Us Defiant Few (Los oscuros 3) 26. La verdad nos destruirá a todos. #3
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26. La verdad nos destruirá a todos. #3

—Pero, entonces, ¿soy como tú? ¿Soy un… clon?

Se estremeció. No deseaba conocer la respuesta, pero necesitaba oírla.

—¿Tienes recuerdos de una vida previa? —preguntó la jefa.

Khalani reflexionó un buen rato antes de contestar.

Tenía pesadillas de bombas nucleares que caían sobre ciudades, pero nada como lo que había descrito la jefa. No recordaba claramente ninguna vida antes del Gran Colapso.

—No —admitió al fin.

—Entonces no creo que lo seas.

—Pero ¡eso no explica por qué está mi fotografía ahí abajo! ¡Ni qué hacíais espiándonos!

—Tenía que asegurarme de que no ibais a causarnos ningún daño. Era mi obligación después de lo ocurrido con Ansel.

—Pero ¡tú tienes que saber algo!

—¡Yo no sé nada! —gritó la jefa con las manos temblorosas.

Se quedaron atónitas ante su furia.

—¡Esto no tenía que pasar! —La jefa se puso en pie, completamente pálida, y volcó la silla—.

¡He muerto mil veces y he deseado morir mil más!

¡Y solo lo acepté porque quería la paz! ¡Y, ahora, Ansel está justo fuera de la ciudad, estamos solos y mi gente va a morir!

¡Si no hubiera nacido, esto nunca habría pasado! —exclamó, hecha un mar de lágrimas.

Sus sollozos resonaron en la estancia.

—No es culpa tuya.

Como si tuviera unas alas invisibles, el susurro de Winnie voló y atravesó su pesar.

La jefa desvió la atención hacia ella y la miró con ojos angustiados.

—¿Qué has dicho?

—Lo que ocurrió no fue culpa tuya —repitió la anciana con rotundidad y firmeza—. El hombre al que llamas «Padre» no es tu padre. Ningún padre haría sufrir tanto a su hijo. Es él el que es diferente de nosotros. No tú.

—Pero ¿cómo puede ser? Fue la persona que me dio de nuevo la vida y me dijo que ya no era humana.

Le tembló la mandíbula, como si deseara que eso no fuera verdad.

—¿A que tu corazón late igual que el nuestro?

—Sí, pero incluso los animales tienen corazón.

—Bien, ahora, dime: cuando te encuentras con alguien herido, cuando viste el sol por primera vez, cuando le sonríes a tu hermana…, ¿dónde lo sientes? —insistió Winnie.

La jefa no respondió, ahogada por la emoción.

—Creo que ya sabes a qué me refiero. —Un destello cruzó los ojos de la anciana—. Ahora, dime: ¿no harías cualquier cosa por tu familia? ¿Por los tuyos?

—Por supuesto —respondió la jefa con aire decidido.

—¿Lo ves? —La anciana sonrió, mirándola con calidez—. No te has mantenido con vida solo gracias a tus recuerdos. Siempre te has preocupado por hacer lo correcto. Tu parte humana te ha guiado todo este tiempo sin que lo supieras.

Khalani se quedó perpleja ante la fuerza de las palabras de Winnie, plagadas de ideas que ni siquiera se había atrevido a imaginar.

No era la sangre que le corría por las venas ni las piernas con las que caminaba lo que marcaba la diferencia. Quizá lo que la hacía sentirse viva era la conexión que compartía con Winnie. La forma en que miraba a sus amigos. La intimidad entre ella y Takeshi cuando se quedaban solos.

La jefa sorbió por la nariz, desgarrada por el llanto, como si experimentara la misma sensación de plenitud que ella.

Khalani alzó los ojos hacia el techo. Tenía respuestas a sus preguntas. Y, por primera vez, supo qué hacer.

—¿Cómo te llamas? —Carraspeó—. ¿Cómo te llamabas antes del Gran Colapso.

—Penny. Me llamaba… Me llamo Penny —susurró la jefa.

—Bien, Penny, si nos desatas, podemos ayudarte.

Penny empezó a pasearse por la habitación, visiblemente nerviosa.

—La última vez que le confesé la verdad a alguien, nos mataron. ¿Cómo sé que vosotros no haréis lo mismo?

—Porque Winnie tiene razón. —Khalani miró a su segunda madre, que le devolvió un asentimiento, animándola a que continuara con una mirada de amor en los ojos—.

Quizá no seamos tan diferentes. Yo también haría cualquier cosa por mi familia.

Cuando estuve con Ansel, nos hicieron daño para obtener información, algo que tú nunca has hecho.

Tú nos has protegido, y salvaste a Winnie cuando no tenías por qué hacerlo.

Incluso cuando te ordenaron cometer una atrocidad, escogiste la opción correcta.

No me importa en qué siglo hayas nacido.

Eres mejor que la mayoría de las personas que conozco.

Así que, si no tengo más remedio que elegir entre el bando de Ansel y el tuyo, elijo el tuyo.

Hablaba en serio.

Nadie podía decidir dónde empezaba su historia. Ni cuándo o cómo abandonarían este mundo. Lo que marcaba la diferencia era qué persona elegían ser.

Penny observó atentamente a Khalani y a Winnie, poniendo a prueba su sinceridad. Tras un minuto, soltó un profundo suspiro, como si hubiera estado conteniendo ese aire durante muchísimo tiempo.

Sacó un par de llaves de bronce, se encaminó hacia la anciana y le quitó las cadenas. Cuando liberó a Khalani, esta se frotó las muñecas. Al alzar la mirada, se sorprendió al ver que Penny le tendía una mano.

Dudó un instante, comprendiendo lo que significaba estrecharla. Pero Winnie tenía razón.

Un nuevo amanecer se acercaba, y sus elecciones lo cambiarían todo.

Khalani aceptó la mano tendida de Penny.