Us Defiant Few (Los oscuros 3) 11. No temo a los fuertes. Temo a los que la gente subestima. #2
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11. No temo a los fuertes. Temo a los que la gente subestima. #2

Khalani se humedeció los labios y asintió, tratando de controlar la respiración. Notaba la mirada de Takeshi clavada en ella, pero no podía dejarle ver el miedo que sentía.

—¡Silencio!

El grito de Jack atravesó la estancia y todos enmudecieron.

—Nos han informado de que no hay radiación en la superficie. Spade se ha presentado voluntario para comprobarlo —anunció Jack, señalando al hombre que era su mano derecha.

Spade se puso en pie y se alisó el traje blanco y reluciente.

—He comprobado las lecturas tres veces. No hay radiación.

—Eso es imposible. —Uno de los hombres golpeó la mesa con los puños con aire asustado—. ¡Nos aseguraron que regresaríamos a la superficie en cuanto fuera segura!

—Y, claro, nuestro Gobierno no sería capaz de mentirnos, ¿verdad? —dijo Brock poniendo los ojos en blanco.

Se hizo el silencio. Muchos Ases negaron con la cabeza, incapaces de creer que habían vivido en una mentira, al igual que Khalani y el resto de los ciudadanos de Apolo.

—Solo he conocido el subsuelo —susurró Bakarra con incredulidad.

—Sé que es difícil de aceptar —continuó Jack—, pero he ordenado a nuestros espías que empiecen a reunir lo necesario para abrir una brecha en la cúpula. Y, en cuanto lo tengamos, emprenderemos el trayecto de dos semanas hasta Apolo.

Se inclinó sobre la mesa, con la cabeza gacha y los ojos hundidos por el tiempo que había pasado en el campo de detención.

—Sé que pido mucho —dijo—. Pero no podemos seguir ocultándonos. Los que nos gobiernan nos han mantenido en las sombras, nos han privado de nuestra libertad y ahora tratan de robarnos nuestras mentes. Es nuestra oportunidad para hacérselo pagar con sangre.

—Pero ¡lo más probable es que muramos, Jack! ¿Es eso lo que quieres? —exclamó una mujer casi a voz en grito.

—Tienes razón. No sé si sobreviviremos. Pero sé lo que ocurrirá si todos nos quedamos sentados sin hacer nada.

—Jack tomó aliento y alzó su mirada de acero para dar rienda suelta a su premonición—: Secuestrarán y matarán a más de los nuestros.

Y yo prefiero morir antes que convertirme en una máquina.

Khalani miró a Takeshi. Aunque tenía el rostro crispado, permanecía inmóvil, sumido en un mundo de pensamientos sombríos. Deseó poder sumergirse en él y explorar cada rincón.

—¿Alguien prefiere no participar? —preguntó Spade, escudriñando la sala.

Las rodillas se movieron nerviosas, los dedos tamborilearon y se oyeron murmullos bajos. Pero nadie se negó. Incluso los que habían protestado se mostraban entusiasmados y tenían los ojos brillantes.

Khalani respiró su descontento.

Saboreó la rebelión.

—Khalani —le susurró Winnie al oído—. ¿Y Prometeo? Tenemos que ir a la sede de Prometeo.

Khalani desvió la mirada hacia Elise, que jugueteaba distraída con el viejo anillo de su padre, el que tenía la inscripción «Corp.

Prometeo». Cuando Adan había buscado en los antiguos archivos de Hermes, había descubierto a unas pocas personas que mencionaban la Corporación Prometeo como su empleo anterior.

Era posible que encontraran las respuestas sobre el Proyecto Hélix en la antigua California, y Khalani le había prometido a la anciana que irían, pero no podía librarse de ese aciago presentimiento. Algo en lo más profundo de su ser le advertía de que no fueran. Nunca.

—Iremos, Winnie —respondió Khalani en un susurro, mientras se retorcía los dedos bajo la mesa para ocultar su inquietud—. Pero primero tenemos que ayudar a Apolo.

Aunque dejó caer los hombros y la desilusión se reflejó en sus ojos, la anciana asintió despacio.

—Entonces, queda decidido. —Jack suspiró aliviado—. Dentro de dos semanas, emprenderemos el largo camino por la Zona Muerta.

—No viajaremos todos juntos —lo interrumpió Khalani con el corazón desbocado al recordar al compañero que habían dejado en el desierto y en quien no había dejado de pensar en todo ese tiempo.

—¿A qué te refieres?

Todos prestaron atención, incluido Takeshi.

—De camino a Hermes, nos topamos con una tribu. Se hacen llamar Oasis. Para llegar hasta aquí, nos vimos obligados a dejar a uno de los nuestros atrás. Nuestro grupo partirá antes para recogerlo. Después, nos reuniremos con vosotros a las puertas de Apolo.

—¿Y cómo puedes saber que sigue vivo? —cortó Raziel.

—Está vivo —espetó ella.

—Khalani tiene razón —la apoyó Adan, entrelazando las manos—. No abandonaremos a Derek. Además, trabajó en los laboratorios de Investigación y Recursos y seguro que conoce la mejor manera de entrar.

Jack vaciló un instante y miró de reojo a Spade, que asintió sutilmente con la cabeza.

—De acuerdo —accedió a regañadientes—. ¿Quién de vosotros formará parte de la avanzadilla?

Serene, Winnie y Adan se presentaron de inmediato voluntarios, y Brock no tardó en unirse.

—Yo también voy —declaró Elise con dulzura, y Adan le dedicó una sonrisa.

Jack juntó las manos.

—Eso hace seis…

—Siete.

Khalani tragó saliva al oír la voz grave al otro extremo de la mesa.

—¿Estás seguro? —se extrañó Lane—. Acabas de someterte a una cirugía mayor y aún estás recuperándote…

—No estoy pidiendo permiso —afirmó Takeshi con una voz peligrosamente baja.

El ambiente se volvió eléctrico.

Jack se frotó la barbilla, considerando todos los aspectos.

—Muy bien —dijo al fin—. Partiréis mañana los siete. Nos vemos dentro de dos semanas delante de la cúpula.

Khalani y su familia tomaron aliento. Habían estado tanto tiempo en Hermes que apenas podían creer que esa fuera su última noche allí.

Sin embargo, la Ciudad del Pecado nunca había sido realmente su hogar.

Todos los caminos conducían de vuelta a Apolo.

Y, por mucho que odiara la ciudad que la había visto nacer y todo lo que representaba, no podía dar la espalda a todos los inocentes que aún vivían allí. A las miles de familias que pronto morirían a causa del fallo en los cultivos.

Puede que a otros les diera igual.

Puede que esa fuera la opción más fácil.

Pero, para que el cambio se produzca, alguien tiene que soñar con lo que el mundo puede ser… y dejar de aceptar lo que ha sido.