Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

Valentino

Seguí agitando el avispero unos segundos más, bastaba con esa respiración oscura y profunda que se amplificaba gracias al micro. No música alegre. No intro amable. Solo The Imperial March en versión baja, grave, vibrando como un pulso, como un latido que no venía del altavoz, sino del pecho.

El casco retenía el calor y mi propio aliento me devolvía una humedad densa, íntima, casi animal. Me gustaba. Me centraba. Me separaba del mundo real y me metía en el personaje.

Para recordarles que estaban en el lado más oscuro, ese que decían temer y luego pagaban por visitar.

Todos codiciaban al desconocido que se ocultaba bajo el casco. Pecho desnudo. Luz lateral calculada para dibujar músculo y sombra. Mano enguantada apoyada en el respaldo de la silla. Inmóvil. Dominio absoluto del encuadre. Control de tempo. Control de hambre.

El chat explotó.

La sala superó las mil conexiones en menos de treinta segundos. Corazones, fuego, cascos, súplicas, nicks conocidos, algunos nuevos, propuestas indecentes y devoción digital. Siempre igual, siempre distinto.

Me mantuve inmóvil frente a la cámara. Que esperaran. El silencio bien usado era un arma y yo sabía dispararla despacio.

Levanté la mano con lentitud, índice al frente, sin prisa, dejando que el gesto cruzara la pantalla como una orden física.

—Silencio.

No se callaron, pero bajaron el ritmo. Siempre funcionaba. No obedecían a la palabra, obedecían a la presencia.

—Hoy no sois espectadores —dije con la voz modulada, más baja, más cerca—. Hoy sois aspirantes.

Me incliné hacia delante. Los antebrazos se tensaron, las venas se marcaron, el plano ganó volumen. Varias líneas del chat se volvieron ilegibles de golpe. Donaciones. Emojis. Gente perdiendo la cabeza por un torso y una respiración.

Algunos pensaban que iban a tener una cita conmigo. Otros ya se ofrecían para lo que hiciera falta.

Los ignoré a todos porque ella no había escrito ni una sola letra.

Nada. Ni un punto ni un emoticono. Y eso me tenía más atento que mil propuestas explícitas.

—Espero que os apetezca jugar…

Más fuegos. Más síes. Más «hazme lo que quieras». Más «conviérteme en tu juguete y úsame». Más teatro. Más fantasía. Ninguna de esas voces me interesaba.

Su silencio sí.

—Atentos porque solo lo explicaré una vez. Formularé diez preguntas —seguí—. La primera persona que acierte todas, entra conmigo a sala privada durante diez minutos. Sin grabación, sin replay , sin testigos. Solo decisiones y perversión.

El pulso del chat se disparó, aumentaron las notificaciones, los regalos para mostrar devoción. Competencia. Territorialidad. Deseo convertido en juego.

—Reglas —añadí—. El sistema elimina automáticamente a quien falle una sola respuesta. Sin segundas oportunidades. Sin copiar. Sin editar. Si dudas, caes. Si tardas, caes. Si escribes mal…, también caes.

Abrí y cerré la mano frente a cámara, como si estrujara destinos.

—Cuenta atrás en cada pregunta. Cuando llegue a cero, se cierra. —Incliné la cabeza—. Esto no es un concurso. Es una selección.

Varias respiraciones audibles.

—Quien no esté dispuesto a jugar en serio…, que salga ahora.

El contador de usuarios bajó un poco. Los tibios siempre se iban cuando olían riesgo.

—Y sí —añadí más grave—, podréis pedirme cosas… y yo también pediré, esta vez no será en una única dirección, así que pensadlo bien.

Pausa medida. Dejé que la frase respirara, que completaran la imagen mental.

—Si alguien no está dispuesto, que salga ahora. No quiero curiosos, quiero valientes que deseen cruzar al lado oscuro.

Scroll masivo de «sí», «dentro», «hazme cruzar», «llévame».

Mis ojos recorrieron la pantalla buscando solo un nick . Y entonces apareció.

@Rey_Parks03: Sí.

El impacto fue físico, directo. Como un balón mal recibido en el esternón.

El cuello me dio un latigazo de pulso. No podía reaccionar, lo que no quitó que por dentro sonriera como un cabrón.

Ahí estaba.

—Atentos —dije—. Pregunta uno.

Mientras hablaba, pasé el pulgar por el borde del casco, gesto mínimo, casi invisible, pero íntimo. Ritual de caza.

—Planeta donde Vader cae derrotado por Obi-Wan y le arde medio cuerpo.

«Mustafar» inundó pantalla. Bien. Nivel correcto. Criba limpia.

—Enhorabuena a los que no ven Star Wars en clips de quince segundos…

Me quité despacio un guante. Sin prisa. Tirando del cuero. Mirando a cámara, como si tirara de otra cosa.

Chat: colapso grupal.

Respiraciones escritas. Gente pidiendo más. Gente describiendo lo que haría con esos dedos.

Yo pensando solo en si ella seguía ahí.

—Pregunta dos. Nombre real de Darth Vader antes de ser Vader.

«Anakin Skywalker». Rápido. Correcto. Esperable. Muy pocos se equivocaron, la mayoría fueron dedazos.

—Demasiado fácil —murmuré—. Vamos a ver quién merece quedarse.

Mientras hablaba, deslicé la mano desnuda por mi abdomen, lento, distraído, como si fuera puro gesto inconsciente. No explícito, pero cargado de intención. De presencia. De «estoy aquí y esto es real».

Los conectados exigían ver y que siguiera el descenso. Paré.

Caritas rojas, sudorosas, babeantes, líneas enteras pidiendo que siguiera, que bajara la cámara, que no parara, que enseñara más. El hambre siempre era ruidosa. La espera, en cambio, era donde yo mandaba.

Paré en seco.

Silencio físico. Inmovilidad calculada. Mi torso subía y bajaba bajo la luz, como si el mero hecho de aspirar oxígeno formara parte del espectáculo.

—Vamos antes a por la tres —dije más bajo—. Error de rodaje real, solo para los verdaderos fans …, ¿qué golpea un stormtrooper al entrar en la Estrella de la Muerte?

Vi la avalancha antes de que llegara. Respuestas disparadas sin pensar. Copias. Fallos. Gente que había visto memes, pero no la escena. La criba cayó como una compuerta.

Esa pregunta fue bastante letal. Barrido limpio.

Mis ojos no buscaban el porcentaje. Buscaban un nick .

Ahí seguía, de pie y con ganas de seguir.

—La cabeza —confirmé despacio—. Bien, Imperio…, porque eso es lo que os voy a hacer perder.

Explosiones. Cabezas reventando. Bombas. Cascos negros. Gente pidiendo castigo como si fuera un premio.

Flexioné los dedos sin guante, abriendo y cerrando la mano una vez, lento, como si midiera la garganta de alguien invisible.

—Cuatro. Color del sable de Mace Windu.

«Morado» inundó pantalla. Correcto. Fieles. Fans de verdad… y unos cuantos que aún sobrevivían por inercia.

—Siempre hay uno que rompe la norma, ¿verdad? —susurré, inclinando apenas la cabeza—. Me gustan esos. Los que no aceptan el color que les asignan.

@Rey_Parks03: Obvio, era Samuel L. Jackson, pidió ese color.

La comisura me tiró hacia arriba dentro del casco.

—Corrección histórica aceptada —dije—. Me gustan las mentes que no se limitan a mirar…, investigan. ¿Qué color pedirías tú, @Rey_Parks03?

@Rey_Parks03: Todo al negro, señor.

No respondí.

—Cinco. ¿Cómo se llama el almirante que sirve a Vader en El Imperio Contraataca ?

Respuestas volando. El nombre mal escrito. Con faltas. El sistema limpiando sin piedad.

Me acomodé en la silla, espalda más atrás, abdomen tensándose al estirarme. Dejé que la cámara recogiera el cambio de postura desplazándome un poco hacia atrás para darles piel.

Las tres siguientes preguntas —sin errores de canon— terminaron de cribar. Setenta y ocho en pie.

Demasiados, porque yo solo la quería a ella.

—Nueve —dejé caer la palabra como una gota caliente—. Pregunta de amor…

El chat se frenó. Literal. El ritmo bajó como si alguien hubiera puesto la mano sobre la boca de la sala.

—¿A quién ama Anakin Skywalker… hasta el punto de traicionar a la Orden Jedi?

Mientras respondían, pensé:

«¿Y tú, Parks? ¿A quién traicionarías por amor? ¿A la lógica, al deber… o a tu propio cuerpo?».

«Padmé» llenó la pantalla. 52 acertados.

—El amor —bajé medio tono— también puede ser caída… o combustible.

Las respuestas empezaron a mutar. Menos triviales, más confesión. Gente ofreciéndose a ser gasolina, precipicio, tentación.

@Rey_Parks03: o ambos.

Exhalé por la nariz, apreciando su respuesta. Me gustaba que cada vez participara más, eso la mostraba predispuesta a lo que viniera después.

—Ambicioso —murmuré—. Me gusta la gente que no elige solo un lado.

Noté el calor pegado al cuero del asiento en la espalda. Sudor fino. Abrí un poco las piernas, relajado, disponible. Dominante. No era porno, era control.

—Diez —dije—. Esta no tiene respuesta correcta…, tiene respuesta honesta y valoraré la que más me guste. Solo tenéis cinco segundos para responder, así que, no podéis pensar o teclear demasiado, quiero ver lo que os nace.

Me incliné hacia la cámara hasta que el casco ocupó más plano que el torso.

—Busco a alguien que me atraviese.

Pausa.

—Cuando la cuenta atrás finalice, se cerrará la conexión. Leeré, elegiré y solo una persona recibirá mi mensaje. Si en diez minutos no habéis recibido la invitación, no habréis sido el elegido.

Dejé que la frase respirara.

—Espero que estéis preparados, allá va. Diez: ¿Por qué creéis que el lado oscuro resulta tan… atractivo?

Cuenta atrás en pantalla.

5…

4…

3…

Mi pulso iba por otro número.

2…

1.

Corté.

El zumbido del directo muerto dejó la habitación demasiado callada, aunque siguiera sonando música de fondo. Me quité por un rato el casco. El aire me golpeó el pelo húmedo.

Y, ahora sí, respiré yo. No Val Daver. No el personaje. Yo.

La bandeja de respuestas privadas empezó a llenarse como si hubiera abierto una presa.

La mayoría monosílabos. Ansia sin forma.

@HolocronGirl: Poder.

@DarkNights: Control.

@LeiaSinCorona: Dominio.

@RedLips: Prohibido…

@SilverKing: Maldad sexy …

@SlaveOfTheForce: Autoridad…

@VelvetSin: Guarradas…

Leí en voz baja, apoyando el pulgar en el labio inferior.

—Predecibles —murmuré—. Muy predecibles.

Scroll hasta encontrarla.

Entonces, di con su nick y paseé los ojos por lo único que me apetecía leer.

@Rey_Parks03: El lado oscuro no finge ser perfecto, abraza lo que duele y lo convierte en poder, no exige pureza, acepta el deseo, el miedo y la rabia y los convierte en algo que me encantaría probar, señor.

Me quedé quieto, mi entrepierna no.

«Puta Parks de los cojones».

Sonreí. Lento. Peligroso. Cabrón.

—Joder, Naomi —susurré—. No tienes ni idea de dónde te has metido, aunque va a ser un placer enseñártelo.