Us Defiant Few (Los oscuros 3) 37. Quizá mi pluma no te recuerde. Pero el filo de mi cuchillo sin duda no te ha olvidado. #3
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37. Quizá mi pluma no te recuerde. Pero el filo de mi cuchillo sin duda no te ha olvidado. #3

—Qué ingenua eres. No me digas que crees que no he calculado todas las situaciones posibles…

Proceso más rápido de lo que podrías soñar.

Si los chips fallan y los humanos logran sobrevivir, aún quedan algunas bombas del Gran Colapso que todavía funcionan.

Las activaré y borraré todas las ciudades del mapa.

Khalani palideció y el gobernador asintió ante su expresión atónita.

—Ahora lo entiendes, ¿verdad? No puedes detenerme. El resto de la humanidad caerá, y yo me alzaré con la victo…

¡Bang!

Takeshi le disparó en la cabeza.

—Cállate de una vez.

Pero Alan no cayó al suelo. Sus ojos azules se tornaron glaciales y, con un rugido aterrador, arremetió contra Takeshi a toda velocidad. Ambos empezaron a disparar sin cesar, pero no conseguían frenar su avance.

Alan se encontró frente a frente con Takeshi y lanzó el primer puñetazo. Takeshi lo esquivó, pero el gobernador se movió más rápido de lo humanamente posible —más rápido incluso que la velocidad modificada de Takeshi— y lo golpeó en el pecho.

Después, le barrió la rodilla. Takeshi se desplomó.

—¡Nooo!

Khalani apretó el gatillo de nuevo, pero se había quedado sin munición.

Lanzó el arma a un lado, tomó el cuchillo y se lanzó contra él. Gritó y apuñaló al gobernador por la espalda justo cuando este le asestaba otro golpe brutal a Takeshi en la cabeza.

Alan se volvió despacio y clavó en ella sus inquietantes ojos azules, sacándose el cuchillo con una calma escalofriante.

—Ya te dije que eso no estaba bien.

A Khalani se le heló la sangre al oír la tranquilidad con la que pronunciaba esas palabras.

Al ver que el gobernador la miraba con ojos letales, dispuesto a embestirla, Takeshi se esforzó por incorporarse.

Khalani se mantuvo firme. Se puso en guardia, llevó el codo hacia atrás para coger impulso y le lanzó el puñetazo más fuerte de su repertorio. Sin embargo, Alan lo bloqueó como si fuera el de una niña. Le propinó otro golpe, pero él lo esquivó, haciendo girar el cuchillo afilado.

Khalani solo vio un destello metálico cuando Alan se lo hundió en el estómago.

Se quedó sin aire y ahogó un jadeo agónico. Doblándose hacia delante, se aferró al mango, profundamente clavado en su vientre.

Takeshi soltó un grito primitivo al verla caer de rodillas con las manos manchadas de sangre.

Oyó un fuerte estruendo y, por el rabillo del ojo, vio que Takeshi embestía al gobernador con tanta fuerza que ambos salieron disparados por la ventana que daba al jardín delantero. Ya no podía verlos.

Le temblaba el cuerpo. Todo a su alrededor estaba borroso.

Pero, por alguna razón, no sentía dolor.

Tenía las extremidades entumecidas.

Sabía que eso no era buena señal.

La moqueta de color dorado la llamaba insistentemente… Lo único que deseaba era tumbarse y cerrar los ojos. Solo durante un segundo…

El rugido brutal de Takeshi la sacó de sus pensamientos.

Takeshi…

¡Takeshi!

Khalani miró el reloj.

2.15

2.14

2.13

Parpadeó, esforzándose por mantenerse despierta, y se obligó a incorporarse. Vio unas escaleras al fondo de la sala y, poniendo un pie delante del otro, se dirigió hacia allí sujetando el cuchillo que aún tenía clavado en el abdomen.

La hoja se movió y tuvo que apoyarse en la pared para no perder el equilibrio.

Pero tenía que seguir.

Tenía que salvar a Takeshi.

«Ahora no es momento de morir».

Se concentró únicamente en cada paso que daba, en cada escalón. Cuando por fin llegó al rellano, empujó la puerta blanca con el hombro y salió al jardín.

Takeshi y Alan forcejeaban sobre el césped.

Aunque Alan era más rápido, Takeshi luchaba con una furia indomable que la máquina no había visto en sus trescientos años de existencia.

Takeshi bramó, asestándole una ráfaga de puñetazos cargados de pura rabia. Pero, de pronto, el gobernador lo agarró por el cuello de la camiseta y, haciéndolo volar por encima de su cabeza, lo lanzó al suelo.

Takeshi se levantó tambaleante, con la ropa hecha un desastre y el rostro lleno de arañazos. Ambos volvieron a la carga, chocando como titanes.

De repente, algo salió volando del bolsillo de Alan y cayó sobre la hierba.

Khalani posó los ojos en el objeto. Era el dispositivo que activaba el Proyecto Hélix.

Avanzó hacia allí a trompicones, cojeando entre los arbustos, agarrando aún el mango del cuchillo que le sobresalía del abdomen. Trastabilló y cayó a pocos metros del brillante dispositivo.

Cuando volvió a alzar la vista, el gobernador, fuera de control, asestaba unos golpes mortales sobre el cuerpo de Takeshi.

Khalani trató de ponerse en pie, pero las piernas ya no le respondían. Centímetro a centímetro, en un tormento insoportable, se arrastró tirando de las briznas de hierba.

Ya faltaba muy poco, y alargó el brazo hacia el dispositivo. Vio que el gobernador se colocaba detrás de Takeshi y le rodeaba la cabeza con las manos.

A punto de romperle el cuello.

Estiró el brazo todo lo que pudo, gritando al sentir que el cuchillo se hundía aún más en su estómago. Apenas veía. Estaba a punto de perder el conocimiento, pero rozó el metal con la punta de los dedos.

El gobernador se preparó para acabar con Takeshi.

Y Khalani pulsó el botón.