Capítulo 43 Tragedia
Tragedia
Los héroes de la jornada habían sido los Ases de Picas.
Después de doce horas ininterrumpidas retirando piedras y trozos de hormigón, las manos les sangraban.
Da Costa les ordenó irse a descansar y regresar al cabo de cinco horas.
Aprovechó entonces para impartirles otra enseñanza: no hay que esperar nunca recompensa, las cosas se hacen simplemente porque hay que hacerlas, así de sencillo y así de complejo.
En ese descanso de cinco horas, Da Costa prefirió acercase hasta El Rincón de Madrid para comer un bocadillo, tomar un café bien cargado y ver las noticias.
Al llegar, Lolo y Sara preparaban bolsas de comida para los damnificados. Tenían una fila que ocupaba todo el mostrador. En un tráfico incesante, muchachos en bicicletas o motos de pequeña cilindrada las recogían y se las acercaban a las familias que habían quedado en la calle.
Los televisores permanecían encendidos, como siempre.
Ciudadanía de Mundo Utópico, juntos hemos conseguido alcanzar altas cuotas de felicidad. Nuestro índice de Felicidad Neta se ha incrementado un cincuenta por ciento en los últimos cinco años. Nuestro enemigo siguen siendo aquellos que quieren arrebatamos ese sentimiento…
Da Costa observó al funcionario que desde el Canal Utopía gesticulaba con énfasis. Su cara le recordó a alguien, pero no supo ubicarlo.
Todos vosotros sois mis hijos y mis hijas, a los que he de cuidar…
—Es vomitivo —dijo Sara, mientras rellenaba bolsas con comida—. Acaba de tomar posesión y ya nos quiere manipular con las maniobras retóricas de las sectas.
—¿Quién es? —preguntó Da Costa.
—Un tal doctor James Sprenger —contestó Lolo—. El nuevo amo de la New Reality.
Sprenger, se repitió Da Costa. Había oído ese nombre en otro sitio. Al igual que estaba seguro de haber visto ese rostro.
Hemos luchado por nuestros hijos, tal como hicieron nuestros padres por nosotros. La felicidad conseguida ha sido a base de sacrificios de nuestros seres queridos…
—¡Lleva diez minutos hablando! —exclamó Sara—. ¡Y ya ha utilizado todo el arsenal retórico!
—¿Cuándo estudiaste tú el lenguaje de manipulación de las sectas? —preguntó Lolo.
—Vamos a ver, botarate —respondió Sara, con los brazos en jarras—. El lenguaje de las sectas es igual al de los populismos que han llevado siempre a las dictaduras.
Los seres más allá de la Frontera envidian nuestra forma de vida y el nivel de felicidad que hemos logrado. Son animales salvajes que no saben convivir…
—¿Lo has oído? —dijo Sara, señalando la televisión—. «Animales salvajes», eso son quienes viven fuera de Mundo Utópico. Así se construye el enemigo contra el que lanzar las balas.
Da Costa, ajeno a aquella charla, dio un bocado a un sándwich de jamón y queso, mientras contemplaba con detenimiento el rostro del nuevo líder de Mundo Utópico.
Nuestro objetivo ahora es vencer el covid-84 e incrementar nuestra longevidad. Que la vida del ser humano en Mundo Utópico se acerque a la eternidad. Queda dicho…
—Lolo, fíjate lo que acaba de decir —sugirió Sara, en tono didáctico—.
«… la vida del ser humano en Mundo Utópico se acerque a la eternidad» y «Queda dicho».
Una astuta máxima. ¿Quién se opondría a la invitación de vivir para siempre?
Y al final, un remate memorable y contundente.
Si lo comparas con la jerga de un líder de cualquier secta, verás los parecidos.
—Que sí, que tienes razón. Pero mejor nos centramos en las bolsas de comida que aún nos quedan muchas por preparar.
Da Costa se apartó de la barra y se fue hasta uno de los asientos pegados a la pared que imitaban a los asientos vintage del legendario Orient Express. En la pared colgaba un cuadro de la Gran Vía en blanco y negro. Según el tipo de alumbrado y las fachadas, debía de ser del siglo XX .
Miró el reloj. Aún le quedaban cuatro horas y diez minutos para regresar. Tomó con calma el café con leche, mientras trataba de ubicar en su memoria ese rostro y ese nombre. Al acabarlo, se despidió de Lolo y Sara.
Por la calle pasaban retroexcavadoras y camiones cargados de desechos.
Los voluntarios, embadurnados de lodo y empapados, parecían agotados.
Los bomberos cerraban llaves de agua y las brigadas de obras construían diques provisionales.
Da Costa se dirigió a descansar a su pequeño apartamento el tiempo que le restaba, pero al pensar en Hetty cambió de opinión.
Torció el nimbo y se dirigió al hospital.
Era preciso que comprobase cómo se encontraban ella y Carla.
Al llegar, preguntó por Luna, que, nada más verle, se abrazó a él con fuerza. Detrás de ella se encontraba Hanna.
—¿Ahora ya puedo besar a mi bisabuelo?
Él la miró y sonrió. La muchacha saltó sobre él y lo abrazó. Hetty asomó la cabeza desde el marco de la puerta de su habitación hacia el pasillo.
—Espero que quede algo de mi padre para poder abrazarlo como se merece.
Entraron en la habitación de Hetty y hablaron de la recuperación de la mujer después de la transfusión, además de comentar la incursión de fuerzas militares de Utopía en Vallekas. Al rato llegó Héctor.
—Estamos en familia —dijo Hetty—. Ahora nadie sabrá que eres su bisnieto.
Tras abrazarse, Da Costa le preguntó a Héctor:
—Ese artefacto que has inventado…
—El plane-wave .
—¿Podría tener información de James Sprenger, el nuevo CEO de la Coumenn Corporation?
—Seguro que la corporación ya habrá colgado su currículo en las redes.
—Sí, pero eso no me interesa. Quiero lo que se dice en el submundo.
—Este artefacto, como lo llama usted, no almacena datos. Pero puedo lanzar la pregunta sobre quién es ese individuo y toda aquella persona que sepa algo se comunicará conmigo en horizontal, sin pasar por el satélite. Es decir, podemos saber más de lo que quieren que sepamos.
—Está bien —replicó Da Costa—. Lanza su nombre en horizontal y veamos qué datos nos aportan.
El muchacho obedeció y comprobó que se trataba de una solicitud que se había cursado hacía un buen rato por parte de varias personas.
—Hay un debate abierto. Y aquí tenemos información…
Da Costa, con un ademán, le animó a que continuase.
—Biólogo, genetista… También doctor… Ya era miembro de la anterior junta directiva de la Coumenn… Aquí dicen que tiene casi cien años… Que su especialidad es el estudio sobre la relación existente entre la pureza de la sangre y la longevidad…
El recuerdo se abrió paso en la memoria de Da Costa con una nitidez casi dolorosa: Sprenger, el nuevo CEO de la Coumenn Corporation, había sido el director de las investigaciones y experimentos en el Kein Platz.