LA LOCA IDEA DE FÁTIMA #2
» En fin, tendría que investigar más, ya que esta historia es la que me contaban en el colegio y el instituto, pero no profundizaban más en detalles.
Eso sí, en el cuento original no especificaba qué tipo de animal era, salvo que era grande, peludo y bípedo.
Esas características podrían encajar con las de un oso pardo en posición de ataque, pero tú eres la experta, y si dijiste que era un león, supongo que estamos ante un felino que camina sobre dos patas, lo cual me parece imposible. ¿Qué opinas?
―Que lo que dices suena a cuento de terror ―contestó Tania, reflexiva―.
Aunque es obvio que las imágenes de las cámaras no mienten, así que habrá que buscar una explicación lógica a todo esto.
Mañana viene el teniente Santos y me gustaría sacar conclusiones claras, antes de corregir el informe pericial definitivo.
―¿Puedo estar presente? ―preguntó Fátima de sopetón.
―¿Estás loca? No puedes ni estar aquí, así que mucho menos puedes estar presente cuando me entreviste con el teniente ―respondió la forense, molesta por el atrevimiento de su amiga.
―¡Venga, Tania! Di que soy tu nueva ayudante o algo así ―suplicó Fátima―. Necesito esta historia, y más ahora, que estamos ante un caso único.
―¿Eres consciente de lo que me pides? Me juego el cuello dejándote entrar en este laboratorio para ayudarte, pero me estás pidiendo ir demasiado lejos. Si nos pillan, a mí me costaría el puesto y una denuncia penal, y a ti…bueno, no quiero imaginar qué consecuencias tendría para ti también.
―Tania, por favor…
La ucraniana se giró y miró la pantalla de nuevo, que seguía mostrando el fotograma congelado que mostraba la sombra lobuna que caminaba erguida, casi como un hombre enorme.
Sopesó la loca idea de su amiga y reflexionó sobre las consecuencias de infiltrarla en la investigación.
Sabía que era peligroso para ambas, pero también era consciente que de aquella simbiosis profesional podía surgir una solución al enigma del asesino del turista alemán.
Finalmente, movida por un extraño pálpito, volvió la mirada hacia Fátima.
―De acuerdo, te infiltraré en mi equipo ―dijo con un tono apagado, resignado―, pero debes tener mucho cuidado con decir nada de lo que veas o escuches, ¿de acuerdo?
―¡Gracias, gracias y mil gracias! ―exclamó Fátima, que abrazó a su amiga con excesiva efusividad―. ¡Te prometo que seré una tumba y no diré nada!
―Cuando esto acabe y se levante el secreto de sumario, entonces podrás filtrar la información que quieras, pero no antes ―continuó Tania, incómoda ante la muestra de afecto de su amiga―. Si sale algo en prensa antes de que se termine la investigación, estaremos jodidas las dos, ¿entiendes?
―En serio, no te preocupes ―reiteró la periodista―. Encriptaré los archivos de mi ordenador y nadie podrá tener acceso a mis notas, salvo yo.
―Está bien, pues lárgate ya y descansa un poco. ―Tania empujó con suavidad a Fátima y la acompañó hasta la puerta del laboratorio―. El teniente vendrá a las once de la mañana, así que duerme lo que puedas, y ven antes de que llegue él.
―¿Y tú, qué vas a hacer?
―Me echaré un rato en el sofá de mi despacho ―contestó la forense, que bostezó de cansancio―. El juzgado abre a las ocho, aunque el personal comienza a llegar sobre las siete y media, y son casi las cinco de la mañana. Me dará tiempo de dormir un par de horas, o eso espero.
―Nos vemos en unas horas entonces. ―Se dieron dos besos y Fátima regresó al coche con una sonrisa en los labios.
Al fin tenía la oportunidad que tanto había estado esperando desde que había terminado la carrera, y estaba dispuesta a todo con tal de lograr el objetivo de ganarse la vida como periodista.
Si conseguía toda la información sobre el asesinato del turista alemán, el artículo que podría escribir sería digno de una avezada investigadora, y eso le abriría muchas puertas.
Pensaba en ello mientras conducía de regreso a su casa, y cuando llegó apenas pudo pegar ojo por la excitación que sentía en esos momentos.
Sólo cuando el cansancio hizo mella en sus ilusiones, logró cerrar los ojos y tuvo una pesadilla inquietante que la despertó poco más de una hora después, antes de que sonara la alarma.
Se vio a ella misma convertida en una lobishome.
Estaba en medio de un bosque, con una resplandeciente luna llena que iluminaba la escena.
Había un cuerpo humano destripado a sus pies, y ella lo estaba devorando de forma salvaje.
Sintió el sabor de la sangre y la carne humana en su paladar, tan real como si estuviera despierta.
Sobresaltada por el sueño, despertó envuelta en un sudor frío que la hizo temblar de pánico.
Sin duda, el vídeo había dejado su huella en la mente de la joven.
El teniente Santos se despertó cansado mental y físicamente, después del viaje al monasterio y la visión de la criatura que había cometido el brutal crimen.
De hecho, hasta le había provocado algún mal sueño durante la noche; incluso se preguntó qué clase de demente era capaz de vestirse como un lobo y cometer un asesinato tan brutal.
Sin duda alguna, este giro inesperado de los acontecimientos complicaba la resolución del caso y maldijo la mala suerte que le había tocado.
Sólo le quedaba la esperanza de que al llevar el vial con el extraño líquido a Tania, esta le diera algunas respuestas que le sirvieran para resolver el caso.
Se levantó de la cama y se vistió con el uniforme reglamentario, para ir a continuación hasta las dependencias forenses y saber qué opinaba la doctora Deszchuk sobre el vídeo que le había enviado la noche anterior.
A sabiendas de que era algo espeluznante y grotesco, lo cierto era que necesitaba una nueva visión del asunto, algo que le ayudara a dar un poco de luz al misterio del asesino lobuno.
Quizá había algo en los cortes, la evisceración, las mordeduras…
en algún sitio del cuerpo de la víctima debía hallarse alguna pista que pudiera dar con la identificación del criminal.