Capítulo 40 El regreso de McRae
El regreso de McRae
Lo importante era que había visto a la Tata.
Se encontraba bien, tan gruñona y pesada como siempre, pero su estado no era para preocuparse.
McRae nunca se había tomado en serio las amenazas de la mujer sobre seguir el ejemplo de los navajos.
Siempre las consideró una forma de reclamar atención, cuestión que se había incrementado con la edad.
Con todo, comprobar que había rescatado los viejos discos de Woody Guthrie no le había agradado.
Y tampoco el tono tan determinante, no exento de un raro afecto, con el que ella se había despedido.
Los versos de Blowin Down that Old Dusty Road aún retumbaban en su cabeza…
I'm a-blowin' down this old dusty road…
I'm a-goin’ where the water taste líke wine…
I'm a-goin’ where the dust storms never blow
McRae cerró los ojos, estiró las piernas y se relajó.
Canturreó para sí aquellos antiguos versos: «Voy volando por este viejo camino polvoriento…
donde el agua sabe a vino… donde las tormentas de polvo nunca soplan…
». Sentía cómo le iba llegando el sueño mientras disminuía su tensión muscular.
Un pitido le sobresaltó. Le llamaban desde la Esfera de control de Utopía 20AB.
El indicativo de comunicación provenía de la capitana Nadia. Dio paso al Hologram 3D de la nave.
—Hola, Robert. Espero que lo de tu Tata haya ido bien y te encuentres descansado.
—Mi Tata está, digamos, bastante mejor que yo. A lo que vamos. ¿De qué se trata?
—Hace un momento han asaltado la sede central de la Dirección General de la Policía de Utopía 20AB. Hay diez muertos.
—Joder… ¿Cómo ha sido?
—Míralo tú mismo. La grabación solo dura tres minutos y cincuenta y dos segundos. El tiempo que tardaron en asaltarla. Ahí va…
La proyección comenzaba con unas imágenes del exterior, captadas por las cámaras de la fachada del edificio.
Seis individuos, sin que se pudiera identificar su sexo, se dirigían encapuchados, con mascarillas y guantes, a la puerta principal.
Solo uno de ellos llevaba las manos desnudas.
McRae contempló cómo era precisamente ese quien rápidamente liquidaba a los soldados apostados a la entrada, de cuyas armas se apoderaban con presteza los intrusos.
—¿Qué pretendían?
—Sigue mirando. Todo tiene explicación.
La imagen de la cámara cambió. Ahora mostraba el interior de la comisaría: los seis atacantes irrumpían en el vestíbulo, lanzando algo que se clavaba en los agentes, quienes caían fulminados.
—¿Qué demonios les están lazando?
— Shurikens .
—No entiendo. Esas estrellas ninjas te causan una herida, a veces profunda, pero no te derriban de esa manera.
—Estaban impregnadas en veneno.
—¿Sabemos de qué tipo?
—No, aún lo están analizando.
En las imágenes el sujeto que no llevaba guantes cogía el fusil ME-16 y lanzaba una granada de carga hueca contra la cerradura de una puerta metálica, que abría después de una patada. A continuación cuatro de aquellos individuos accedían al sótano.
La imagen de la cámara del sótano mostró ahora a los asaltantes buscando algo en las celdas, hasta que se detenían delante de una de ellas, cuya puerta blindada destrozaban.
Del interior sacaban a una chica con la cabeza rasurada.
La joven parecía tener problemas para mantener el equilibrio.
El que no llevaba guantes la tomaba en sus brazos y la subía por las escaleras hasta la primera planta.
Allí le entregaban a la joven unas ropas y una pamela. Entonces todos salían del edificio.
—¿Quién era la chica que han liberado?
—Estaba acusada de pertenecer a la organización Vallekas Resistente. Ejercía como enlace entre los comandos de Vallekas y el interior de Utopía 20AB.
—Dicho de otro modo: el asunto es competencia de la Policía de Utopía.
—Sí y no. Mira quién ha firmado el asalto y ha matado a los diez agentes.
La grabación dio marcha atrás y Nadia le imprimió una velocidad muy lenta.
—Fíjate ahí.
La imagen quedó congelada y la capitana hizo zoom sobre algo tirado en el suelo. Era un naipe.
—Un as de picas —exclamó McRae—. Así que tenemos a un comando de los Ases de Picas liberando a un miembro de Vallekas Resistente y matando diez agentes de la ley. Luego el comisario Torres puede meterse en nuestro terreno y nosotros en el suyo.
—Eso parece…
—¿Por qué llevaba esa mujer la cabeza afeitada? ¿La sometieron a torturas?
—Nadie ha dado razón, pero, como pudiste ver, la tuvieron que coger en brazos, como si se encontrara muy débil. Es posible que la hubiesen aplicado alguna tortura.
McRae cogió la cajetilla de Lucky Strike, sacó un cigarrillo y dio una calada. Lo sucedido había eliminado el efecto de la pastilla marrón.
—Sospecho que al individuo que no llevaba guantes ya lo habrán identificado.
—Sí, fue lo primero que hizo la Policía de Utopía.
—¿De quién se trata?
—Sus huellas no se encuentran registradas en sus bases de datos.
—¿Alguien que ha entrado de forma ilegal en Utopía? ¿King Ciborg?
Nadia negó con la cabeza.
—Los archivos de la Policía de Utopía 20AB no abarcan sesenta años atrás. Adivina quién es.
McRae dio una lenta calada al cigarrillo.
—Ramalho da Costa, claro…
A través de las imágenes que llegaban por el Hologram 3D, se vio entrar al sargento mayor Ronald, gesticulando ostensiblemente, en la sala de comunicaciones de la Esfera.
—¿Qué ocurre, Nadia? —preguntó McRae.
La capitana no respondió. Estaba hablando con Ronald. En cuanto el sargento mayor salió de la sala, la oficial giró de nuevo hacia el Hologram 3D.
—Ronald me ha informado sobre una operación de castigo que las autoridades de Utopía 20AB han emprendido en este momento por el asalto a la Dirección General de la Policía. Es en Vallekas…
—¿En qué consiste esa operación?
—Están bombardeando Vallekas.