Vallekas 2084 Capítulo 7 Recordando Vallekas
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Capítulo 7 Recordando Vallekas

Recordando Vallekas

E L RESTO DEL DÍA transcurrió para Da Costa con la anciana ejerciendo de guía por las calles de Vallekas.

Al atardecer se acercaron de nuevo a las cimas del Parque del Tío Pío, las Siete Tetas, como se le seguía llamando en el barrio, donde, un siglo y medio atrás, compartieron penurias, protestas, dolores y alegrías las culturas gitana, paya y merchera.

Da Costa contemplaba todo con ojos ávidos. Todo era reconocible y ajeno a la vez. En una de las cumbres del parque, una docena de personas usaban telescopios.

—¿Aficionados a la astronomía?

—Qué coño. Esos no están viendo las estrellas.

—¿Entonces?

—Comprobamos los movimientos del enemigo.

Tras un gesto en dirección a la semiesfera, la mujer condujo a Da Costa hasta la loma.

—¿Puedo? —pidió señalando un telescopio.

Da Costa se arrimó al aparato con precaución para no alterar el anclaje y apoyó su ojo derecho sobre el lente.

La cúpula de la semiesfera era plana y de tales dimensiones que su superficie servía de helipuerto.

Posiblemente midiera varios acres. Da Costa contó seis helicópteros militares.

Se separó del telescopio y, acercándose al hombre que parecía el encargado del grupo de vigilancia, echó un vistazo a sus anotaciones.

En la hoja figuraban horarios de aterrizaje y despegue de las aeronaves, el número de individuos que entraban y salían, el armamento y víveres que movían, así como la identidad de algunas personas.

—¿Hace cuánto que…?

—Llevamos muchos años vigilándolos.

La mujer cogió uno de los folios de las mesas y lo exhibió ante Da Costa: se trataba del dibujo de una esfera cortada a un séptimo de la cúspide por un plano horizontal.

—Quiere decir que…

—Exacto. Lo que vio por el telescopio es, en realidad, la séptima parte de una esfera gigantesca oculta bajo la tierra, igual que un iceberg en las aguas de los océanos.

Las planchas color amarillo que la recubren son paneles solares que abastecen de energía al interior y la acumulan como una gigantesca pila.

Las antiguas formas de almacenar energía, como las baterías de litio, los contenedores de hidrógeno, el aire comprimido, el bombeo, el almacenamiento térmico, los volantes de inercia o los supercondensadores, han quedado obsoletos para ellos.

Creemos que han descubierto un nuevo sistema de acumulación más peligroso, ya que esa energía pueden devolverla en forma de arma militar, como un gran cañón nuclear o bombardero de protones para aniquilar la vida de los seres humanos sobre la superficie y mantener las edificaciones.

Sospechamos que también serviría de refugio nuclear en caso de ser atacados.

La anciana dio una calada honda y se sentó en uno de los bancos de piedra del paseo de la cima del parque. Mientras señalaba la Esfera, continuó:

—Han sembrado en las mentes de todo el mundo el miedo al Apocalipsis, ya sea por una catástrofe nuclear, ecológica o genética, y la gente entra en pánico y obedece servil a sus proclamas.

Los habitantes de las Utopías buscan un hueco en el interior de la Esfera ante la llegada de ese anunciado Apocalipsis, como premio a su fidelidad.

Es la nueva forma de control de los seres humanos.

Ese mundo hipercontrolado, dividido entre manipuladores y manipulados, entre planificadores y cumplidores de planes, ha dado paso al autocontrol a través del miedo o del convencimiento por adoctrinamiento, papel que han encomendado a multitud de sectas, alimentadas por esa necesidad de identidad del ser humano en sociedad.

—¿Y la muralla que la rodea?

—Es el segundo nivel. Después de construir la Esfera, crearon recintos amurallados alrededor como si fuese la clara de un huevo frito, pero en forma de anillos.

En el interior van asumiendo estilos de vida tendentes a la comodidad y seguridad, de tal forma que al final ya nadie quiere salir porque no sabrían sobrevivir.

Son como animalitos domesticados, pierden la capacidad de supervivencia.

Algunos turistas nos han contado que en todas las grandes ciudades del planeta se han levantado Esferas y fortalezas, todas con la misma forma.

Las llaman Utopía y las numeran. Te parecerá muy antiguo lo que te voy a decir, pero ya Charles Fournier en el siglo XIX abogó por una reconstrucción de la sociedad organizada en falansterios.

Pero las Utopías son una adaptación a lo bestia de este cibercapitalismo en las que van metiendo a cientos de miles de personas.

La comunidad hippy o los kibutzim del siglo pasado fueron sus antecedentes, pero ahora no se aislan de la comunidad social, ellos representan y se erigen como la comunidad social.

No te quiero aburrir pero se han basado en las teorías arquitectónicas de finales del siglo XX de George Hazeldon sobre la creación de los Heritage Pack, modernos Mont-Saint-Michel.

Se trata del regreso de las fortalezas del mundo medieval.

Recrean comunidades que no tengan de qué preocuparse y si alguno transgrede las normas se le expulsa de la Utopía o se le prohíbe la entrada.

—Ha mencionado a los turistas. ¿Por qué, cuando nos conocimos, me dijo que los odiaba?

—Odio el turismo revolucionario. Viven todo el año como niños pijos en uno de esos recintos, de esas mal llamadas Utopías, y vienen a visitarnos esgrimiendo que defienden nuestro sueño: un orden social igualitario y de apoyo y protección al débil.

Pero diles que se queden a vivir con nosotros, a ver si lo hacen.

Solo quieren fotografiar nuestros viejos autos, los puestos de flores, los…

En fin, no quieren unirse a nosotros y regresan a su mundo y a su rutina…

—Hay algo que me intriga de esta Vallekas actual —señaló Da Costa—. No hay mascotas. No he visto a nadie paseando un perro.

—Hemos prohibido las mascotas —respondió la mujer, mientras encendía otro pitillo.

—¿Por qué razón?

—La razón no. Las razones.

—¿Cuáles son?

—La Ley de Animales de Compañía de la Coumenn obliga a ponerles un chip, con conexión remota a sus bases de datos.

Así saben cuándo los sacas a pasear, el tiempo que les dedicas y, por tanto, tienen controlado también al dueño y a toda su familia.

Se sospecha que escuchan nuestras conversaciones.

Además, la cepa mortal del Covid-77, que provocó millones de muertos, se extendió por medio de los animales domésticos.

—Parece un poco exagerado.

—Es posible, pero lo que no es exagerado es lo que sucedió en Oregón en 2023: una epidemia producida por una enfermedad respiratoria infecciosa canina atípica que se volvió mortal.

Cuando fallaron los antibióticos, porque ya no hacían efecto, solo quedaba el sistema inmunológico.

Eso ha ocurrido con los perros, sus cuerpos fueron más inmunes a las superbacterias y no tenemos antídotos.

Solo en las Utopías los poseen, o eso creemos, porque no entendemos cómo todas las familias tienen una mascota.

—Usted me dijo que en su juventud, cuando los dirigentes de la Esfera comprobaron que su cuerpo no se adaptaba a sus criterios, la expulsaron. ¿A qué se dedicó entonces?

—Hasta que me jubilé, fui bibliotecaria del barrio. Bueno, en realidad, aún lo soy, todavía le dedico cuatro horas semanales de trabajo comunitario.

E L CREPÚSCULO SE HABÍA ADUEÑADO DE Vallekas y Hetty había enseñado a Da Costa todo lo que se puede mostrar en doce horas recomendó las calles: las sedes de las brigadas de trabajadores voluntarios de la limpieza, las oficinas de las patrullas ciudadanas de seguridad, emergencias y contra incendios, los hospitales y colegios atendidos por médicos y maestros voluntarios…

Y un edificio que albergaba cientos de ordenadores y proyectores holográficos tridimensionales.

—Es para crear nuestro contrapoder en la Red. Ante el potente buscador de la Coumenn, nosotros ofrecemos el Valle del Kas Seeker.

—¿Me permite? —preguntó Da Costa.

Da Costa tecleó «Sigmund Freud» en el buscador.

En un instante apareció la biografía completa y todas las obras del psicoanalista.

Y en lugar destacado El malestar en la cultura .

Sonrió satisfecho. En los textos de Historia y las novelas distópicas exponía claramente cuál era el primer indicio de una dictadura: la censura de libros.

Estaban prohibidos o se ocultaban —como se producía en el buscador Coumenn al teclear Freud—, se tachaban párrafos o se eliminaban expresiones en aras de un lenguaje políticamente correcto: una neolengua que se extendía por todas las áreas de la vida para precisamente anular la vida.

—«Si el lenguaje es la base del pensamiento, cambiemos el lenguaje a voluntad y controlaremos su pensamiento».

Ese fue el fundamento filosófico y científico en el que se basaron en el cibercapitalismo para imponer la neolengua en todas sus variantes: el lenguaje políticamente correcto; el abuso del lenguaje inclusivo; expresiones, libros y párrafos que los woke mandaban prohibir; el sexismo que se inventaron; la política de cancelación de quien no era afín…

Toda neolengua se inventa desde la manipulación del léxico.

Defienden que todo lo que no forma parte de la lengua no puede ser pensado.

Ya ve, había familias en el umbral de la pobreza, sin trabajo y sin recursos, pero ellos se enfrascaron en crear su neolengua para controlar la forma de hablar y, por ende, la de pensar. Y la de actuar, por supuesto.

Da Costa, ajeno a las palabras de la mujer, tecleó una nueva petición: «Kein Platz».

En la pantalla se podía leer. «Desconocido.

Lo más parecido: no-lugares». Pinchó la opción y leyó: «Un no-lugar es un espacio despojado de las expresiones simbólicas de la identidad, las relaciones y la historia, que desalientan cualquier idea de permanencia: los ejemplos incluyen aeropuertos, autopistas, anónimos cuartos de hotel, el transporte público […

]. En la historia del mundo, nunca antes los no-lugares han ocupado tanto espacio».

Hetty, con el pitillo en la comisura de los labios, se acercó intrigada.

Da Costa cambió la búsqueda. «Vallekas»: «Ciudad autónoma autogestionada, situada al sureste de…

con dos millones de habitantes… Con un sistema sanitario abierto a toda la población, compuesto por médicos voluntarios llegados de todo el mundo…

Sus habitantes, alfabetizados en un cien por cien, disfrutan de un nivel de instrucción de los más altos del mundo, gracias a una amplia red de escuelas, bibliotecas, teatros, cines…

Declarado hace años el kilómetro más culto del mundo por la extinta Unesco…

Personajes ilustres nacidos en ella… Hermanada con otras ciudades autogestionadas como… ».

Para comparar tecleó «Vallekas» en el buscador Coumenn.

No le sorprendió encontrar una descripción bastante distinta: «Ciudad desterrada del proyecto emancipador de la Coumenn Corporation…

Nivel de pobreza: uno de los mayores del planeta…

. Ha sido incluida entre las ciudades proclives a prácticas terroristas contra el liderazgo de la C… ».

—Ya ve —dijo la anciana—, lenguaje prostituido y retorcido para enmascarar la realidad en beneficio de los poderosos.

—Perdone, señorita Hetty. Está anocheciendo y tengo que localizar un alojamiento. ¿Qué me aconseja?

—Pensé que ya tenía uno. En fin. ¿Cuánto calcula que se va a quedar en Vallekas?

Da Costa dirigió de nuevo la mirada hacia la semiesfera de color amarillo:

—Mucho… mucho tiempo.