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PROYECTO NOVA
Sofía
La primera semana de clases siempre es la más estresante. No por el trabajo en sí, sino por todo lo que conlleva vivir en una residencia como The Hill.
Hay que volver a acostumbrarse al ritmo frenético del campus, revisar los programas de todas las asignaturas, organizar un calendario que ya nace lleno de entregas y prácticas, comprar el material que falta y comprobar que el horario encaja como esperabas.
A eso se suman las interminables colas en los comedores, los correos de los profesores que no dejan de llegar y la sensación de que el trimestre empieza a correr desde el primer minuto.
Y, en mi caso, además está la solicitud para el Proyecto NOVA.
Actualizar el currículum, pedir el expediente académico, redactar una carta de motivación que destaque entre decenas de candidatos… Todo antes de que termine la semana.
Luego, adaptarme a ver cada día en clase a Robert y tener que aguantarme las ganas de abrazarlo y besarlo en cuanto entro en clase.
Tan solo hemos podido quedar un día en toda la semana y, como siempre, ha sido insuficiente para mí. Él insistió en que no deberíamos vernos hasta que se hiciera la selección de los estudiantes. Decía que no era prudente ni para mí ni para él que nos relacionaran antes de tiempo.
Es tan sensato que no puedo evitar compararlo con todos los niñatos que he conocido en mi vida. Aunque hemos hablado a menudo por mensajes, él siempre tarda una eternidad en contestar por culpa del trabajo.
A mitad de semana, cansada de esperar y de tanta pantalla, fui directa al grano:
Necesito tocarte, besarte y hacer el amor contigo
Joder, Sofía, no sé si es buena idea.
Tú sabrás, pero yo no respondo de mis actos mañana en clase. No llevo bien esto de la abstinencia.
Terminó accediendo. Mientras Robert me besaba, yo intentaba concentrarme en sus manos recorriendo mi piel, pero lo único que mi cerebro proyectaba una y otra vez era la frase de aquel estudiante: «El profesor Mitchell tiene una nueva putita» .
En cuanto empezó a desnudarme, en lugar de dejarme llevar por el deseo acumulado de toda la semana, solo podía ver las caras de esos estúpidos mofándose de mí, repitiendo sus asquerosos rumores sobre cómo me depilaba o sobre el tamaño de mis tetas y mi culo.
Si ya me sentía observada, juzgada y sucia antes de empezar a hacerlo con él, durante todo el tiempo me resultó imposible relajarme y disfrutar como quería. A pesar de sus esfuerzos, me quedé a medias, con una frustración enorme conmigo misma por no ser capaz de desconectar.
Me levanté de la cama nada más terminar con la excusa de ducharme, conteniendo las ganas de llorar de pura rabia. Y mientras el agua caía sobre mi cuerpo, la pregunta se me quedó grabada en la cabeza: «Joder, ¿esos malditos gilipollas me han arruinado el sexo con Robert?»
Entro en el aula magna arrastrando el cansancio y el estrés acumulado de toda la semana, con los nervios a flor de piel.
Según Amber estoy insoportable, y la verdad es que no le falta razón; es una mezcla de frustración y ansiedad, todo muy ligado a mis últimos encuentros con Robert y también a las discusiones por teléfono con mi padre.
Aunque se supone que es una clase más del calendario, el ambiente es completamente distinto al de cualquier otro día.
Nos miramos de reojo, sintiendo que, en vez de compañeros, nos encontramos en una competición donde nos jugamos toda la carrera.
Más de sesenta aspirantes ocupamos los asientos escalonados, con la atención fija en el estrado.
La puerta lateral se abre y entra Robert. Debería sentirme aliviada y contenta de verlo, pero él ni siquiera me mira, y sé que es porque no quiere dejar pistas sobre lo nuestro. O al menos eso quiero creer para no comerme la cabeza.
Le sigue un grupo de asistentes —doctorandos y alumnos de máster cargados con carpetas y portátiles—.
Los presenta de pasada, sin nombrarlos, y ellos se quedan detrás, con los brazos cruzados, en un segundo plano, dejando el verdadero protagonismo a Robert como si fuera un político a punto de dar un mitin.
Empieza a hablar y la sala entera se queda en un absoluto silencio. Casi se nos puede escuchar respirar.
Explica los detalles del Proyecto NOVA, centrando el foco en los pilares fundamentales de su investigación: inmunoterapia traslacional aplicada a tumores sólidos.
Su voz parece mantenernos a todos hipnotizados.
Es imposible negar su carisma, su inteligencia y la brutal importancia de su proyecto: conseguir que las defensas naturales del cuerpo aprendan a reconocer y destruir mejor las células cancerosas, especialmente en aquellos tumores que han encontrado formas de esconderse del sistema inmunitario.
Y viéndole ahí arriba, sé de sobra que cada uno de los sesenta aspirantes que ocupamos los asientos daría lo que fuera por entrar en ese laboratorio.
—Durante toda esta semana mis asistentes han estado revisando cada una de las solicitudes —comenta Robert, recorriendo con la mirada las filas de estudiantes—. Pero antes de anunciar nada, quiero dejar muy claro el método de selección.
Hace una pausa, apoyando las manos en el atril.
—Las solicitudes se han evaluado completamente a ciegas.
El administrador del departamento se encargó de borrar cualquier dato identificativo en cada expediente antes de repartirlo entre el equipo.
Ninguno de los miembros del equipo de selección sabía a quién pertenecía cada perfil.
Los candidatos aparecían únicamente bajo una etiqueta numérica: Candidato 07, Candidato 12, Candidato 18...
Continúa explicando que los expedientes solo incluían el GPA, las asignaturas cursadas, la carta de motivación y la disponibilidad. Cero nombres, cero sexo, cero nacionalidad y ni una sola fotografía.
—Por lo tanto —remata Robert con absoluta seriedad—, los estudiantes seleccionados para formar parte del equipo lo han sido única y exclusivamente por sus méritos académicos y su disponibilidad. No hay margen para dudas sobre el rigor del proceso.
Tras sus palabras, la pantalla motorizada del aula desciende lentamente desde el techo y en ella se iluminan las fechas y los horarios del laboratorio.
Robert la mira un instante antes de volver la vista hacia todos nosotros.
Luego nos explica brevemente que las prácticas de su proyecto empiezan este mismo lunes, que el ritmo va a ser duro y que los candidatos escogidos tendrán que esforzarse y trabajar el doble que el resto para seguir el nivel.
—Estudiantes —añade al final, recogiendo sus notas del atril—, los nombres de los elegidos están ya publicados en el tablón de anuncios. Enhorabuena. Nos vemos el lunes.
Dicho esto, da media vuelta y se marcha sin volverse a mirarme ni un solo segundo.
Le siguen de inmediato todos sus ayudantes, cruzando la puerta lateral y dejando atrás el silencio de la sala, que se rompe de golpe en una desbandada general.
Los alumnos salen corriendo hacia el pasillo para comprobar si sus nombres están en la lista; yo, en cambio, salgo despacio, consciente de que no estaré entre esos cinco elegidos.
Recojo mis cosas con desgana. Si me hubiera seleccionado, al menos me habría regalado una mirada de reojo, un segundo de complicidad. Pero ha evitado cruzar los ojos conmigo de principio a fin; desde que ha entrado en el aula magna, no me ha buscado ni un solo instante.
Salgo al pasillo y el barullo frente al tablón de anuncios parece más el de un instituto esperando los resultados del equipo de animadores que el de una facultad de ciencias.
Los comentarios y las caras de decepción se suceden y, en medio, salta alguna exclamación de entusiasmo.
Veo a gente felicitando a los afortunados mientras otros se encogen de hombros.
—No tenía muchas esperanzas, la verdad —dice un chico.
—Bueno, al menos nos ahorramos el suplicio... —suelta otra marchándose resignada.
El gentío alrededor del tablón se va despejando poco a poco. Cuando por fin me acerco y levanto la vista, leo el membrete oficial del departamento en la parte superior del impreso:
DEPARTAMENTO DE INMUNOLOGÍA AVANZADA PROYECTO NOVA - ADMISIÓN DE ALUMNOS DE SEGUNDO CURSO
Arjun Patel Lily Chen Megan Reed Owen Sullivan Sofía Edwards
Me quedo paralizada, con el aire atrapado en los pulmones.
Mi nombre está ahí, negro sobre blanco, reventando todas mis suposiciones.
Al pie de la hoja, el sello del comité de evaluación y, validando la asignación práctica del personal de apoyo, la rúbrica del estudiante de máster encargado de la coordinación del grupo en el laboratorio: Jacob Bowman.