Vallekas 2084 Capítulo 21 Sin remordimientos
56%

Capítulo 21 Sin remordimientos

Sin remordimientos

—¡Es la hostia! —exclamó Lola mientras ponía el desayuno a Da Costa sobre la barra—. Ahora anuncian unos brazos cibernéticos, que te abrazan y te dan palmadas en la espalda cada mañana para darte ánimos.

Sepelios IA . Utiliza nuestros avances en Inteligencia Artificial para recrear a tus seres queridos fallecidos. Así, a través de nuestros asistentes, podrás seguir entablando relaciones con ellos, como si nunca te hubiesen abandonado…

—Este anuncio me encanta —dijo Sara—. Entregas una foto o una grabación de tu abuela y obtienes un holograma de ella tan realista que puedes creer que no ha muerto.

—El cibercapitalismo ha conseguido la resurrección de los muertos —sentenció jocoso Lolo, mientras limpiaba una taza—. Lo que no consiguió la religión, lo consiguen la ciencia y el dinero.

Timber Therapy, nuevas ofertas del mes: media hora de abrazo al eucalipto, 20 Coumenn; al abedul, 15; al rugoso roble, 12…

La próxima semana abriremos en nuestro jardín norteño la vasta zona de las secuoyas a un precio promocional.

Recuerda nuestra recomendación:

Siempre has de acercarte al árbol y pedirle permiso, con una simple pregunta: «¿Me permites abrazarte y aprender de tu sabiduría?».

—Nada menos que la arbolterapia, la nueva moda —dijo Sara, casi escupiendo—. Abrazar un eucalipto es más caro que un roble, pero produce más satisfacción. ¡Qué gilipollez!

—Es el mercado, estúpidos —contestó Lolo—. Primero crean la necesidad y luego te venden el producto que la satisfaga.

—¿La necesidad de abrazar árboles? —preguntó Sara.

—No, la necesidad de ser feliz en tu entorno.

La Dirección General de la Felicidad ha facilitado los datos de bienestar del primer semestre del año en Utopía 20AB. Según consta en el informe, el índice de Felicidad Nacional Bruta ha subido dos puntos respecto al mismo período del año pasado…

Respecto al índice de Felicidad Nacional Neta…

Da Costa atendía a medias tanto a los monitores como a los comentarios, pero una noticia en TV-Vallekas le hizo girarse hacia la otra pantalla.

En otro orden de cosas, la Policía de Vallekas City ha encontrado el cadáver de tres individuos sin identificar en la ribera del río…

—¿Te importaría bajar el volumen de Utopía? —pidió Da Costa al camarero—. Y sube el de Vallekas, anda.

Los cuerpos presentaban un avanzado estado de putrefacción, según las declaraciones de la Policía. Los forenses han calculado unas tres semanas desde la muerte, según los insectos cadavéricos que se habían comido casi todas las partes blandas, hasta el hígado…

—¡Estupendo! —exclamó Sara—. Que sus familiares lleven una foto a Sepelios IA y que la Policía les pregunte a sus hologramas quién los ha matado.

—No seas morbosa, coño —dijo Lolo.

—¡Callaos un momento, coño! —ordenó Da Costa—. Quiero escuchar.

Sus cuerpos y cabezas presentaban impactos de bala…

La identidad de los sujetos sigue sin conocerse. Aunque fuentes próximas al caso no descartan un ajuste de cuentas entre bandas rivales…

Han recogido sus huellas dactilares y las impresiones del iris para efectuar la comprobación de…

Da Costa terminó el desayuno, se despidió de Sara y Lolo y salió a la avenida.

Los primeros rayos de sol del alba iluminaban las fachadas de los edificios, dándoles un tono vagamente rojizo. El cielo seguía con su inamovible color grisáceo, esta vez con brochazos purpúreos.

Había quedado con la señorita Hetty a las puertas del Parlamento de Vallekas.

Al parecer, la mujer quería que presenciara una sesión parlamentaria para que se fuera empapando de la vida política en aquel nuevo y pequeño Estado.

Caminaba absorto en sus pensamientos por la avenida Pablo Iglesias, cuando de pronto se detuvo.

Lo que le rodeaba tenía un aire conocido.

Se encontraba a la altura de la antigua librería Muga.

Sesenta años después, se mantenían los escaparates, pero ahora ofertaban piezas para vehículos unipersonales de energía eléctrica o solar.

Había desde bicicletas eléctricas hasta patinetes.

Por lo que veía, no solo eran piezas para reparar las averías, también las había para personalizar los vehículos y darles un toque de distinción.

Dejó sus recuerdos para otro momento y continuó andando. Cuando llegó al Parlamento, la gente parecía apelotonarse alrededor de las puertas. Entre la muchedumbre, distinguió a la señorita Hetty, que le hacía gestos con los brazos.

—Estupendo, ha llegado pronto. Acompáñeme.

Da Costa la siguió mientras se abrían camino entre la gente hasta la entrada principal. Un vigilante, con uniforme negro y cara de pocos amigos, observó a Da Costa de arriba abajo.

—Viene conmigo —indicó la mujer.

Hetty se movía con soltura por el interior del edificio.

Cada vez que se cruzaba con alguien, la saludaban.

Da Costa se preguntó a qué se debería su popularidad, mientras observaba todo lo que le rodeaba: escaleras señoriales, con escalones de mármol y barandas de caoba tallada, paredes tapizadas de cuadros exquisitos…

Entraron en un palco desde donde se podía ver a golpe de vista la totalidad de la sala del pleno.

—Desde aquí puede seguir los debates —dijo Hetty—. Si se aburre, puede irse cuando guste.

—¿Qué van a tratar hoy?

—Se debatirá sobre la normativa de educación.

Cuando la mujer lo dejó a solas, Da Costa apoyó los codos en la balaustrada y observó las idas y venidas del personal.

No recordaba muy bien cómo estaba distribuida la antigua Asamblea de Madrid, pero no parecía que su interior hubiese sufrido grandes cambios, excepto por ese aire grandilocuente y burgués que le habían dado.

Al cabo de un cuarto de hora, la que parecía la presidenta de ese Parlamento se dirigió al pleno:

—Los dos diputados del partido Pro-Utopía, del Grupo Unionista, han cursado una Proposición de Ley para modificar ciertos artículos de la Ley de Educación y…

Da Costa se fijó en que los asientos más numerosos, de color naranja pálido, debían de corresponder a los diputados del grupo mayoritario. Luego se veían otros, verde oscuro, que debían ser los de la oposición. Y había dos más de color amarillo.

La presidenta llamó por su nombre y partido a un diputado que se levantó desde una de las butacas amarillas.

Era del partido Pro-Utopía, del Grupo Unionista: vestía traje azul, camisa blanca y corbata roja.

Tan fino como un lápiz, gastaba gafas graduadas de montura negra y su pelo se parecía a un nido de cigüeña.

El segundo asiento del grupo lo ocupaba un tipo bastante grueso, con traje gris, camisa sin corbata y mirada estrábica.

Desde la tribuna de oradores, el parlamentario Pro-Utopía sostuvo que la educación en Vallekas debería imitar a la de Utopía 20AB y dirigirse a la búsqueda de la comodidad de los ciudadanos, potenciando la industria poderosa de los mindfulnes life coaches .

Defendía una educación emocional para los jóvenes y una política de procreación como la de sus vecinos.

Finalizó su intervención apelando a la integración de Vallekas en Utopía.

Solo recibió los aplausos de su compañero de escaño.

La presidenta de la mesa llamó al estrado al portavoz del Partido Anaranjado.

De uno de los asientos más numerosos, se levantó una figura que dejó a Da Costa sin palabras: era la mismísima Hetty.

La pintora en el Cerro de Tío Pío al alba, la guía turística de la empresa Cibertatis para los Medem Trash por las calles de Vallekas, la abuela del dúo de jóvenes avispados…

Y ahora también diputada. Aquella mujer no perdía ni un solo tren.

—La felicidad se ha convertido en una obsesión en esas sociedades.

Sin embargo, el conocimiento y la justicia son los valores más necesarios.

Nosotros hemos apostado por ellos desde siempre, aunque no los cultiven en las Utopías.

Hace muchos años, las empresas buscaban métodos más baratos y eficientes para incrementar la productividad, reducir el estrés en el trabajo y promover el compromiso de los empleados con la cultura empresarial.

Todo ello con un único objetivo: multiplicar los beneficios.

Desde el sector privado, esa obsesión por el sujeto feliz se trasladó al Ejército.

El nombre que recibió el proyecto desde 2008 del Old World fue Comprehensive Soldier Fitness y se proponía aleccionar a los soldados y al personal militar en emociones positivas, felicidad y espiritualidad.

Así crearían un ejército indomable, pero fracasaron rotundamente, como ustedes saben.

Hetty hizo una pausa valorativa:

—Estimado parlamentario Pro-Utopía, deje que nuestros nietos e hijos vivan aventuras y se rompan el pantalón haciendo trastadas.

Olvídese de esa generación de cristal que siente demasiado lo que siente y en cambio es insensible ante lo que vulnera a los demás.

Déjela actuar, que sepa lo que es la frustración.

¿Ha visto usted y su compañero de partido las luces y anuncios luminosos en las calles de Utopía 20AB?

¿Se han dado cuenta de que no tienen un lugar para los héroes o las heroínas?

Esa sociedad carece de referentes. ¿Ha visto que esa educación encaminada a la búsqueda de la felicidad solo produce un mundo infantil y débil?

¿No sería mejor apostar por jóvenes fuertes, que sepan fracasar, pero que también sepan que pueden ganar?

Da Costa entendió, por fin, las razones por las que Hetty le había invitado a esa sesión extraordinaria del Parlamento de Vallekas. Quería que viera con sus propios ojos cómo el partido gobernante —el Partido Anaranjado— apoyaba sus duros métodos de entrenamiento.

—Un mundo-consumo —siguió Hetty— donde el ciudadano origina su propia opresión por medio de las cosas que le hacen desear.

¿Ha visto ese despliegue de color en su interior, ese carnaval vertiginoso, lúdico y libidinoso, para tener al ciudadano atado a la noria del consumo, como un Ixión moderno?

El cibercapitalismo ha descubierto que no tiene que mostrarse represivo, sino seductor.

Ahora, en vez de prohibirnos cosas a base de mandamientos, disciplina y escasez, parece que nos permite comprar todo aquello que queramos cuando queramos, convertirnos en lo que queramos y cumplir nuestros anhelos, pero son anhelos inventados a priori , que no hemos decidido por nosotros mismos…

El tono de Hetty se volvió más elevado y desafiante.

—Usted ha sostenido que deberíamos, además, trasladar la política de procreación de Utopía.

¿Leyó con detenimiento La República de Platón?

En ella el filósofo elaboró las bases de lo que siglos más tarde ha sido la política de Utopía en ese campo.

Las uniones sexuales, para evitar discriminaciones, serán por sorteo.

Lo que no han explicado a los ciudadanos de Utopía, pese a que el filósofo griego sí lo detalla, es que se trata de un sorteo amañado por la Dirección General de la Natalidad.

Los hombres y mujeres de buenos genes se cruzan entre ellos y aquellos ciudadanos que presentan alguna disfunción física son excluidos.

Es la suerte, les dirán. Y bien saben ustedes que lo he vivido en mis propias carnes.

No, señores del Partido Unionista, no queremos parecernos ni acercamos a Utopía 20AB.

Estamos muy bien caminando con nuestros héroes y heroínas.

Los diputados de los asientos naranja se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. Los de los asientos verdosos continuaron sentados, pero acompañaron al resto con aplausos. Los parlamentarios del partido Pro-Unión se levantaron y abandonaron el pleno.

Da Costa no se quedó para escuchar los tumos de réplica y contrarréplica, sino que salió en dirección a los bajos del estadio de fútbol.

Mientras caminaba, Da Costa reflexionó sobre las palabras de Hetty.

Se trataba de una idea que la mujer ya le había transmitido hacía unas semanas: la misión del Califa era llevar a los muchachos hasta la gloria.

Tal vez las estatuas de los hombres y mujeres en la historia de Vallekas distribuidos a lo largo de la avenida de la Albufera mostraban la meta para aquellos muchachos que estaba entrenando. Sospechaba que soñaban con tener también su propia estatua o una de los Ases de Picas.

Aquellos jóvenes no solo eran alguien, sino que formaban parte de algo más grande que sus propias vidas.

Y por eso Da Costa supo que jamás se rendirían.