Vas a experimentar (Chicos de Uniforme 8) 10
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RESULTADO PARCIAL

NO CONCLUYENTE

Jacob

Volver a la rutina del laboratorio después de la fiesta de Halloween es exactamente lo que necesitaba. Con el regreso de Robert por fin puedo desentenderme de sus clases y reenfocarme en mi máster y en las prácticas con los de segundo.

Ha sido una semana entera sin vernos debido a los exámenes parciales de los chicos, y ese respiro me ha venido de perlas para enfriar los ánimos.

Temía que volver a ver a Sofía después del vergonzoso episodio con Cindy en la fiesta de Halloween fuera incómodo.

Pero o bien ella no lo recuerda demasiado o yo puede que exagerara mi percepción de lo que sucedió.

En cualquier caso, la distancia y el tiempo han servido de colchón para rebajar la tensión.

Alrededor de las mesas estamos centrados en una tarea rutinaria pero crucial para la primera fase del proyecto NOVA: preparar y purificar los cultivos celulares para el análisis de expresión génica, asegurándonos de que no haya contaminación cruzada antes de pasar los datos al servidor.

La puerta del laboratorio se abre y Robert aparece sonriente, con la bata desabrochada y una expresión satisfecha.

—¿Cómo van esas muestras? —nos pregunta al entrar.

Me pilla justo en mitad de la purificación, así que, casi sin levantar la vista de las muestras, sigo moviendo las pipetas con cuidado mientras le explico:

—El protocolo está al 90%. Hemos ajustado los tiempos de incubación para eliminar los fallos de la última serie; los cultivos están limpios y listos para la cuantificación.

Robert asiente y se pasea por el laboratorio. Recorre las mesas con las manos a la espalda, deteniéndose unos segundos detrás de cada uno y observando el trabajo con atención antes de dar el siguiente paso. Cuando llega al otro lado, se detiene frente a Owen.

—¿Qué parámetro es el que más nos puede desvirtuar la expresión génica en esta fase de purificación? —le pregunta.

Él duda. Suelta una respuesta rápida y poco precisa, mencionando el error de temperatura de la centrífuga. Robert niega con la cabeza, decepcionado.

—No, eso es un error de procedimiento, no del proceso en sí.

Lily levanta la mano al instante, con ganas de lucirse.

—¿La concentración de ARN mensajero? —dice, intentando sonar segura.

Robert deja escapar un suspiro corto y ladea la cabeza cerrando los ojos.

—Casi, Lily. Pero es la contaminación por nucleasas lo que realmente nos preocupa.

Sofía, que ha estado escuchando en silencio desde su sitio, levanta la vista sin apenas alzar la voz.

—En realidad, si el buffer de lisis no se ha preparado a un pH exacto, la degradación es inevitable, independientemente de la temperatura o la carga —comenta ella, encogiéndose de hombros con total indiferencia.

Robert la mira con atención. Su expresión cambia al instante, y una sonrisa de satisfacción demasiado evidente ocupa toda su cara.

—Buena respuesta —le dice—. Es exacto. Ahora entiendo perfectamente los resultados de los parciales.

Se dirige entonces al resto del grupo, levantando un poco más la voz para asegurarse de que todos lo escuchen.

—He revisado las notas de los exámenes de Biología Molecular. En general, el nivel ha sido alto, pero quiero destacar especialmente tu trabajo, Sofía; tu examen ha estado a otro nivel.

Me quedo en silencio, observando la reacción de cada uno. Hay un murmullo incómodo que recorre el laboratorio, pero Robert, ajeno a la tensión o simplemente ignorándola, vuelve a centrarse en ella.

—De hecho, me gustaría repasar contigo algunos puntos específicos de tu desarrollo sobre la regulación genética, Sofía. ¿Puedes acompañarme al despacho un momento?

El silencio que se queda en la sala tras la salida de ambos es extraño. Yo vuelvo a la cabina y me centro en el trabajo.

—Seguid con el protocolo —les digo sin levantar la vista—. Tenemos que esperar a que el precipitado se estabilice en la placa de microtitulación antes de añadir el reactivo de detección; si os precipitáis ahora, el resultado no servirá de nada.

Nadie hace ningún comentario, pero veo cómo todos giran la cabeza hacia el pasillo, mirando en dirección a la zona de los despachos.

El silencio lo rompe Arjun.

—Está claro quién es la favorita del profesor Mitchell, ¿no?

—Más que claro —concuerda Lily—. La chica sabe cómo ganarse el sobresaliente.

Owen y Megan no dicen nada, pero las sonrisas que cruzan les delatan. Sea lo que sea lo que insinúan, están de acuerdo.

—Los hay que hincamos los codos —dice con ironía Lily—, y otras que prefieren hincar...

—Eh, ¿qué coño pasa aquí? —intervengo, cortándola antes de que termine la frase al ver que el tono empieza a cruzar la línea de la mala educación.

—Nada, Jacob —responde Arjun, agachando la cabeza con disimulo y volviendo a su mesa—. Solo comentamos lo que se dice por el campus.

—En primer lugar, esto no es la cafetería de la universidad. No estamos en el césped cotilleando al sol —les respondo enfadado y alzando la voz—. Lo segundo es que me parece bastante rastrero que habléis así de una compañera a sus espaldas, justo cuando acaba de salir del laboratorio.

Tomo aire. No sé por qué me estoy enfadando tanto, pero el comentario me parece mezquino e impropio de estudiantes universitarios.

—En tercer lugar —continúo en el mismo tono—.

Yo mismo he corregido algunos de vuestros exámenes parciales.

Robert está demasiado ocupado para eso así que, si tenéis alguna queja sobre los resultados, deberíais empezar por transmitírmela a mí o al profesor Kauffman, que también se encargó de corregir vuestros exámenes.

Noto que se me tensa la mandíbula más de la cuenta. No entiendo del todo este arrebato, pero los comentarios que acaban de soltar me revuelven por dentro.

—Lo que tenéis que hacer es estudiar y trabajar el doble en vez de ir metiendo mierda de una compañera a sus espaldas —digo, mirándolos fijamente —. Debería daros vergüenza.

El silencio en el laboratorio es tan absoluto tras mi bronca que incluso puede escucharse el zumbido del termociclador al fondo de la sala.

—Yo… lo siento, Jacob, no debí hacer ese comentario —se disculpa Arjun, tragando saliva con rapidez—. No volverá a ocurrir.

Los demás evitan mi mirada, manteniendo los ojos fijos en los cultivos y aguantando la reprimenda sin atreverse a rechistar.

—Más os vale —digo, zanjando la conversación.

Vuelvo a mi mesa sin ni siquiera mirarlos. Ellos regresan a su trabajo en silencio, recolocando las gradillas y agachando la cabeza. Pero yo ya no estoy viendo el material. De pronto, mi mente hace las conexiones que antes no fui capaz de ver.

La discusión en la fiesta de Halloween, cuando hablábamos de la película y de cómo el jefe de la protagonista le conseguía la audición a sus espaldas.

Recuerdo su reacción airada cuando lo califiqué de nepotismo.

Cómo ella defendió que la chica no tenía la culpa porque no le había pedido nada a nadie, y la forma en que su actitud cambió de golpe en cuanto salió el tema.

Sus reacciones cuando Robert entra en el laboratorio, las sonrisas disimuladas y a veces esa incomodidad evidente cuando él está presente. Todo encaja, encadenándose en mi cabeza hasta formar un puzle que al fin puedo ordenar.

Y sé, muy a mi pesar, que no me molesta que hablen así de mi tío. No es la primera vez que dicen que tiene predilección por las estudiantes y, de hecho, si se confirma que Sofía está con él, no es la primera alumna que cae en su órbita ni dudo que sea la última. Robert siempre ha sido así.

Pero esta vez… Que esta vez sea ella me revuelve por dentro de una forma que ni yo mismo sé gestionar.

Cuando la puerta del laboratorio se abre y Sofía entra, la incomodidad de todos es más que evidente.

Ella mira a sus compañeros, que bajan la vista de inmediato hacia la mesa y vuelven a sus puestos sin atreverse a decir nada. Luego me mira a mí, y en sus ojos leo la pregunta en silencio: ¿Qué ha pasado aquí?

Sofía es inteligente y, aunque intenta disimularlo, sé que ha notado cómo el ambiente se ha vuelto irrespirable.

—Jacob, ¿qué hago ahora? —me pregunta, acercándose a mi mesa.

—Termina de purificar las muestras de la tanda de ayer y monta los geles de electroforesis —le digo, alargándole el cuaderno de protocolos—.

Ah, y por cierto, Sofía, enhorabuena por el resultado de tus parciales.

Eres de lejos la que ha obtenido las mejores calificaciones.

Tanto el profesor Kauffman como yo nos quedamos bastante impresionados.

Los demás no levantan la cabeza, pero no necesito ver los ojos de Arjun y, sobre todo, los de Lily para saber que ahora mismo se están consumiendo de rabia.

—Sí, Sofía, enhorabuena —dice Megan desde el fondo, intentando arreglar el mal ambiente de antes.

Al oírla, la tensión de la sala baja un poco. Owen le da un apretón rápido en el hombro al pasar por su lado, Arjun le dedica un asentimiento serio pero que parece sincero, y hasta Lily, tragándose el orgullo como puede, le suelta un «felicidades» desde su mesa.

Las dos horas que quedan de práctica pasan en silencio, pero ya sin la tensión de antes. Cuando llega la hora de terminar, todos empiezan a recoger y se van, dejándome solo en el laboratorio entre el zumbido constante de los equipos.

Apago la última pantalla, cojo las llaves y, al cruzar la puerta, veo a Sofía esperándome en el pasillo. Se ha quedado ahí solo para hablar conmigo.

—¿Hay algún problema? —me pregunta directamente.

—¿Problema en qué sentido? —contesto, disimulando.

Pero ella se me queda mirando, ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos, como si quisiera ver dentro de mi cabeza.

—Ha pasado algo mientras yo me he ido al despacho con Ro… con el profesor Mitchell, ¿verdad?

—No ha pasado nada, Sofía —le miento sin pestañear—. Pero ya sabes cómo es este mundillo. La gente es muy competitiva y la envidia es muy mala.

—¿Envidia? —repite, frunciendo el ceño.

—Sí. Solo puedo decirte que sigas trabajando así. Lo estás haciendo bien.

Me voy de allí con la sensación de haberla engañado a medias, sabiendo que tarde o temprano va a tener que chocar contra la realidad de lo que se dice a sus espaldas. Pero al menos por hoy, lo he esquivado.