Vallekas 2084 Capítulo 16 Buscando respuestas #2
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Capítulo 16 Buscando respuestas #2

Dos soldados especialistas encendieron los focos del Group Hologram. En uno apareció la imagen en 3D del general Mendoza.

—Mi general —dijo McRae, poniéndose en pie—, necesitamos las coordenadas de la otra persona para conectar con ella a través del otro foco del Group Hologram.

—64º 18’ latitud norte y 51º 72’ longitud oeste.

Treinta segundos después, en el otro foco surgió la imagen de un hombre de aspecto solemne, sentado en un despacho con la efigie de Donald Trump detrás de él, la bandera con cien estrellas de la Coumenn sobre la mesa y una foto en la que se le veía abrazado a una joven.

«No puede ser su hija porque no ha tenido descendencia», se dijo para sí McRae.

Si aquel era James Sprenger debía pasar de los cien años, pero no aparentaba ni setenta: delgado, pelo ralo, nariz aguileña, algo encorvado y perfectamente vestido con pajarita negra, como para acudir a una gala.

—Teniente coronel McRae, le presento al doctor James Sprenger —abrió el juego el general—. Al exponerle las razones por las que usted quería formular esa batería de preguntas, quiso respondérselas directamente.

—Desde la base Génesis, doctor Sprenger —dijo McRae, saludándole marcialmente—, quienes llevamos las investigaciones de localización del reo fugado, el tal Da Costa, se lo agradecemos mucho.

—No hay nada que agradecer —respondió el doctor con una sonrisa—. Es lo menos que puedo hacer ante un profesional que ha avanzado tanto en las investigaciones en apenas siete semanas…

«En apenas siete semanas», McRae acababa de confirmar sus sospechas: el doctor pertenecía a la cúpula de mando del New World, de la New Reality, y se encontraba entre aquellas trece personas en penumbra que le habían encargado la misión desde la Esfera del antiguo Washington DC .

—Puede empezar con el interrogatorio cuando quiera —propuso el doctor James Sprenger.

McRae se lo agradeció, sin abandonar su posición de pie.

—Según el diario de bitácora de la capitana de navío en el Kein Platz, Stephanie McBoy, cuando aquel reo se escapó por la cubierta y fue herido por uno de los centinelas, usted recogió los restos de su sangre…

—Efectivamente.

—Quemamos saber si esa sangre sirvió para algún uso público o privado, ya que no hemos encontrado documentación al respecto.

—No han encontrado nada porque todo se ha mantenido en secreto, pero no tengo inconveniente en explicárselo.

Miren, si aquel reo había sobrevivido, quería decir que algo en su sangre le hacía inmune o los tratamientos habían dado el resultado esperado.

O ni una cosa ni otra y de un momento a otro moriría como los demás.

Es decir, no lo sabíamos. Había que averiguarlo y por eso recogimos los restos con tanta minuciosidad.

—¿Y cuál fue la conclusión?

—Las dos primeras que le acabo de mencionar. Su sangre contenía algo que se había potenciado exponencialmente con aquellos experimentos genéticos.

—¿Qué hicieron con la muestra?

—Sintetizarla y producirla, para comenzar los experimentos con cobayas y ratones. El resultado demostró una resistencia muy alta a las enfermedades y al envejecimiento.

—¿Experimentaron con humanos, doctor?

—Por supuesto. Los primeros conejillos de indias fuimos mi mujer y yo, aparte de un batallón de enfermos de mutaciones del covid.

El resultado fue el mismo que con los animales: retrasaba el envejecimiento, lograba alta resistencia a las enfermedades y aumentaba el rendimiento del organismo en general.

—¿Se comercializó o solo se mantuvo para uso médico?

—En cuanto se constataron las mejoras, se comercializó: primero como principio activo de medicamentos para incrementar la capacidad inmunológica de los enfermos; luego se distribuyó entre deportistas para testar sus efectos en el rendimiento y se comprobó su eficacia ante las diferentes cepas del covid.

—O sea, que la producción en masa de aquel plasma sanguíneo se ha estado utilizando desde entonces…

—Así es. El problema ha surgido ahora, con el covid-84. Una mutación de la cepa ha reaccionado con un tipo de cáncer celular, de tal manera que las células enfermas se reproducen de forma exponencial en cuestión de segundos, y el cuerpo no lo soporta y explota.

—Quiere decir, doctor, que aquella síntesis ha estado funcionando hasta ahora… ¿Pero ahora es inservible?

—Más o menos —hizo una pequeña pausa para beber un poco de agua—. La potencia de aquella síntesis resultó poderosa durante sesenta años, pero resulta prácticamente inútil ante lo que nos viene ahora encima, el covid-84.

—¿Sabe usted si, aparte de la dirección de la Coumenn, las farmacéuticas, en sus ramas deportivas, de longevidad o estética, también están interesadas?

El doctor carraspeó y cuando volvió a mirar a McRae de frente, las pupilas se habían dilatado. La pregunta le había incomodado.

—Lo ignoro, pero es posible.

—Por último, doctor. Si se encontrase vivo a aquel sujeto que se escapó del Kein Platz, ¿la Coumenn se beneficiaría al poseer el plasma suficiente para investigar y comercializarlo?

—Nosotros, no —respondió, en tono visiblemente molesto—. La humanidad entera se beneficiaría de su sangre.

—De momento no tengo más preguntas, doctor. Los investigadores de la Brigada Génesis le agradecemos su ayuda.

—Gracias a ustedes. La misión que llevan a cabo es muy importante para toda la humanidad. Si la completan con éxito el nombre de cada uno de ustedes quedará inscrito con letras de oro en los anales de la Historia de la New Reality.

El halago no conmovió a McRae, que le lanzó una pregunta a bocajarro:

—Si me lo permite, una última cosa, doctor. ¿El plasma sintetizado no consiguió ayudar a su mujer en el lecho de muerte?

El médico torció el gesto.

—Lo intentamos, teniente coronel. Dios sabe que lo intentamos, pero no fue posible.

McRae le agradeció la colaboración y le pidió disculpas por si le había importunado alguna de las preguntas.

—No se preocupe —dijo el doctor, con un rictus irónico—. Imagínese las grandes posibilidades para la humanidad si ustedes completan la misión. Quien si lo iba a sentir mucho sería el vecino de su abuela, que la tendría que soportar más años.

La mirada de McRae se clavó en los ojos del doctor, pero el holograma del doctor James Sprenger se desvaneció. Ahora era el general Mendoza quien hablaba:

—McRae, si no precisa nada más de mí, procederé a desconectarme…

—Solo un detalle, mi general. Hemos hecho algunas averiguaciones sobre el asesinato del senador Matt Coumenn, que convendría fuesen analizadas por investigadores especializados del FBI , ya que consideramos que aclaran algunas cuestiones de aquella época.

—Envíenmelas a mi dirección y personalmente las haré llegar al director del FBI —dijo, mientras su imagen 3D se esfumaba.

La capitana Nadia se acercó a McRae con una pequeña PDA encendida.

—Robert, ¿tienes un momento?

—Sí, pero espero que sea importante. El interrogatorio a Sprenger me ha dejado tocado.

—Lo he visto, sí.

—A ese hijo de la gran puta —masculló McRae, apretando los puños— le ha molestado mucho que le mencionase a su mujer y me ha lanzado la amenaza a mi abuela…

—¿Mataría a su esposa?

—No lo sé, pero me ha dejado claro que nos vigila y que ese exmarine vecino de la Tata es uno de sus perros.

—¿Crees que su vida peligra?

—De momento no lo creo, pero…

McRae dejó la frase en el aire, cogió la cajetilla de Lucky Strike y sacó un pitillo. Lo encendió y dio una larga calada.

—Me querías contar algo…

—Son buenas noticias.

—Para variar…

—Nuestros rastreadores de chidint en el mundo han localizado el de Peter Marlow, el policía de Providence desaparecido.

—¿Dónde?

—En un lavadero industrial de aerotaxis en Utopía 20AB. —¿Utopía 20AB? ¿Y dónde queda eso?

—En el antiguo Madrid.