Vas a experimentar (Chicos de Uniforme 8) 19
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OTRA FIESTA MÁS NO,

POR FAVOR

Sofía

Necesitaba volver a la rutina de las clases y del laboratorio. Estas dos semanas con la mente ocupada y el horario hasta arriba me han venido de maravilla para no pensar.

Sí, he dejado de pensar en Robert —al que apenas he visto una sola vez desde que volvió de Filadelfia—, en mi padre y en nuestro eterno tira y afloja.

De lo único que no me he librado es de la mala sangre que me dejó la conversación con Jacob en Nochevieja, sobre todo porque a él sí que lo tengo que ver en las prácticas del laboratorio todas las tardes después de clases.

Mis compañeros del grupo cotillean a mis espaldas; sé de sobra lo que piensan, que estoy ahí metida únicamente porque me acuesto con Robert, aunque de eso, últimamente, nada de nada.

Y Jacob, bueno… él está distante conmigo, y supongo que es porque sabe que se pasó de la raya diciéndome todas esas cosas aquella noche.

Así que, en el campus, sigo teniendo solo a Amber como mi apoyo emocional.

Y menos mal, porque si no, creo que me volvería loca.

Por eso, cuando me pide que la acompañe a la Winter Activities Fair , la feria de clubes de principios del trimestre de invierno, acepto sin dudarlo.

Ella quiere explorar opciones para un proyecto de cine; yo, en cambio, ni siquiera tengo hueco en la agenda para respirar.

La feria es un caos de puestos, folletos de colores y estudiantes gritando por encima de la música. De pronto, al fondo, sentado detrás de una mesa con carteles de posgrado, veo a Jacob.

—Eh —me dice Amber, dándome un codazo descarado—. ¿Ese no es el tío buenorro que te da las prácticas y que vimos en Nochevieja?

—Sí —murmuro entre dientes—. Y también es el imbécil que resulta ser sobrino de Robert.

—¡No me jodas! ¿Sobrino de tu Robert? ¿Por qué no sabía eso? Venga, vamos a acercarnos —dice toda resuelta, tirando de mí.

—Espera, Amber, no, por favor. Tuvimos una discusión bastante fuerte y ya bastante tengo con aguantarlo en el laboratorio como para...

—No digas tonterías. Quiero hablar con él.

Y antes de que pueda frenarla, allí estamos.

Ver a Amber coquetear con Jacob de esa manera tan desenvuelta no me hace ninguna gracia. Él le devuelve la sonrisa, relajado, mientras a mí apenas me dedica una mirada distante y me ignora por completo.

Aprovecho un descuido y me despido con la mano mientras ellos siguen hablando.

Me alejo para dar una vuelta por otros puestos donde los demás estudiantes intentan captar adeptos para sus clubes.

Acabo entrando en el Ackerman Union; allí, junto a la cafetería, el enorme ventanal de cristal está sepultado bajo decenas de folletos y carteles.

Me quedo mirando la maraña de anuncios sin ver gran cosa, hasta que Amber aparece por detrás y me da un golpecito en el hombro.

—Tu científico sexy ha dejado de sonreír en cuanto te has largado. Creo que le gustas, amiga.

—Qué va, no digas tonterías —le replico, rodando los ojos—. Le caigo fatal.

—Bueno, ya sabes lo que dicen: cuando a un chico le gustas, busca cualquier excusa para meterse contigo.

—Sí, claro, y te tira de las coletas como en la guardería. Pero este no es el caso, créeme.

Amber se coloca a mi lado y mira en la misma dirección que yo, al cristal atestado de papeles. Sin embargo, ella parece tener un escáner completamente distinto al mío, porque señala de inmediato uno de los carteles de colores más llamativos.

—¡Mira esto! —dice con entusiasmo—. ¡Una fiesta Anti-Valentine's ! Me encantan.

Mi amiga empieza a hablar sin frenos, emocionada con la idea de ir a otra fiesta, mientras yo me quedo fija en la fecha del cartel. A diferencia de ella, en lo único que puedo pensar es en organizar algo para pasar el día de los enamorados con Robert.

Y San Valentín se acerca entre clases y prácticas sin que me haya atrevido a proponerle algo especial.

He pasado por todos los estados de ánimo y por mil posibles propuestas.

Aunque siempre le haya insistido en salir a cenar fuera, para ese día creo que prefiero todo lo contrario; de hecho, pienso que incluso es mejor.

Le haré sentir cómodo, en su casa, y le prepararé la cena más romántica que le hayan hecho nunca.

Además, le daré una tarjeta y el regalo que llevo semanas buscando y que por fin ayer me llegó: una primera edición en inglés de The Mechanism of Mendelian Heredity , un tratado clásico de genética que llevaba meses intentando conseguir. Una edición de coleccionista.

Amber sigue empeñada en acudir a esa famosa fiesta Anti-Valentine's , y yo sigo negándome, completamente ilusionada con lo que estoy preparando para él.

Por si fuera poco, el otro día me escribió diciendo que vuelve dentro de dos días de Sacramento, así que el catorce estará en Los Ángeles. No hay excusa.

Son las diez de la noche y, aprovechando que recibo un mensaje suyo, decido llamarle por teléfono.

—¿Cómo ha ido la conferencia? —le pregunto.

Él me suelta una retahíla de detalles técnicos y datos que ahora mismo no me interesan en absoluto. Solo puedo pensar en hacerle la invitación, así que apenas escucho lo que dice.

—Robert, una cosa —le interrumpo en cuanto hace una pausa—. ¿Te parece si el martes te preparo la cena en tu casa?

—¿Quieres hacerme la cena? Podemos pedir una pizza, no hace falta que te molestes.

—Quiero hacer algo especial. Es nuestro primer San Valentín.

Espero tras el auricular, preparada para alguna excusa, para una negativa de última hora... pero no estoy en absoluto preparada para lo que llega a continuación. A través de la línea lo escucho reírse a carcajadas, sin filtros ni medida, y a mí se me cae el mundo encima de golpe.

—¿Quieres celebrar San Valentín? —dice, todavía divertido—. Sofía, por favor… Vaya tontería. No me digas que tú también te crees esas campañas de marketing comercial. Te creía bastante más inteligente.

Me quedo helada, sin capacidad de reacción al otro lado del teléfono, mientras escucho sus risas y burlas con los ojos llorosos.

Sí, yo también me creía muy lista. Ahora veo que lo único que soy es una completa y absoluta imbécil.