CAPÍTULO 2 #2
Y ahí fue cuando empecé a hablar demasiado rápido.
Por culpa, exclusivamente, de mis pensamientos fuera de sitio.
—Quiero asegurarle que no se ha equivocado conmigo. La app funciona. Tengo datos, modelos predictivos, análisis cruzados, simulaciones… Si quiere, puedo enseñárselo ahora mismo.
Levantó una mano con calma.
—Naomi, relájate y siéntate, por favor. ¿Te apetece algo de beber? ¿Un vodka? —Lo miré espantada—. Es broma, mujer.
—Agua estará bien.
—Por supuesto.
Se acercó a un mueble auxiliar.
—Creo en ti y en tu proyecto —dijo mientras llenaba el vaso—. Mi padre es de la vieja escuela, lo conocerás en unos minutos. Yo no. Estoy convencido de que ambos —nos señaló— somos el cambio que este equipo necesita. Aire fresco. Por eso contactamos contigo. Nuestros chicos te necesitan.
El calor volvió a subir por mis mejillas. Perfecto. Ruborizarse otra vez. Muy profesional.
—He estudiado la situación del equipo —añadí.
—No esperaba menos. Tus aportaciones serán clave para esta temporada.
Asentí, algo más centrada.
—Además… —me observó con curiosidad genuina—, he visto tu expediente y me ha dejado KO.
Titular del equipo de gimnasia artística que se alzó con el oro en la NCAA.
De las primeras de tu promoción. Y creadora de una app que envidiarían los fundadores de Google si hicieran deporte de alto nivel. Eres fascinante.
Me encogí de hombros.
—No es para tanto.
—No te quites mérito. Sí lo es. A tu edad, yo ni siquiera sabía dónde tenía el norte, y tú, sin embargo… —Chasqueó la lengua—. Eres un ejemplo a seguir. No dejes que nadie te diga lo contrario y, si lo hacen, apártalos, no merecen estar cerca de ti.
Ojalá pudiera presentarle a mis padres.
Algo en su tono me desarmó.
Tuve que recordarme, con firmeza, que era mi jefe, no un tipo con el que había quedado para ligar.
—Trabajaremos codo con codo —añadió—. Reunión semanal, como mínimo una. Quiero avances, datos, conclusiones. Y… —bajó la voz—, de propina, te daré algún consejo para enfrentar al viejo dragón cascarrabias. Por ahora, céntrate en eso, que a mí ya me tienes ganado.
Eso último me arrancó una sonrisa.
Bebí el vaso casi del tirón y escuché con atención todo lo que me ofreció.
A los quince minutos fuimos rumbo a la guarida del dragón.
El despacho de Jerry Joneson imponía. Más grande. Más oscuro. Fotografías familiares. Una cruz discreta en la pared. Sensación de poder antiguo, de dinero texano y fe.
Me observó sin sonreír.
Me midió con aquellos pliegues que decoraban sus ojos. Lo que él desconocía era que estaba acostumbrada a que me miraran así. Mis padres, mis entrenadores, los jueces… Siempre había alguien evaluándome.
—Así que usted es la joven de la app —dijo.
—Me llamo Naomi Park, señor, encantada de conocerlo.
—No creo demasiado en estas cosas modernas, pero mi hijo dice que eres nuestra salvación. Según mi parecer, la salvación está en Dios y en el campo, en tener buenos jugadores y mejores entrenadores.
—Lo entiendo —respondí—, pero hay veces que no basta con un golpe de talonario, señor.
Hay que saber dónde está el error y anticiparse.
—Creí escuchar una risita ahogada a mi espalda que le hizo fruncir el ceño de un modo más aterrador, sin embargo, no aflojé, igual que si estuviera en una diagonal de suelo—.
Ahí es donde entro yo, voy a darle una herramienta para lograrlo.
Se inclinó ligeramente.
—¿Insinúa que mi staff no sabe hacerlo?
—Insinúo que la experiencia es clave —dije sin bajar la voz—, pero que los parámetros medibles pueden darle a Mitch Harlow la capacidad de reacción que necesita para saber si es mejor mantener a su QB1 más allá del primer tiempo, antes de que les haga perder el partido y, con él, la fe del equipo.
Lo vi apretar los puños.
—O entender por qué se desvían los balones que golpea su pateador cuando la presión sube.
Silencio.
Si Valentino hubiera estado presente, con toda probabilidad me habría lanzado por la cristalera al oírme utilizarlo como ejemplo. No obstante, necesitaba ese golpe de efecto. Convertir las llamaradas del señor Joneson en humo.
Me aclaré la garganta.
—Eso es lo que promete mi app , señor —continué—. Anticiparse. Detectar el problema. Analizar posibles soluciones y dejar el resto en manos de su equipo técnico. No quiero sustituirlos, solo darles más herramientas para ganar la Super Bowl.
Y ahí estaba mi touchdown final.
No sonrió.
—Creer en mí no es un acto de fe.
Sus ojos se afilaron.
Grayson intervino antes de que el silencio se volviera incómodo.
—Te dije, papá, que la señorita Park es justo lo que necesitamos.
—Ya lo veremos —sentenció Jerry—. Comprobaremos si lo que ofrece es real. Bienvenida a los Cowboys, señorita Park.
—Gracias, señor.
Salí de allí con la espalda recta y el corazón acelerado.
Con ganas de saltar, brincar y abrazarme a mi nuevo jefe. Y eso que yo no era el parangón de la efusividad.
Según Grayson, todo había ido sobre ruedas y lo había bordado.
Estaba dentro. Era consciente de que tendría que ganármelo todo, eso ya lo sabía.
Lo que no había comprendido hasta ese momento era que no había venido solo a demostrar que mi proyecto era la leche, sino a cambiar las reglas del juego.