Vas a experimentar (Chicos de Uniforme 8) 24
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¿ESTÁS BIEN?

Jacob

—¡Joder, la temperatura ha subido cinco grados! —salta Arjun, levantándose de golpe de su taburete con los ojos desencajados—. El protocolo de lisis se va a la mierda. Si sigue subiendo, la muestra entera puede precipitar y nos quedamos sin datos para el informe de mañana.

El pitido intermitente del espectrómetro de masas resuena en el laboratorio, seguido por el parpadeo de las luces rojas de la consola principal. A mi lado, Lily suelta un bufido de pura desesperación y se pasa las manos por la bata.

—¡Jacob, mira el display ! —exclama Megan, girándose hacia mí con los ojos abiertos como platos—. La bomba peristáltica ha cogido aire y la temperatura se dispara. ¿Qué hacemos? ¿Paramos el ciclo o intentamos enfriarlo de golpe?

El caos amenaza con devorar al grupo en cuestión de segundos. Es el clásico momento de pánico de segundo año: cuando algo sale mal, todos buscan una respuesta inmediata y dejan de pensar.

Desde mi posición, cruzado de brazos junto a la mesa principal, doy un paso al frente para frenar el desmadre antes de que echen a perder el lote entero. No voy a hacerles el trabajo. De nada sirve darles las respuestas si no aprenden a pensar bajo presión.

—Calmaos todos, ¿vale? —digo, levantando la voz lo justo para hacerme oír por encima de la alarma—. ¿Habéis revisado el flujo del tampón antes de culpar al bloque térmico? ¿Qué creéis que pasará si enfriáis la muestra de golpe?

Arjun frunce el ceño mientras mira los datos del monitor.

—Que el precipitado arrastraría el sedimento y nos cargaríamos la proteína —murmura Owen sin demasiado convencimiento.

—Exacto —asiento con seriedad. Me apoyo en el banco de trabajo, intentando infundir tranquilidad—. Así que pensad un segundo. ¿Cuál es el siguiente paso lógico?

Los cuatro se quedan en silencio, analizando las lecturas e intentando dar con la respuesta bajo mi supervisión.

Entonces Sofía da un paso al frente.

Hace amago de hablar un par de veces, dudando, pero toda esa timidez con la que suele arrastrarse por los pasillos desaparece de repente.

—No es un fallo del bloque —dice con seguridad—.

Si el tampón se ha alterado por el calor, enfriarlo de golpe no va a solucionarlo.

Tenemos que cambiar el pH del tampón de lisis del rack tres antes de que el complejo se desnaturalice.

¿Verdad, Jacob? —añade, volviéndose hacia mí con una mezcla de osadía y súplica en los ojos, buscando mi validación.

—¿Estás segura? —pregunta Lily, parpadeando con incredulidad ante el atrevimiento de su compañera.

Me quedo helado, mirándola fijamente.

No solo ha detectado el problema a la primera, sino que se ha saltado mi fase de preguntas para dar directamente con el diagnóstico.

—Tiene razón —confirmo, cruzando de nuevo los brazos y conteniendo una sonrisa—. Es exactamente eso. El tampón ha derivado.

—Absolutamente... o eso creo —se corrige Sofía al instante, tragando saliva al darse cuenta de que se ha venido muy arriba. Baja el tono cuando nota que todos la miran—. Pero si preparamos buffer fresco y ajustamos el pH, deberíamos poder salvarlo.

Aparta la vista de mí con las mejillas encendidas.

—A ver... ¿hacemos eso? —pregunta, volviéndose hacia mí para pedir luz verde.

—Sí. Megan, ve por hielo picado y un vial de buffer . Owen, prepara la centrífuga a cuatro grados. Y Arjun, deja la pantalla y ayúdame con la línea B.

—¿Seguro que no saltará el rotor si metemos el buffer frío así de golpe? —interrumpe Arjun, parpadeando con duda y mirándonos a ambos.

Veo que el grupo empieza a precipitarse otra vez, tentando a la suerte con los márgenes de error. Necesito intervenir antes de que estos chicos hagan explotar el laboratorio entero.

—Tiene buen criterio —intervengo, dando un paso al frente y apoyando una mano en el banco de trabajo, recuperando mi papel de profesor—. Hazle caso a Sofía, Arjun. Pero antes de purgar, revisad la presión de salida de la bomba para evitar sobrecargas.

—Exacto —asume Sofía al vuelo, volviéndose hacia él—. Haz eso primero y luego metemos el buffer . Venga, rápido.

Asiento despacio, conteniendo una sonrisa ante su iniciativa.

Lo fascinante no es solo que tenga razón, sino ver cómo Owen, Megan, Lily y el propio Arjun asumen sus directrices al instante.

Desde mi sitio, supervisando cada movimiento con los brazos cruzados, la observo desenvolverse con el ceño fruncido por la concentración.

Ya no es solo una cara bonita que me distrae más de la cuenta. Es una mente brillante, con un talento descomunal que acaban de descubrir todos los demás. Y yo, muy a mi pesar, empiezo a mirarla con unos ojos completamente nuevos.

El zumbido constante de los equipos al volver a sus revoluciones normales marca el final de la crisis. Poco a poco, el resto del grupo empieza a recoger el material sobrante, suspirando aliviados mientras borran las alertas de las pantallas.

—Buen trabajo, chicos. Ya podéis marcharos, hemos terminado por hoy —les digo, mientras continúo apoyado contra el borde de la mesa principal.

Lily y Megan son las primeras en coger sus mochilas, seguidas de cerca por Owen y Arjun, que salen del laboratorio bromeando en voz baja y lanzándole a Sofía una última mirada de respeto.

En cuestión de segundos, la puerta se cierra y el silencio vuelve a instalarse entre las paredes de azulejos blancos.

Sofía, que se ha quedado rezagada recogiendo el material, coge su bolso y se dispone a salir tras ellos.

—Sofía, ¿te importa quedarte un momento? —la detengo antes de que abra la puerta.

Se queda completamente paralizada, con la mano en el pomo. Tarda un par de segundos en respirar hondo, girarse despacio y mirarme con la barbilla ligeramente alta.

—Claro, Jacob. ¿Qué querías?

Me acerco despacio, metiendo las manos en los bolsillos de la bata.

—No es nada malo, eh? —le digo, al ver su postura a la defensiva—. Solo quería felicitarte. Has estado brillante. No muchos habrían sabido reconducir la situación así de rápido. Te has ganado el respeto del grupo, por si no te has dado cuenta.

Ella parece relajarse tras mi comentario, y su postura cambia por completo, al igual que su expresión, que intenta disimular una pequeña sonrisa.

—Solo intentaba que no explotara nada. O que no nos echaran a todos —bromea, aunque se le nota el orgullo en la voz.

—Oye… —bajo un poco el tono, eligiendo las palabras con cuidado—. Mira, no quiero parecer intrusista ni que pienses que me estoy extralimitando en mis funciones, pero … ¿Estás bien?

—Perfectamente.

—Me refiero a, bueno, ya sabes —dudo, maldiciendo en silencio por haber sacado el tema—. El otro día te fuiste mal y en la fiesta ibas un poco…

—¿Sinceramente? Estoy genial, Jacob —responde con una firmeza que me desarma—. Lo de la fiesta fue una chica de veinte años pasándolo bien. Tampoco creo que sea la primera ni la última que se pasa bebiendo en una noche así.

—Por supuesto —asiento—. Solo quería comprobarlo.

—Pues ya me ves. Centrada en mis estudios y en las prácticas.

Y es verdad. No puedo negar que se la ve bien. Demasiado, joder. Y cuanto más tiempo paso con ella, cuanto más la veo moverse por el laboratorio o nos cruzamos en los pasillos, más evidente se vuelve lo que intento evitar. El único que no está nada bien soy yo.