Vas a cruzar (Chicos de Uniforme 7) 52
87%

52

Callie

—¿Dónde os habéis metido?

Son casi las nueve. Lo último que esperaba hoy era ver a Rodrigo y a Lauren aparecer juntos.

El barco ha sido un infierno con la inspección de Sanidad; apenas he tenido un respiro.

A la mayoría de los que nos hemos dejado la piel durante la crisis en el barco nos han dado dos días libres.

Adam y yo, junto a los de la banda, hemos aprovechado para ir a Texas City: compras, estirar las piernas y volver con las pilas puestas.

Después de este crucero, nos lo hemos ganado.

—Hemos estado en Galveston —dice Rodrigo sin mirarme—. Ahora tengo que hablar con el capitán. ¿Nos vemos luego, Lauren?

—Claro. En el wardroom —responde ella con una sonrisa.

El hecho de que vengan juntos ya me mosquea, pero esa complicidad que de repente vuelven a tener me revuelve algo por dentro.

Llevan semanas sin hablarse, tratándose como enemigos y, de repente, los veo ahí, intercambiando sonrisas y confidencias como si nada.

Es extraño, sí, pero lo que realmente me saca de quicio es que Rodrigo pase a mi lado y ni siquiera se moleste en mirarme.

Se aleja, y me quedo quieta en el sitio, ajustándome el bolso al hombro para disimular. Lauren me toca el brazo y, sin decir palabra, me guía hacia una zona apartada de la cubierta.

—Callie, tenemos que hablar —dice, muy seria.

El buen humor de la tarde se me evapora de golpe. No sé qué ocurre exactamente, pero sí que esto va a ir mal; no hace falta ser ningún genio.

—¿Qué cojones pasa, Lau?

—Ven conmigo a la proa, por favor.

Camina delante de mí sin decir nada. Intento romper el hielo, le cuento lo de las tiendas, la ropa que he visto y el top dorado que me he comprado, insistiendo en que le encantará y que se lo prestaré.

Ella no me sigue el juego, no hace un solo comentario, ni se vuelve para mirarme.

Cuando llegamos a la cubierta de proa, el aire entre las dos se vuelve cargado y me pone muy nerviosa.

—Antes de nada —empieza ella—, quiero que sepas que no tengo nada en contra tuya. Hemos decidido entre Rodrigo y yo que lo mejor era que fuera yo quien hablara contigo.

—Me estás asustando, Lauren. ¿Desde cuándo tomáis decisiones juntos? ¿Y por qué tenéis que hablar conmigo?

—Como te acabo de decir, hemos acordado que hable yo. Rodrigo… Bueno, él está bastante enfadado. —Lauren se separa de la barandilla y se gira hacia mí, apoyando las manos en las caderas—. Te lo voy a preguntar directamente, Call. Por favor, no me mientas.

—¿De qué cojones hablas? Suéltalo ya.

Lauren respira hondo, sin apartar la vista de mi cara.

—De acuerdo —dice, soltando el aire—. El día que Florencia me obligó a doblar turno e ir a la recepción Diamond del señor Von Hindenburg y sus hijos… ¿Te acuerdas?

—Sí, vagamente —respondo, encogiéndome de hombros para restarle importancia—. ¿Qué pasa con eso?

—Te pedí que le dijeras a Rodrigo que no podría quedar con él y que tenía que sustituir a una de mis compañeras.

—Sí, ¿y?

—Sabes que habíamos discutido esa misma tarde. ¿Le dijiste que me había ofrecido voluntaria?

—No me acuerdo —protesto mientras noto un sudor frío recorriéndome la espalda—. No sé qué le dije exactamente, pero si me lo pediste, supongo que lo hice. ¿A qué viene esto?

—A que Rodrigo dice que no. Dice que tú le contaste que me ofrecí voluntaria. Y recuerdo muy bien que, a la mañana siguiente, me dijiste que él se había ido del crew bar con Alison, la animadora.

—Yo no te dije eso, Lauren.

—Claro que sí. Me lo dijiste y además añadiste que Rodrigo siempre hacía lo mismo. Pero él asegura que no fue así.

Lauren sigue inmóvil, recostada contra la barandilla, con una calma que me saca de quicio.

Yo, en cambio, soy incapaz de quedarme quieta; empiezo a deambular de un lado a otro de la cubierta, dando pasos rápidos y marcando el ritmo contra el suelo de metal.

Me cruzo de brazos, intentando disimular el temblor de mis manos mientras el viento marino me golpea en la cara.

—Si tenéis problemas de comunicación, no es asunto mío. Además, ¿desde cuándo estáis juntos otra vez?

—Eso no importa ahora. Hemos estado todo el día hablando, contrastando cosas. Y hay mucho que no encaja.

—Pues lo siento, pero sigo sin entender qué tengo yo que ver con vuestros dramas.

Lauren no se inmuta. Sigue mirándome desde su posición, esperando. Me detengo de golpe, con la espalda cargada de tensión, sintiendo que cualquier palabra que diga ahora solo servirá para hundirme más.

—Pues la cuestión es que ambos hemos llegado a la conclusión de que sí. Tienes bastante que ver con nuestros dramas. ¿Le dijiste a él que yo había pasado la noche con uno de los hermanos?

—¡No! —niego rotundamente—. Mira, me largo de aquí.

Doy un giro brusco hacia la puerta de acceso, pero apenas he avanzado dos metros cuando siento sus dedos cerrarse alrededor de mi antebrazo. No es un agarre fuerte, pero es lo bastante firme como para obligarme a frenar en seco.

—Callie, por favor. No te vayas.

—Deja que me vaya, Lauren —le pido, bajando el tono, intentando que no me tiemble la voz.

—Creo que sé por qué lo has hecho, Call. Te entiendo, pero no ha estado bien, y lo sabes.

Me aparto de su agarre de un tirón y me encaro a ella, invadiendo su espacio personal para obligarla a retroceder.

—Tú no tienes ni puta idea, ¿te enteras? Así que no te hagas la inocente, ¿de acuerdo? No me conoces en absoluto, no sabes nada de lo que he tenido que aguantar y…

Me detengo mientras el aire salado de la cubierta me bloquea la garganta y los ojos me pican con fuerza.

Intento contener el llanto, pero resulta inútil.

Lo peor no es sentirme descubierta, sino reconocer frente a ella —a quien ha sido mi mejor amiga estos meses— que sí, que soy culpable de todo.

Y si Lauren conoce los motivos, si sabe que he hecho todo esto porque estoy enamorada de Rodrigo, significa que él también lo sabe.

Lauren me rodea con los brazos y me atrae hacia ella. Toda la tensión acumulada se rompe en cuanto me hundo contra su hombro y dejo salir el llanto que estaba conteniendo. Me quedo inmóvil, abandonándome a la presión de sus brazos mientras me vacío por dentro, sin nada más que decir.