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SI ME CONOCES,
¿PARA QUÉ ME INVITAS?
Sofía
La cafetería del campus está apurando las últimas existencias.
En menos de veinticuatro horas el recinto se quedará prácticamente vacío para las vacaciones de primavera y eso se nota en las vitrinas: no les queda casi nada.
Alrededor de la mesa, todos repasamos el cuadrante que Jacob nos ha dejado hecho esta mañana, haciendo cuentas mentales de los días libres con los que vamos a contar.
Yo paso el dedo por el papel sin demasiado entusiasmo. Como no tenía ningún plan en el horizonte, la modificación de última hora apenas me altera.
Arjun se encoge de hombros, consolándose con la idea de que al menos se ahorra el dinero del billete a Londres. Lily murmura que aprovechará para adelantar algo de materia y Megan y yo la miramos con la ceja levantada.
—¿Pero qué vas a adelantar? —le pregunta Megan entre risas—. Eres una friki , tía.
De todos nosotros, Owen parece bastante más jodido.
—Mis amigos habían organizado una semana entera en Cabo San Lucas —se queja, removiendo el hielo de su vaso con desgana—. Iba a pegarme unas vacaciones de fiesta en fiesta.
Megan asiente y le da una palmada en el hombro, pero a él no parece servirle de mucho consuelo.
—Yo tenía previsto cruzar medio país para tomar el sol en Cancún y encadenar una barbacoa tras otra —nos cuenta—. Otro año será, supongo.
Entonces, Owen, que sigue con la mirada fija en el cuadrante de turnos, le da un sorbo largo a su refresco y nos examina a todos uno por uno, mientras una idea empieza a formarse en su cara con nocturnidad y alevosía.
—A ver, chicos —suelta, inclinándose hacia la mesa—.
Si el viernes dejamos todo preparado a primera hora, tal y como ha dicho Jacob…
técnicamente tenemos el fin de semana libre.
Palm Springs está aquí al lado. No es México, vale, pero allí se montan unas fiestas brutales.
Podríamos alquilar un Airbnb entre todos, pillar una furgoneta y el domingo por la noche estar de vuelta listos para el laboratorio. ¿Qué decís?
Me hago a un lado, recogiendo mis cosas y dispuesta a marcharme, cuando todos empiezan a mostrarse entusiasmados con la idea. De inmediato sacan los móviles; Arjun empieza a buscar opciones de transporte mientras Lily y Megan descartan los apartamentos que Owen les enseña en la pantalla.
—Ni de broma vamos a meternos en un antro. Y al menos tiene que tener dos baños —protesta Lily.
—Y más de dos habitaciones —apunta Megan—, que no pienso dormir amontonada con nadie.
Me pongo en pie con la intención de dejarlos hacer sus planes en paz, cuando Lily se queda mirándome fijamente.
—¿Dónde vas? —me pregunta extrañada—. ¿Acaso tienes prisa?
—Emmm... pues no, en realidad. Pero iba a dejaros tranquilos con vuestros planes —contesto, algo cohibida.
—Espera… —vuelve a preguntarme Lily, sujetándome del brazo—. ¿Es que no te apuntas?
La pregunta me pilla por sorpresa. Y más todavía cuando los cuatro se giran para mirarme con una mezcla de desconcierto y reproche.
—Venga ya, Sofi —dice Owen—. Antes has dicho que no tenías planes. No me digas que te vas a rajar ahora.
—Ah, bueno... sí —digo, intentando disimular el vuelco que acaba de dar mi estómago—. Supongo que puedo escaparme el fin de semana.
Vuelvo a sentarme y me pongo a revisar los apartamentos junto a las chicas, mientras Owen y Arjun se encargan de la logística con el móvil.
Por dentro, el corazón se me desboca. Pensaba que estaban organizando algo al margen de mí, y en realidad me habían incluido desde el primer segundo.
No puedo estar más eufórica, aunque intento mantener una fachada de falsa calma.
Entonces, de la nada, Arjun suelta la bomba:
—Oye... ¿No deberíamos invitar a Jacob?
Y mi euforia, en apenas una décima de segundo, se evapora para convertirse en pánico puro. Eso, o está a punto de darme un infarto, porque el corazón me late tan deprisa que creo que lo escucha hasta el de la mesa de al lado.
En la residencia, Amber está tumbada en su habitación, mirando el móvil y riendo con algún vídeo tonto de TikTok. En cuanto aparezco, levanta la vista y, al mirarme, la sonrisa se le borra del todo.
—¿Qué ha pasado? —me pregunta, dejando el aparato sobre la cama y acercándose a mí.
—Estoy en problemas, Amber. Tengo… Primero tengo que contarte una cosa.
—Joder, Sofía, me estás asustando. ¿Qué es lo que pasa?
—Besé a Jacob —suelto de golpe y sin filtros.
—Ah, coño. ¿El sobrino de tu profe? Bien hecho, joder. Está como un queso y se nota que le gustas un montón. Ya te lo dije el día de la feria, ufff, yo me lo habría tirado, en serio, porque… espera —se detiene ella misma—. ¿Cuándo le has besado y por qué coño no me lo habías contado?
—Fue en la fiesta después del partido. Él me acompañó a casa. Yo había roto con Robert, estaba borracha y él impidió que me fuera con un capullo en su coche.
—¿Hostia, ese tío es un puto héroe? Si no te lo tiras tú, lo haré yo. Así de simple. Dame su número.
Amber coge su móvil fingiendo que quiere apuntar el contacto, pero es parte de su manera de procesar las sorpresas. Habla, se ríe, es un torbellino de energía, y la dejo hacer todo su paripé porque la conozco y sé que se ha puesto casi —y digo casi— tan nerviosa como lo estoy yo ahora.
Se para frente a mí, me mira a los ojos y respira hondo.
—De acuerdo, amiga. Cuéntamelo todo. Empieza desde el principio.
A grandes rasgos, le resumo lo que pasó cuando me acompañó.
—No hay mucho más —concluyo—. Estaba borracha y lo besé. Pero eso no es lo que más me asusta. Es que… ahora, cuando veo a Robert, no siento absolutamente nada, Amber.
—¿Eso es bueno, no? ¿O es malo? Ay, joder, no sé qué decir.
—Es bueno, es bueno —la tranquilizo—. Lo malo es que puede que Jacob me ponga un poco cardiaca.
—¡Pues tíratelo! Móntalo como una vaquera, hazlo arder y que él te haga volar. Cruza esa línea y haz que aprenda cómo os las gastáis las brasileñas —remata—. Ni se te ocurra dejarlo escapar.
—Amber, te he dicho mil veces que no tengo eso que crees que deben tener las brasileñas y...
—Da igual. Ya te lo he dicho. Como tu asesora sentimental, te digo que te folles a ese chico, porque está demasiado bueno. Y está loquito por ti.
—La cuestión, Amber… —le digo, reconduciendo la conversación—. Es que… ¿Tienes algo que hacer estas vacaciones de primavera?