Us Defiant Few (Los oscuros 3) 27. Volvería a soportar todo ese dolor solo por estar contigo.
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27. Volvería a soportar todo ese dolor solo por estar contigo.

Volvería a soportar todo ese dolor solo por estar contigo.

P enny las condujo de vuelta a la casa, en cuyo exterior había apostada una decena de guardias. Al ver que Winnie y Khalani la acompañaban, Patreus se quedó atónito.

—Pe-pero, je-je-jefa… —tartamudeó, llevando la mano a la pistola—. ¿Por qué las has liberado?

—Han venido a ayudarnos —dijo Penny con firmeza—. Dame las llaves.

Khalani reparó en que había unas cadenas que rodeaban el pomo de la puerta, que las ventanas estaban rotas y que el suelo estaba cubierto de cristales.

—¿Se lo has contado?

—Todo.

—Pero Padre dijo que no debíamos confiar en los humanos, jefa —insistió Patreus—. Son violentos, desleales…

—¡Padre no está aquí! —zanjó Penny.

Los otros guerreros se volvieron de repente hacia ella.

—No solo nos abandonó, sino que también mintió —dijo—.

No todos los humanos son bestias violentas y destructoras.

Esta gente es buena y pacífica, igual que intentamos serlo nosotros.

Pero tenemos la guerra a las puertas y o bien nos unimos contra el enemigo común, o bien nos marchitamos y morimos como hicimos cientos de años atrás.

—Penny alzó la mirada hacia la luna, que brilló sobre ella como si la animara a continuar—.

Es hora de olvidarnos de nuestras diferencias y de unirnos.

Y, cuando esta batalla final termine, podremos derribar nuestros muros y construir un futuro juntos en la superficie.

Unos murmullos se extendieron entre los guerreros, que asintieron en señal de acuerdo. Pero Patreus siguió refunfuñando y fulminó con la mirada a Khalani y a Winnie, como si pensara que las habían enviado para matarlos a todos.

—Abre la puerta —ordenó Penny una vez más.

—No es buena idea, jefa.

La tensión entre ellos se podía cortar con un cuchillo. Todo el mundo guardó silencio y permaneció inmóvil, hasta que Ferren dio un paso al frente.

—¡¿Qué haces, Ferren?! ¡Vuelve de inmediato a tu puesto! —soltó Patreus.

—No —replicó Ferren—. Acepté enfrentarme a los Pecadores porque Ansel asesinó a los nuestros. Pero ellos… —Señaló a Khalani y Winnie—. No son enemigos. Si tenemos que volver a combatir, me sentiré muy honrado de estar en su bando.

La convicción y pasión con las que pronunció esas palabras llenaron de orgullo a Khalani.

Incluso los ojos de Penny brillaban a la luz de la luna.

Ferren quitó las cadenas de la puerta principal, que cayeron al suelo con un fuerte sonido metálico. Khalani se puso tensa al pasar junto a Patreus, casi esperando que sacara la pistola y disparara, pero se limitó a refunfuñar entre dientes y a marcharse hecho una furia.

—Entra —le dijo Penny con un leve gesto de asentimiento.

En cuanto abrió la puerta, un coro de voces estalló.

—¡Aquí están!

—¡Os dábamos por muertas!

—¡Apartaos de ellas!

Unos brazos la arrastraron al interior, y Serene, Derek, Adan y Elise la envolvieron en un abrazo sofocante que la dejó sin aliento.

—¡Estás bien! —exclamó Elise.

—Tenemos que parar con esta mierda de los secuestros —murmuró Serene en su otro oído.

—¿Puedo matar ahora a la jefa? —gruñó Adan, volviéndose hacia Penny.

—¡No! —gritaron al unísono Khalani y Winnie, extendiendo las manos—. Está de nuestro lado.

—¿Cómo? ¡Nos gaseó!

Derek, con los puños apretados a los costados del cuerpo, fulminó a la jefa con una mirada glacial.

—No esperéis una disculpa, porque no la habrá. —Penny alzó la vista—. Era la única forma de separaros sin tener que enfrentarnos a vosotros.

—Sí, ya, y ahora me dirás que no has estado espiándonos, ¿verdad? Dame una buena razón para que no te parta la cara ahora mismo —exigió Serene apretando los puños.

—Estoy con ella —intervino Brock, emergiendo de la oscuridad y fulminando con la mirada a Penny, que retrocedió un paso.

—¡¡¡Esperad!!! —Khalani se situó ante la jefa al percibir la rabia acumulada—. La jefa puede explicarlo. ¿Dónde está Takeshi?

Miró hacia el interior de la casa, sorprendida de que no fuera el primero en lanzar amenazas de muerte.

—Despertamos todos aquí —explicó Derek—. Patreus dijo que nadie podía salir. Pero Takeshi, ejem, no se tomó muy bien esa parte.

Los demás intercambiaron una mirada incómoda.

—¿Dónde está? ¿Le ha pasado algo? —preguntó Khalani, presa del pánico.

—Está bien. —Adan le apretó el hombro—. Pero, cuando Patreus le prohibió verte, se le fue un poco la pinza.

—¿Un poco? —Serene resopló—. Noqueó a uno de los guardias y empezó a tirar muebles contra las ventanas para escapar.

Brock tuvo que tumbarlo literalmente para evitar que los guardias le dispararan.

Aun así, Adán y Derek tuvieron que ayudarlo a reducirlo.

Nos hemos visto obligados a maniatarlo para que no acabara matándose.

Una oleada de calidez la recorrió al darse cuenta de que no era la única que haría lo imposible por salvar a Takeshi de sí mismo.

Le gustara o no al capitán, formaba parte de la familia.

—Seguro que eres la única que puede calmarlo —añadió Serene mirando fijamente a Khalani—. Sigue amenazando con destripar a todo el mundo y colgarlos bocabajo de las entrañas. Y, siendo sincera, hasta me apetece verlo.

Serene lanzó una mirada retorcida hacia la jefa.

—Puedo explicarlo, y lo haré, igual que se lo he contado a ellas —dijo Penny.

Pero Khalani ya no estaba allí.

Se había abierto paso entre ellos a toda prisa hasta la sala de estar. Al oír un gemido, se detuvo en seco.

Takeshi estaba atado a una silla. Unas gruesas cuerdas le rodeaban el pecho y las piernas y respiraba de forma entrecortada. De inmediato posó en ella sus ojos oscuros.

—Kanes… —La miró de arriba abajo con desesperación—. ¿Qué te han hecho?

Khalani sintió el calor en sus entrañas; el recuerdo de la noche anterior aún estaba fresco. Takeshi la miraba como si fuera a cometer una locura ante la más mínima señal de que le hubieran tocado un pelo.

Y eso le provocaba… una extraña sensación en el pecho.

—Estoy bien —aseguró en voz baja, sin saber muy bien qué hacer.

—Quítame estas putas cuerdas —gruñó Takeshi.

Brock apareció con un cuchillo y empezó a cortar las gruesas ataduras. En cuanto quedó libre, Takeshi clavó la mirada en la jefa, que acababa de entrar en la estancia.

En un abrir y cerrar de ojos, le arrebató el cuchillo a Brock y lo lanzó hacia ella. La hoja se incrustó en la pared, a un centímetro de la cabeza de Penny.

Una gota de sangre le cayó del lóbulo de la oreja.

—Considéralo una última advertencia. Si vuelves a poner en peligro a Kanes o a cualquiera de ellos… —la advirtió Takeshi mientras señalaba a Winnie y a los demás—, te trincharé hasta que quedes irreconocible y esparciré los trozos por el desierto.

Penny apretó tanto los labios que se le pusieron blancos, y Brock sonrió como un tarado.

Khalani soltó una risa nerviosa.

—No está hablando en serio —mintió, tratando de rebajar la tensión.

—Estoy hablando muy en serio.

—No te preocupes. No me ofendo. Yo haría lo mismo por mi gente. —Penny se irguió y, con firmeza, añadió—: Por eso necesitamos vuestra ayuda.

Takeshi se cruzó de brazos, como si ayudar fuera lo último que se planteara, pero enseguida llegaron los demás y, pese a su evidente desconfianza, Penny relató su procedencia y su misión en Oasis sin que nadie la interrumpiera.

Todos prestaron atención, perplejos.

—¿Así que todos los de este pueblo sois clones? ¿Incluso los niños? —preguntó Serene, completamente pálida.

—Todos, excepto vosotros.

—¿Os hacéis viejos? ¿Podéis… morir? —susurró Elise con un hilillo de voz.

—Sí. Podemos morir igual que cualquier humano, pero envejecemos más despacio.

—¿Por qué estaba la foto de Khalani allá abajo?

La voz de Takeshi cortó el aire como el cuchillo que había lanzado unos minutos antes. Pero no miraba a Khalani, sino que apuntaba con toda su furia directamente a la jefa.

—No tengo ni idea. —Penny negó con la cabeza—. Nunca tuve acceso a esos archivos. Pero si estás preocupado por si es un clon…

—Me importa una mierda si es un clon, humana o medio animal —gruñó—. Lo que quiero saber es quién puso su foto ahí.

Khalani sintió que le daba un vuelco el corazón. Ella apenas podía soportar la idea de no ser humana, y Takeshi hablaba como si no importara.

—Padre debió de poner su foto con las demás —sugirió Penny.

—¿Y dónde está ese tal «Padre»?

Penny vaciló, tragando con dificultad.

—No he vuelto a verlo desde que abandoné el laboratorio. Y, después de lo que ocurrió con Ansel y los Pecadores, cortó toda comunicación con Oasis.

Takeshi llevó su mirada calculadora al suelo y se sumió en sus pensamientos.

—Y bien, ¿para qué nos necesitáis? —preguntó Brock.

—Los Pecadores nos atacarán esta noche —anunció Penny—. Necesitamos vuestra ayuda para detenerlos.

—¿Y por qué vamos a jugarnos el cuello por alguien que nos ha estado mintiendo todo este tiempo? ¿Por gente que ni siquiera es verdaderamente humana? —replicó él.

Se produjo un silencio ensordecedor.

Penny vaciló de nuevo y desvió la mirada. Como si la sabiduría que Winnie le había transmitido la hubiera abandonado ante el peso de esa conversación.

—¿Qué diferencia hay, Brock? —Khalani no pudo evitar intervenir—. ¿Y si yo fuera como ellos? ¿Querrías que muriera?

A su lado, Takeshi se puso rígido, pero, para su asombro, Brock soltó un bufido, como si fuera una pregunta de lo más estúpida.

—Ya sabes que eso me importa una mierda. Que lo único que me importa eres tú. Que confío en ti. Pero en ellos no confío, y en la persona que los trajo aquí, tampoco.

Señaló a Penny con un ademán.

—Sigues sin comprenderlo, Brock —insistió Khalani—.

No importa de dónde vengamos o quién nos trajo al mundo.

Esta gente podría haber dejado morir a Winnie, pero no lo hicieron.

Podrían no habernos dado comida y cobijo, o no cuidar de Derek, pero lo hicieron.

Nos han protegido, pese a saber que no somos como ellos.

Y, si ahora les diéramos la espalda, creo que no tendríamos derecho a considerarnos humanos.

Todos guardaron silencio de nuevo, sopesando sus palabras.

Quizá no estaban de acuerdo. Quizá incluso la odiaran por ello. Pero prefería luchar por lo que creía antes que cruzar los brazos y seguir adelante.

Serene dio un paso al frente y, con lágrimas en los ojos, abrazó a Khalani.

—Me da igual lo de la fotografía. Eres mi hermana, siempre lo serás y te seguiré adonde sea.

La estrechó con fuerza entre sus brazos y, emocionada, Khalani estuvo a punto de romper a llorar.

A continuación, Serene se volvió hacia Takeshi, que, aunque no pronunció palabra, le prestó atención entornando los ojos.

—Bien, ya que vamos a pelear, ¿me prestas tu arma? —preguntó Serene.

—Sabes perfectamente que el único hombre que va a darte un arma soy yo —siseó Brock, dando un paso al frente.

Aunque Serene puso los ojos en blanco, esbozó una leve sonrisa.

A continuación, Brock miró a Takeshi.

—Siento el puñetazo de antes.

—Has tenido suerte de que fuerais tres contra uno —replicó Takeshi con un tono glacial.

Sin embargo, no parecía incómodo ni furioso.

—¿Revancha después de acabar con los Pecadores?

Takeshi asintió con la cabeza y le lanzó una mirada de depredador.

—Entonces, ¿vais a ayudarnos?, ¿de verdad? ¿Todos? —preguntó Penny con las manos entrelazadas, mientras un destello contagioso de esperanza asomaba a sus ojos, quizá por primera vez en años.

—Somos una piña, jefa —dijo Adan, rodeándole los hombros a Khalani con el brazo—. Si uno de nosotros se mete en una pelea, nos metemos todos.