Capítulo 16
Rodrigo
Llegué corriendo a la casa donde vivían Libertad y su hermana, pero no me abrió nadie. Aun así, no desistí y me quedé allí esperando a que llegara alguien, con maleta incorporada, porque ni siquiera había pasado por mi casa.
La primera en aparecer fue Alegría, que me miró con tan mala cara que supe que algo había ocurrido. Ahora solo me faltaba averiguar qué era eso tan grave que había hecho para que me tratara de aquella manera.
—¿Qué coño estás haciendo aquí?
—Venir a pedir una explicación, pero no a ti, sino a tu hermana.
—¿Tienes los santos cojones de venir a pedirle explicaciones a ella? ¿Precisamente tú?
—Hombre, después de que me haya bloqueado, tú dirás.
—Bloqueado, dice. Si me haces eso a mí, te corto los huevos. Aunque, bueno, ya no te importaría, porque vas a tener tu primer hijo.
—¿De qué coño estás hablando?
—Mira, a mí no me vengas con las mismas milongas que le soltaste el otro día a mi hermana, porque yo sí que te he visto con ella y no me vale eso de la bebida.
—Te juro por lo más sagrado que no sé de qué me estás hablando.
—Pero ¿cómo puedes tener tan poquísima vergüenza?
—Si quieres seguir insultándome, hazlo, pero explícame lo que ha ocurrido, por lo que tú más quieras, para que, cuando me ponga delante de tu hermana, sepa por qué tengo que pedirle perdón.
—Uy, eso va a ser muy difícil, porque no está en la ciudad. Se ha marchado esta misma mañana y no volverá en un tiempo. Como comprenderás, no pensaba quedarse aquí mientras tú te casabas con tu novia, que, por cierto, está embarazada. ¿Necesitas algún motivo más?
—Me cago en la leche, eso me pasa por no habérselo dicho antes.
—Eso mismo. Si le hubieras contado que estabas a punto de casarte, ella no se habría acostado contigo.
—No era eso lo que tenía que haberle dicho, sino que tengo un hermano gemelo, que es quien va a casarse el próximo sábado y el que va a hacerme tío por primera vez.
—Claro que sí, y yo tengo un clon. Lo que pasa es que vive en Marte… o en miércoles, que tampoco lo sé con seguridad.
—¿Quieres que te lo demuestre?
—Como si no lo supieras y no lo tuvieras todo preparado.
—Coge tu teléfono, si quieres, y llama por videollamada a este número para que veas que no miento.
Alegría me miró sin saber si hacerme caso o mandarme a la mierda, pero, al final, sacó el teléfono y marcó el número que le había dado. Unos segundos después, la imagen de mi hermano apareció en la pantalla.
—Alegría, buenas tardes. ¿Algún problema con la boda?
—No, hermano, la he llamado para que vea que no soy yo quien se casa. Bien podrías haberme dicho que la organizadora de bodas que habíais escogido era Libertad.
—¿La conoces?
—Era la chica con la que pretendía ir a tu boda, pero me ha bloqueado hasta en el telefonillo.
—Coño, ahora entiendo todo lo que me dijo, pero no caí en que estuviera hablando de ti, te lo juro.
—¿Qué te dijo?
—Que no me merecía a la mujer con la que iba a casarme, que cómo tenía tan poca vergüenza de presentarme delante de ella y actuar como si no la conociera… Y te juro que le dije que se estaba confundiendo de hombre y que la próxima vez no bebiera tanto.
—Joder, con razón me ha bloqueado. Lo que no entiendo es cómo no te ha dejado sin la continuación del apellido.
De fondo escuché a mi cuñada doblada de la risa, porque, si algo así podía pasarle a alguien, tenía que ser a mí. No podía ocurrirle a otro. Todo por mi manía de no contarle a nadie que tenía un hermano gemelo para evitar que nos compararan.
—Cuñado, la próxima vez vas a tener que llevar colgada del pecho una foto de los dos o una prueba de ADN.
—La culpa la tiene tu prometido. Si me hubiera contado lo que había pasado, habría podido sacarla de dudas. Joder, si ni siquiera estaba en la ciudad, acabo de llegar.
—Bueno, hombre, tampoco es para tomárselo así. Siempre puedes hablar con ella en la boda y entenderá que no eras tú quien se casaba —me dijo mi hermano.
—Eso sí que va a ser difícil, porque mi hermana no estará el día de la boda. Es más, seré yo quien se ocupe de todo a partir de ahora. Ella se ha ido a un crucero de solteros, pero… —dijo Alegría.
—¿Pero qué? Por lo que tú más quieras, Alegría, haz que vuelva para la boda.
—Voy a intentarlo, pero no te prometo nada —me respondió.
Cortó la llamada con mi hermano, que se había quedado bastante preocupado al ver mi estado de desesperación, y se puso en contacto con el hotel donde se alojaba Libertad.
Me cago en la leche. Si no me hubieran anulado aquella reunión, los dos habríamos estado en la misma ciudad y habría podido hablar con ella, aclararlo todo y conseguir que viniera conmigo a la boda.
No hubo manera de que la chica de recepción pusiera a Alegría en contacto con su hermana, pues Libertad había dejado muy claro que no quería que nadie la molestara con llamadas.
Sin embargo, le ofreció la posibilidad de enviarle un correo electrónico a la recepción, que le entregarían en cuanto la vieran salir.
—Voy a enviarle un correo y, si la conozco bien, en cuanto lo reciba, se pondrá en contacto conmigo.
—Adjunta el billete de avión de vuelta, por favor. Yo lo pago, pero pónselo todo muy fácil.
—Está bien, vamos a buscarle un vuelo de Valencia a Sevilla para hoy mismo, porque, si no, mañana se marchará de crucero.
—Joder, ya podían haberle buscado tus padres un apartamentito en Rota para que se fuera a la playa.
Alegría soltó una carcajada que resonó por todo el jardín, donde seguíamos hablando, concretamente en el porche trasero. Allí habíamos cenado la última vez y, de repente, acudieron a mi cabeza las imágenes de Libertad sentada en mi regazo. Habría dado todo lo que tenía por regresar a aquella noche.
Enviamos el correo electrónico a la dirección que nos había facilitado la recepcionista, después de dejarle claro que se trataba de algo muy urgente, y nos sentamos a esperar su llamada.
—Voy a por dos cervezas y algo de picar, porque tengo la impresión de que ni tú ni yo hemos comido nada.
—Pues no. Lo único que me he tomado ha sido un café en el aeropuerto antes de venir, pero tampoco creo que me entre nada.
—Bueno, tampoco voy a ponerte un plato de cocido.
—Joder, solo de pensarlo me están entrando unos sudores de muerte.
Alegría volvió a reír y noté que ya no era la misma persona que me había recibido. Comprobar que no era yo el novio, sino mi hermano gemelo, había hecho que se relajara un poquito, y aquello me gustó.
Dejó su móvil encima de la mesa del porche y me advirtió que, si sonaba y era su hermana, no contestara. Debía avisarla lo antes posible porque, como Libertad me escuchara a mí, pensaría que todo era mentira.
Unos cuarenta y cinco minutos después de haber enviado el correo electrónico, su teléfono vibró encima de la mesa. Al comprobar quién llamaba, vimos que se trataba de su hermana y me puse de lo más nervioso.
—¿Se puede saber qué ha sucedido para que me envíes ese correo electrónico?
—No te lo puedo decir, pero necesito que vengas. No pierdas el vuelo, por favor, o no llegarás a tiempo.
—¿A tiempo de qué, Ale?
—De ver lo que va a suceder. Por favor, Libertad, confía en mí.
—Mira, ¿sabes lo que te digo? Que no existe ningún problema y que, por eso, sintiéndolo mucho, no pienso romper mis planes. Nos vemos dentro de una semana.
Aquella fue toda la conversación. Por mucho que Alegría intentó detenerla para poder explicarse, no lo consiguió, porque Libertad colgó y apagó el móvil de nuevo.
Como conociera a alguien en aquel crucero, la perdería para siempre. Estaba completamente seguro de que se dejaría llevar pensando que yo iba a casarme con mi novia de toda la vida, y me vine abajo.
—Rodrigo, no te aflijas. El domingo después de la boda estará de vuelta y podrás hablar con ella.
—Será demasiado tarde. Como conozca a alguien…
—Mi hermana no es de las que se acuestan con un hombre nada más conocerlo.
—Pues conmigo lo hizo, y eso es lo que me da miedo. Que pretenda sacarse la espinita pensando algo que no es.