Vas a flipar (Gimnastas de la SSU 4) CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

Valentino

Las comidas del equipo siempre eran el mismo espectáculo: calorías pesadas medidas al milímetro, ruido y egos del tamaño de un estadio.

Mesas llenas, tíos enormes comiendo como si el mundo se acabara en veinte minutos y conversaciones que iban de estadísticas a culos sin escalas intermedias. Lo normal. Rutina. Vestuario en modo manada.

Yo debería haber estado igual, comentando, riéndome, soltando mierda.

No lo estaba.

Porque al otro lado del comedor, Naomi Park —Parks para mí, o el demonio viste de iPad — se estaba riendo con Grayson Joneson como si el mundo fuera un sitio agradable y no un campo minado del que no te salvaban ni las protecciones ni el casco.

Y eso me estaba tocando las narices a niveles clínicos.

Lo peor no era verlos juntos. Lo peor era la sensación de que ella estaba donde no debía y con quien no debía… y que nadie parecía verlo como un problema salvo yo.

Porque Naomi no jugaba a esto. No era de flirtear por deporte ni de usar sonrisas como moneda de cambio. La conocía. Sabía cómo era cuando algo le interesaba de verdad y cómo levantaba muros cuando no. Y lo que estaba viendo ahí no encajaba en ninguna de esas categorías.

Joneson, en cambio, sí jugaba. Sonrisa ensayada.

Cercanía calculada. El típico tío que te hacía sentir especial mientras te medía por dentro.

Y que fuera justo él quien se sentara con ella, quien le apartara la silla, quien la escuchara con esa atención de escaparate…

me hacía hervir algo que no tenía nombre.

No eran celos, era instinto de protección. ¡Era la amiga de mi hermana! Una cosa era que la quisiera lejos y otra debajo de Grayson Joneson.

Odiaba la sensación de que alguien estaba pisando terreno que no le pertenecía.

Naomi no tonteaba. No se fijaba en chicos, mucho menos en pijos con traje sin corbata, que se la quitaban para parecer cercanos.

Lo peor era que al cabrón le funcionaba y ella estaba picando.

—Hermano —dijo Jace, sentándose frente a mí—, te estás comiendo el pollo como si fuera culpable de algo.

—Lo es —respondí—. El que ha metido a Park aquí con calzador no es trigo limpio. No me gusta una mierda y no sé qué trama. —Cabeceé.

Marcus soltó una carcajada.

—Ese enigma te lo resuelvo yo. Lo que trama el hijo del dueño es simple: quiere beberse a la científica con pajita. O que ella se lo beba a él, no hace falta que te diga lo que quiere que le sorba.

No contesté. Mala señal. Cuando yo no contestaba era porque la sangre me estaba inundando el cerebro y los bíceps.

—En serio —preguntó Devin Shawn, sentándose frente a mí—, ¿cuál es el plan con tu excompañera de universidad, Dalton? —cuestionó.

—Eso —siguió Marcus—. Dijiste que la ibas a mandar de vuelta a Silicon Valley con un lacito y aquí sigue, analizando hasta cómo me rasco las pelotas.

—Las jugadas no se fuerzan —dije sin mirarlos, con las pupilas encajadas en mi plato—. Se estudian. Se lee la defensa. Se ataca cuando hay hueco. Estrategia sin fisuras.

—Traducción —dijo EJ—: no tiene ni puta idea.

Risas. No la mía.

Marcus dejó el tenedor con un golpe seco.

—Te juro que, si hubieras tenido ya la reunión con ella, ahora mismo estaríamos cavando la fosa. ¿Sabéis que me llamó eyaculador precoz táctico?

—¿Cómo? —Ty Hawkins, el corazón del equipo, levantó la vista con media sonrisa contenida.

—Que pierdo el control bajo «estimulación elevada» —entrecomilló con los dedos— y que por eso me como los placajes al final del partido. Me preguntó si dejo a las tías insatisfechas. Se cree Freud versión coleta. Casi le paso mi agenda para su validación científica.

—¿Qué le hiciste? —preguntó EJ.

—¡Nada! Bueno…, le ofrecí una demostración completa.

—Entonces, ese fue el problema —dijo Jace Rivera sin levantar la voz.

La mesa estalló.

Rivera era así: hablaba poco y dejaba cadáveres verbales.

Capitán ofensivo. Center . El que tocaba el balón en cada snap . El que mandaba sin anunciarlo. Yo heredé el puesto de Levi en el ataque, no el brazalete. Y tenía lógica. Para llevarlo necesitabas más que brazo: rodaje, liderazgo y confianza real del equipo.

Ser QB1 con veintitrés no te daba automáticamente derecho a mandar. Te daba foco. Presión. Y un montón de ojos esperando a que fallaras para decir «lo sabía».

Yo tenía el brazo, la cabeza y el puesto. El vestuario se sostenía en otros hombros.

Jace ordenaba sin gritar. Devin imponía respeto desde la defensa. Ty levantaba el ánimo cuando la cosa se torcía. Ellos eran los tres pilares tras la marcha de mi antecesor.

Yo todavía estaba en evaluación permanente. Y ahora, además, tenía a Parks removiéndolo todo desde dentro con su puto iPad.

Ty miró a Marcus.

—Explícame la parte técnica. No lo de las tías decepcionadas, eso es dominio público. Lo de por qué te tumban al final según nuestra enemiga pública n.º 1.

Servilleta volando. Risas.

—No sé, joder —bufó Marcus—. Habló de excitación, control, variables fisiológicas… Me atacó sin venir a cuento y ya no pude retener.

Devin y Jace se miraron.

EJ dejó de masticar.

Marcus frunció el ceño.

—¿Qué? ¿Por qué os calláis? ¿En serio pensáis que ha acertado?

—El horóscopo también acierta —mascullé después de tragar el nudo que se me formó—. «Hoy estarás cansado y alguien te pondrá nervioso». Magia pura. A ver quién no va pasado de revoluciones en el último cuarto.

—Exacto —respiró Marcus—. Gracias. Por fin alguien con cerebro.

No lo hice por él.

Lo hice porque no iba a darle ese punto a Parks en público, aunque lo hubiera clavado.

Harlow dio dos palmadas.

—Fin de la comida, señores. Treinta minutos para despejar la cabeza. Luego vídeo, y rezad para que no se os corte la digestión tras el análisis de cagadas.

Sillas. Platos. Quejas. Ruido. Y mis ojos en ellos.

Grayson volvió a apartarle la silla a Naomi al levantarse. Detalle mínimo. Educado. Limpio. Perfecto. Le susurró algo y ella se encendió hasta las orejas.

—Joder…

Ganas de romperle la cara de loverboy a ese payaso.

Ella sonrió de verdad. No sonrisa social. De las que bajaban defensas y a mí me daban ganas de romper dientes. Esas no me las dedicaba a mí.

—Hay tema —dijo Shaw detrás.

—El niño rico no pierde el tiempo. —EJ, siempre oportuno.

—Contrato y postre. —Marcus—. La tiene a huevo, ¿por qué, si no, la alojarían aquí?

¿Qué os apostáis a que le da unos segundos de ventaja y él sube por el otro ascensor…

? En cinco minutos la tiene gimiendo contra la cama…

—Se puso a imitar a Naomi por lo bajo—. Oooh, sí, Gray, átame con tu corbata y dame palmadas en el culo porque he sido muy mala…

Mandíbula bloqueada. Los demás a carcajadas.

Naomi salió con paso firme. Ajena a que media sala le miraba el culo y la otra media calculaba si el heredero se metía entre sus sábanas.

No miró atrás. Ni una duda. Ni una pausa. Como si yo no existiera.

Me levanté.

—¿Dónde vas? —pronunció Ty.

—A pensar.

—Si vas detrás de la señorita app no es pensar —dijo Jace—. Es persecución.

—Lee mejor la jugada, capitán.

No sonrió.

Me había leído perfecto.

La seguí. Como un puto obseso, y me dio exactamente igual lo que pensara el resto.

Necesitaba dejarle las cosas claras y a Joneson fuera de la ecuación.

Me dije que lo hacía por Avery, mejor eso que pensar que seguía quedando algo de nuestro pasado entre los dos.