—. Pero deja de pelear contigo mismo. El rival no está dentro de tu casco, está justo enfrente y se gana partido a partido.

Exhalé largo.

—¿Algo más, coach ?

—Sí. Cuelga el puto teléfono y déjame follar tranquilo.

Y colgó.

Deberes puestos. Sin anestesia. Sin excusas. Solo ejecución.