31. Me siento orgullosa de haber bailado cuando lo único que quería era derrumbarme. #2
—Caldo de pato clonado —respondió él.
—¿Color favorito?
—Azul —dijo Khalani.
—Negro.
Si lo miraba a los ojos durante una eternidad, era posible que también se convirtiera en el suyo.
—Si pudierais tener un superpoder, ¿cuál elegiríais? —preguntó Winnie casi saltando de emoción.
—Esta vez dejaré que sea él el que conteste primero.
—¿Es que piensas robarme la respuesta, Kanes?
—Lo dudo. —Se cruzó de brazos, imitándolo—. Probablemente elijas una fuerza descomunal. O visión láser. Seguro que es una estupidez, lo veo venir.
Takeshi se limitó a sonreír.
—Detener el tiempo.
Khalani parpadeó sorprendida. Era la última respuesta que se esperaba.
—¿Por qué?
—No he tenido las mejores experiencias a lo largo de mi vida —dijo con bastante pesar—. Pero, cuando esos instantes extraños de felicidad llegan, me gustaría poder detener el tiempo y disfrutarlos un poco más.
El corazón de Khalani latió desbocado.
Estaba segura de que él lo oía.
Un latido que no se atenuaba.
No podía acallar su deseo de que el tiempo también se detuviera para poder contemplarlo sin juzgarlo.
—Joder, vaya… —murmuró.
—¿Qué?
—Iba a decir invisibilidad para robar comida, pero, comparada contigo, parezco gilipollas.
—No.
—Ah, ¿no?
—No. En eso también te gano —dijo Takeshi.
Esbozó una ligera sonrisa, y Khalani tuvo que contenerse para no imitarlo.
—¿Pasamos a la siguiente pregunta? —propuso Winnie guiñándole un ojo a Khalani, como si su plan maestro secreto estuviera funcionando.
—Sí —se apresuró a responder ella.
Tenía que concentrarse en otra cosa que no fueran los ojos magnéticos de Takeshi y ese pelo revuelto por el viento.
—¿Cómo te gustan las citas?
—¿Te refieres a… las de los libros? —preguntó extrañada.
Takeshi rio entre dientes.
—No tuviste muchos pretendientes en Apolo, ¿eh, Kanes?
—Pues claro que tuve pretendientes.
—Nombra uno.
—Dave Wimstrock —respondió alzando la barbilla con aire desafiante.
—No lo conozco.
—No me sorprende, teniendo en cuenta que viviste en Génesis la mayor parte de tu vida. Dave y yo trabajábamos juntos en el Centro de Distribución de Alimentos.
—¿Y quedabais? —la interrogó Takeshi.
—¿Estás diciendo que ahora sí me crees?
—Responde a la pregunta.
—No sé muy bien qué es eso de «una cita» —admitió, confundida de verdad.
Si seguía ruborizándose, los efectos abrasadores del sol ni se notarían.
—¿Cocinaba para ti, bailaba contigo cuando nadie os veía, te cantaba canciones en las que te declaraba su amor eterno? —preguntó la anciana con ambas manos apretadas contra el pecho.
Winnie no miraba a Khalani, sino al horizonte, con un extraño brillo en los ojos, como si recordara a alguien.
—No. Por lo general, buscábamos algún cuartito para estar a solas —respondió con sinceridad.
¿No se suponía que era así como debía hacerse?
—¿Se aprovechaba de ti, de tu cuerpo, sin demostrarte afecto?
La letalidad en la mirada de Takeshi se intensificó. Como si quisiera cambiar su superpoder y hacer aparecer a Dave Wimstrock frente a él en ese mismo instante para matarlo poco a poco.
—Yo no diría que se aprovechaba de mí, ya que yo también lo deseaba —matizó Khalani.
—Lo deseabas —repitió él con un tono neutro.
—¿Por qué no iba a desearlo?
—Porque eres demasiado inteligente como para permitir que un tipo cualquiera como Dave Wimstrock respire el mismo aire que tú, y mucho menos que te magree en un puto cuartucho.
—Lo siento. He dejado de escuchar después de que dijeras que soy inteligente.
Khalani imitó su postura relajada, tratando de leerle la mente tanto como él leía la suya.
—Tranquila, Kanes. —Takeshi puso los ojos en blanco, pero tensó los brazos—. Justo cuando empiezo a creerlo, te obstinas en demostrarme lo contrario.
—Lo dice alguien que, en vez de resolver los problemas con la cabeza, lo hace a puñetazos.
—Es mucho más eficaz.
Khalani se volvió hacia Winnie, que seguía sonriendo hacia el horizonte.
—Winnie, dijiste que este juego iba de igualdad, ¿no? Eso significa que Takeshi también tiene que responder la pregunta.
Winnie salió de su ensimismamiento y asintió con la cabeza enérgicamente.
—Tienes toda la razón, querida. ¿Y bien, Takeshi? ¿Cómo sería tu cita con el amor de tu vida?
—Esa no era la pregunta original —refunfuñó él.
—Ah, ¿no? —La anciana se frotó la barbilla—. Winnie ya no se acuerda. Si queréis, puede preguntar otra cosa.
«No».
Aunque la protesta retumbó en su interior, Khalani permaneció inmóvil y en silencio, dispuesta a no a mostrar lo mucho que necesitaba oír la respuesta.
—No pasa nada, Win. Contestaré. —Takeshi se volvió hacia Khalani. Su expresión divertida se había esfumado y esos ojos oscuros en cierto modo la incomodaron—. Desde que se despertara por la mañana, me ocuparía de que no le faltara nada. Le daría un masaje para empezar el día…
—Un momento… —interrumpió Khalani—. ¿Te refieres a un masaje normal o a uno de esos con los que te quedas embarazada?
—¿Tú qué crees?
—No te he preguntado eso.
—Pues yo sí.
—Oh, olvídalo —dijo, haciendo un gesto de exasperación—. Continúa.
Takeshi rio entre dientes.
—Me refería a un masaje para aliviar la tensión muscular. Pero, si tuviera tormentos más profundos…, tengo fama de ser muy concienzudo.
Khalani tragó saliva, recordando demasiado bien la noche que habían compartido en su dormitorio. Y, por la sonrisa que estaba esbozando, Takeshi sabía exactamente lo que pensaba.
—Después de asegurarme de que está completamente satisfecha, le cocinaría algo.
Y, si viviéramos en la superficie, buscaría una camioneta como esta, y pondría mantas y almohadas en la caja.
Después de cenar, miraríamos las estrellas y hablaríamos de cualquier cosa.
O de nada en absoluto. Aunque eso no me impediría decirle que es más hermosa que la luna.
—Qué romántico —suspiró Winnie con un brillo en los ojos.
Apenas sin poder respirar, Khalani se inclinó hacia delante, olvidándose por completo del juego.
—¿De dónde has sacado esa idea?
Takeshi arrugó la frente, sorprendido ante la pregunta.
—¿A qué te refieres?
—Has vivido en Apolo toda la vida. No recuerdas nada de tu vida reciente y es la primera vez que subes a una camioneta. ¿De dónde ha salido esa idea? —insistió, confiando con toda el alma en que su intuición no se equivocara.
Takeshi se quedó inmóvil, como si él tampoco se lo hubiera planteado.
—No lo sé. Cuando he pensado en estar con alguien, simplemente se me ha ocurrido esa escena. Yo, tumbado junto a una chica mirando la luna.
—¿Quién es ella? ¿Qué aspecto tiene?
Takeshi palideció y se le dilataron las pupilas.
—Yo… creo que se llama… ¡Ah!
Soltó un gemido de dolor y se llevó una mano a un costado de la cabeza.
—¡Takeshi! ¡¿Qué te pasa?!
Khalani se apresuró a posar la mano sobre sus largos y temblorosos dedos.
Él se limitó a negar con la cabeza.
El vehículo se detuvo de golpe y Khalani estuvo a punto de perder el equilibrio de nuevo.
—¡Hemos llegado! —gritó Derek.