Us Defiant Few (Los oscuros 3) 25. Cuanto más trates de entender el mundo, más enloquecerás.
55%

25. Cuanto más trates de entender el mundo, más enloquecerás.

Cuanto más trates de entender el mundo, más enloquecerás.

L a dejó allí.

¿Qué clase de hombre le da a una chica el mejor orgasmo de su vida y después se va?

Takeshi se había arrodillado y la había hecho disfrutar como ningún otro hombre en su vida. Khalani pensó que quizá habían conseguido un gran avance. Pero en lo que no había logrado avanzar nada era en su capacidad de aguantar sus gilipolleces.

Se recogió el pelo en un moño desordenado, tirando de los mechones hasta que le dolió el cuero cabelludo. No tenía ni idea de cómo iban a comportarse sin que nadie se diera cuenta de lo que había ocurrido entre ellos esa misma noche.

Lo que prácticamente le había suplicado que hiciera.

Había sido él el que se había presentado en su dormitorio, permitiéndose mostrar su vulnerabilidad. El que había compartido cosas, algo que jamás habría hecho de considerarla su enemiga. Pero Khalani ya se había hartado de que se acercara a ella cuando le convenía y después la dejara tirada.

A partir de ahora, iba a pagarle con la misma moneda.

Khalani tomó aliento y se alisó la ropa, preparándose para enfrentarse al mundo. Sin embargo, en cuanto salió del dormitorio, alguien se abalanzó sobre ella.

—¿Tienes idea de lo mucho que nos ha costado no echar la puerta abajo y darte un bofetón por preocuparnos de esta manera? —se quejó Serene, abrazándola y estrujándola hasta que le dolieron las costillas.

Khalani le devolvió el abrazo, y Adan y Elise, que aparecieron por la esquina, soltaron un suspiro de alivio.

—Pregunté por vosotros cuando regresamos, pero la jefa dijo que habíais salido a buscarnos. ¿Por qué hicisteis eso? —exclamó Khalani.

—¡Pues para salvar vuestros malditos culos! —gritó Serene, exasperada—. De no ser por Brock, que me sacó a rastras como un neandertal diciendo que tenías que descansar, habría tirado la puerta abajo. Joder, le he tenido que prometer que no me acercaría a tu habitación para que me dejara volver.

Khalani miró a Brock, que se apoyaba en el umbral. Observaba a Serene de un modo extraño, entre irritado y embobado, como si creyera que, aunque tuviera la oportunidad de hacer que fuera más dócil y dulce, no cambiaría absolutamente nada.

El incursor se volvió justo cuando Takeshi salía del baño con el pelo mojado y una toalla rodeándole las caderas. Khalani no pudo evitar pasear la mirada por su torso esculpido. Unas gotas de agua le resbalaron por los abdominales cuando sacudió la cabeza.

Se quedó sin palabras.

La noche regresó a su mente de golpe. Todo. Cómo la había hecho sentir… y cómo se había marchado después.

Takeshi la miró y tensó la mandíbula al ver su expresión de enfado. Durante un segundo pareció que iba a acercarse, como si fuera a decirle algo. Pero se detuvo en mitad del pasillo y apretó los labios.

—¿Puedes ponerte algo de ropa? —le soltó Khalani.

—¿Por qué? —Takeshi se apoyó contra la pared—. ¿Acaso te distraigo?

«Sí».

—¡No! Es solo que tenemos que hablar. Todos. Y es de esas conversaciones con ropa.

—Bah, eso puede esperar. —Serene desechó la idea con un ademán—.

Necesito que me contéis enseguida qué os pasó.

Dicen que los Pecadores os retuvieron, pero ¡no nos dejaron ir a rescataros!

Llevo días con el corazón en un puño, sin poder probar bocado.

¡Ah, qué bien que hayáis vuelto! Me alegro mucho, pero también me da mucha rabia no haber podido estar allí para ayudaros…

—Respira, Terror, y déjalos hablar.

Brock interrumpió el discurso atropellado de Serene. Tenía ojeras, lo que indicaba que la preocupación tampoco le había dejado pegar ojo.

Winnie y Derek se unieron a ellos en el corto pasillo.

Khalani, tratando de ignorar a Takeshi lo mejor que pudo, les contó todo lo ocurrido desde su secuestro hasta que escaparon, pasando por el momento en que había vuelto en sí en el campamento de los Pecadores y el trato que les había propuesto Ansel.

—¿Crees que Ansel decía la verdad? ¿Que nos esconden algo? —preguntó Adan con aire pensativo.

—A mí me parece poco probable —afirmó Derek—. He vivido con ellos y no he visto nada extraño. Ya os he dicho que son buena gente.

—Eso da igual. No podemos dejarlo al azar. Tenemos que comprobarlo —dijo Brock, dando voz a lo que Khalani no se atrevía a pronunciar.

—¿Y qué hacemos entonces? —Derek alzó las manos y la voz—. ¿No vamos a informar a la jefa de que los Pecadores van a atacar esta noche?

—Yo no he dicho eso.

—Pues es lo que ha parecido.

—En cualquier caso, Khalani ha dicho que los Pecadores van a atacar de todas formas —señaló Serene—. ¿Qué vamos a hacer cuando eso ocurra? ¿Marcharnos?

—No —respondió Takeshi con frialdad—. Los mataremos.

El ambiente se cargó de electricidad.

Khalani sabía que Takeshi no iba a dejar pasar sin más que aquel hombre la hubiera golpeado. Y, a decir verdad, ella tampoco.

Sin embargo, las perturbadoras palabras de Ansel aún resonaban en su mente.

Solo había una manera de parar todo aquello.

—Hay que ir a la biblioteca —anunció—. No estoy diciendo que abandonemos Oasis a su suerte… —le aseguró Khalani a Derek antes de que este protestara—. Pero tenemos que averiguar la verdad.

—Winnie está contigo, Khalani.

La anciana levantó los pulgares y Khalani no pudo evitar sonreír pese a la inquietud que la embargaba.

Serene, Adan y Elise se mostraron de acuerdo. Takeshi guardó silencio, pero asintió con la cabeza, y sus ojos negros decían que estaba preparado para la batalla.

Resignado, Derek suspiró, masajeándose la nuca.

—Supongo que no hay otra opción —admitió.

Sin demora, empezaron a trazar un plan.

—Vale, entonces, Brock, Adan, Elise y yo vamos al campo de entrenamiento en busca de la jefa y Patreus, y vosotros entráis en la biblioteca mientras nosotros los entretenemos —resumió Serene pensativa—. ¿Me podéis decir otra vez cómo hacemos eso?

—Habla con ella de lo que sea, Terror. Seguro que eso la distraerá —dijo Brock, poniendo los ojos en blanco—. Se te da bien marear la perdiz.

—Derek, ¿sabes dónde está la biblioteca? —preguntó Khalani antes de que Serene replicara.

—Sí —respondió, tragando saliva—. Estuve en casa de la jefa, y una de las estancias parecía una biblioteca, aunque no entré en ella.

—Perfecto. Tú me acompañarás.

—Yo también me apunto —dijo Takeshi, dando un tempestuoso paso al frente.

—No. —Khalani lo fulminó con la mirada y lo detuvo en seco—. Derek y yo nos las arreglaremos.

—No estaría mal que Takeshi nos acompañara —dijo Derek, paseando la mirada entre ellos—. Si nos descubren fisgoneando, quizá tengamos que luchar.

Takeshi enarcó las cejas, desafiándola a rebatirlo.

Khalani suspiró con exasperación.

—De acuerdo.

—Pues Winnie también se apunta —añadió alegremente la anciana.

Khalani se volvió hacia ella, extrañada.

—¿Cómo?

—Winnie no será una carga.

—Nunca lo has sido —aseguró Khalani—, pero es demasiado peligroso.

—Pues más motivos para que os acompañe. —La anciana esbozó una sonrisa—. Si hay alguien que sepa moverse en una biblioteca, esa es la vieja Winnie.

Incapaz de discutírselo, Khalani dio su brazo a torcer.

—Será como en los viejos tiempos —susurró Winnie, golpeándole con picardía el hombro.

Pero Khalani no estaba tan animada. Solo rezaba para que Ansel estuviera mintiendo y que sus miedos no fueran más que paranoias sin sentido.

De lo contrario, no tenía ni idea de qué harían.

El sol ya casi salía por el horizonte y proyectaba un débil y brumoso resplandor en el frío ambiente.

Khalani se encontraba en la calzada de la avenida Feliz, sumida en un silencio inquietante, con Winnie a su lado.

Derek encabezaba la marcha, y Takeshi iba unos pasos más atrás, vestido todo de negro con su atuendo deportivo.

Aunque percibía los ojos oscuros de Takeshi clavados en su espalda, se obligó a mirar con decisión al frente y a no pedirle explicaciones por lo de la noche anterior.

Khalani se frotó los brazos, tratando de ignorar el malestar que eso le producía y de concentrarse en la misión. Al observar el muro, advirtió que había más centinelas de lo habitual.

¿Y si los veían entrar en casa de la jefa?

¿Y si Serene y los demás no eran capaces de distraerlos el tiempo suficiente?

—¿Va todo bien, querida?

Winnie señaló los arañazos que Khalani se había hecho al rascarse la piel con demasiada intensidad.

—Sí. —Se apresuró a llevarse las manos a los bolsillos—. Solo un poco nerviosa.

—¿Has dormido bien?

—Sí. —Carraspeó—. ¿Y tú?

—Gran parte de la noche sí. —La anciana ladeó la cabeza—. Pero Winnie oyó unos ruidos extraños procedentes de tu dormitorio.

Khalani se sonrojó.

—Ah, ¿sí? Quizá fuera… el viento.

—No pasa nada, mi niña —aseguró, dándole una palmadita en el hombro—. Winnie ha tenido sus escarceos con varios hombres…

—Oh, no. Por favor, Winnie. No quiero oírlo.

—Pero lo más importante… —continuó diciendo la anciana, alzando un dedo— es que os amáis, ¿verdad?

Khalani no necesitó responder. En sus ojos se reflejaba la verdad. Podía estar furiosa con Takeshi. Querer lanzarlo por un acantilado.

Pero lo amaba.

Y, pasara lo que pasase, siempre lo amaría.

Winnie le cogió una mano entre las suyas y se la llevó al pecho mientras seguían avanzando por la calzada.

—El amor es la fuerza más poderosa. Debería abrumarte. Asombrarte. Calmar todas tus nubes tormentosas. Pero incluso en el cielo más despejado puede formarse un huracán. Así que debes ir con cuidado.

Khalani no tenía ni idea de qué era un huracán.

—¿Con qué? —preguntó.

—Con no perderte en esa furia salvaje. La devoción que demuestran vuestros ojos rivaliza con la propia Tierra, y ambos sois igual de intensos.

Cuando esas dos fuerzas chocan, ocurren cosas maravillosas.

Pero también pueden destruir el mundo en un instante.

—La voz de la anciana adoptó un tono de advertencia—.

Depende de ti decidir qué camino tomarán.

—No lo entiendo, Winnie. —Khalani negó con la cabeza—. Solo somos dos personas. No podemos influir en lo que ocurre en el mundo.