Capítulo 24 El documento tibetano #2
El control de la población en Mundo Utópico se realiza por medio de la saturación de datos en la mente de la gente.
Un bombardeo tan exagerado que no da tiempo a que el dato se interprete y se convierta en conocimiento.
El dato, al que se da como verdad indiscutible, es asumido acríticamente, sin cuestionarlo, con entera credulidad, por lo que cualquier pensamiento crítico de la realidad muere.
Incluso se ha conseguido que ciertas personas actúen y piensen solo con consignas.
Además, esa saturación de información provoca que el sujeto carezca de anclaje, de una toma a Tierra, por lo que la realidad le es interpretada desde el poder, dándoles así la identidad, siempre vinculada a la felicidad.
McRae se incorporó en el sofá y cogió la cajetilla de Lucky Strike.
Encendió un pitillo y dio una calada larga, contemplando las volutas de humo.
Dio gracias al cielo por haber contado con su abuela durante la infancia.
Si no tal vez sería uno de esos sujetos gruesos y altamente sensibles que habitaban en Mundo Utópico.
Es una sociedad controlada por y para el placer, donde solo preocupan las cuestiones triviales, entre ellas la búsqueda de la felicidad que le venden los mercaderes de necesidades, los profesionales del desarrollo personal.
Crean y desarrollan seres humanos débiles, incapaces de soportar hasta una palabra fuerte, que ha de dulcificarse como si se hablase a señoritas pijas de la antigua Birmingham.
Y día a día, per diem y ad nauseam , crean cientos de elementos productores de miedo, como si fuera otra mercancía gratuita.
Hasta las pandemias les han ayudado en esa producción.
Seres débiles y miedosos que no tienen nada más que trabajar y consumir, sobre todo en la búsqueda del placer para escapar de esa vida sin sentido y lograr la felicidad.
Así de sencilla es la forma de autorregulación en la naciente etapa del cibercapital.
Se saltó un par de páginas y se centró en las que hablaban sobre la vida de Da Costa.
Yo no asesiné al senador Matt Coumenn. El autor utilizó mi arma.
Los informes de balística fueron contundentes.
Sigo sin saber cómo pudieron cambiarla y devolverla después al armero donde la tenía guardada.
Por si fuera poco, yo no tenía coartada para el momento.
Afectado por el jet lag me había dormido…
El juicio fue un show . Yo estaba condenado de antemano…
McRae se levantó y pidió un expreso a la máquina.
Cuando se lo sirvió, cogió la taza y se dirigió a los ventanales.
Los protocolares de la toma de posesión del nuevo general de la Brigada aún no habían terminado.
Dio un sorbo lento al café, mientras reflexionaba sobre su futuro al mando de los comandos Alfa.
No sabía que ocurriría a partir del día de hoy, pero no era muy optimista.
Con el general Mendoza, la Brigada había cosechado los mayores éxitos.
El relevo no pintaba particularmente prometedor, pues Clint M.
Roslaw venía precedido de mala fama. Un tipo demasiado impulsivo, al que no le importaba matar a quien fuera con tal de lograr el objetivo.
Dio el último trago al café y regresó al sofá.
Mi internamiento en la Prisión de Máxima Seguridad ADX para presos altamente peligrosos, situada en Charlotte Amalie, impidió que pudiera investigar a fondo lo ocurrido.
De esa forma, los recursos judiciales contra la sentencia no podían prosperar, pues faltaba una buena argumentación, sustentada en pruebas…
McRae se preguntó por qué Da Costa habría escrito aquello y sobre todo por qué lo habría hecho en ese raro dialecto de Bantú. Ese era otro misterio.
Sobre los experimentos en el Kein Platz, recuerdo que éramos un centenar de presos, todos de los diferentes corredores de la muerte de las prisiones de la nación.
Después, nada más llegar al portaaviones convertido en un centro de experimentación, nos aislaron y nos sedaron.
Los días que siguieron probaron que estaríamos sometidos a experimentos parecidos a los realizados por los nazis.
A McRae, la lectura no le pilló desprevenido, pues conocía los experimentos nazis por los libros de la Tata sobre Historia Anterior, que era como llamaban a todo el período previo a la New Reality.
Aún recordaba aquellos libros viejos, con su olor a papel que embriagaba y las portadas de colores negros y rojos.
Si antes intentaban demostrar la inferioridad racial judía, los ensayos del Kein Platz se justificaban en la búsqueda de un antídoto contra las diferentes mutaciones del covid desde 2019.
Parece mucho más loable y altruista, pero lo que en realidad querían hallar era la vida eterna para su élite dirigente.
Es una nueva variante de monarquía, una mutación perfecta para sus intereses: el poder ya no se hereda de generación en generación, sino que se conserva de forma vitalicia…
Las sospechas de Da Costa coincidían con las de la Tata. Y McRae, comprendió, era el encargado de que aquella mutación se hiciera realidad.
Si alguien me preguntase por qué acepté ser voluntario en los experimentos, la respuesta sería sencilla: me había quedado solo.
La mayoría de los amigos poco pueden hacer para ayudarte.
Y los fallecidos. El primero en abandonar este mundo fue el Coronel y detrás fueron Paula y Lucía en un accidente de tráfico, según pude saber.
Solo me quedaba la pequeña Sussy, pero no la he localizado.
Todos los intentos que he realizado, cada vez que salgo del templo Shaolin, han sido infructuosos.
Lo más seguro es que los servicios sociales la entregasen en adopción y le cambiasen el nombre…
Nadia entró en la sala.
—No te distraigas demasiado, Robert. Te queda poco tiempo para ver al general.
—Tienes razón —dijo McRae, dejando los folios sobre el sofá y levantándose—. Me he embobado con la lectura del documento de Da Costa y se me ha echado el tiempo encima.
—¿Has terminado de leerlo?
—No, pero solo me quedan unos pocos folios.
—Espero que haya valido la pena el riesgo de traer ese documento.
—Una pregunta, Nadia. ¿La primera hija de Da Costa no era consanguínea?
—No. Su mujer era viuda cuando se conocieron y ya tenía una hija. Creo que se llamaba Paula.
—Otra pregunta. ¿Podríamos seguirle la pista a una niña entregada en adopción hace sesenta años?
—Muy difícil, por no decir imposible. Las adopciones llevaban un régimen de anonimato extremo.
—Lo imaginaba.
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque he confirmado la razón por la que Da Costa salía una vez al mes del territorio Shaolin.
—¿La niña?
—Eso es —afirmó McRae mientras se dirigía a un armario del que sacó la guerrera del uniforme de gala. Luego se acercó al espejo y, al tiempo que se anudaba la corbata, añadió:
—Hay un elemento muy fuerte, indestructible: una hija biológica. Los componentes de la sangre de la niña podrían ser los mismos que los suyos.
—¿Entonces crees que la huida de Da Costa por medio mundo obedece a esa razón?
McRae cogió la gorra de plato, se la caló y con un gesto indicó a Nadia que le siguiese.
—Creo que la prioridad de Da Costa es encontrar a su hija biológica.
—Va a ser difícil localizar a una niña entregada en adopción hace tantos años. Vamos a encontrar muchas trabas, por no hablar de la falta de documentación y sobre todo de voluntad para colaborar con nosotros.
—Bueno, ya sabes que si entramos en el Infierno, solo hay una forma de salir de él.
Nadia asintió y dijo:
—Sí… Atravesándolo.