Us Defiant Few (Los oscuros 3) 9. Calma la mente y préstame tus gritos. #3
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9. Calma la mente y préstame tus gritos. #3

—Solo te lo diré una vez: apártate —ordenó con un susurro asesino.

Brock metió la mano en el bolsillo en busca del cuchillo, pero Khalani le hizo un gesto con la barbilla.

—No pasa nada, Brock. Lucharé con él.

Brock vaciló unos instantes; no cabía duda de que lo consideraba un disparate. Pero, cuando vio que ninguno de los dos se movía, se hizo a un lado refunfuñando entre dientes.

Khalani clavó la mirada en Takeshi.

Él separó un poco los pies y se quedó inmóvil como una estatua. Sin embargo, la miró de arriba abajo: desde las botas, deteniéndose un segundo en la tela oscura que se le ajustaba al muslo, hasta la ceñida camiseta gris sin mangas y el leve movimiento que hacía con la garganta al tragar.

Khalani se preguntó qué estaría viendo.

¿A una chica ingenua fuera de su elemento?

¿O a una criminal lista para enfrentarse a su destino?

Esperaba que fuera lo segundo, porque no pensaba contenerse. Y, por la forma en que Takeshi bajó la cabeza, él tampoco.

—¡Luchad! —ordenó Brock.

Comenzaron a dar vueltas en círculo, ambos esperando a que el otro se decidiera a atacar. Sin perder el contacto visual, Khalani imitó su baile de pies y repasó mentalmente cada lección que él le había enseñado.

Takeshi hizo amago de golpearla, y ella retrocedió. A continuación, lo imitó y él se inclinó hacia atrás. Ninguno parecía dispuesto a dar el primer paso.

—He estado pensando en lo que estuvimos hablando…

Ella entornó los ojos. No pensaba dejar que la distrajera.

—Dices que, en el pasado, traté de matarte. En cambio, me miras como si me desearas.

Khalani se sonrojó sin dejar de girar en círculo.

—¿Es dolor lo que buscas? —preguntó con una voz más baja, más grave.

Khalani sintió que perdía la concentración y que se le tensaban los dedos.

Takeshi ladeó la cabeza, como si le estuviera clavando con saña un cuchillo en la piel.

—¿O es que estás desesperada?

Y entonces ella le asestó un puñetazo.

Takeshi lo había estado esperando y se apresuró a bloquear el golpe que Khalani había dirigido hacia su cuerpo; en cambio, no se esperaba el que encajó en la mandíbula.

El crujido resonó por toda la estancia.

El capitán abrió ligeramente los ojos. No recordaba que todo lo que sabía se lo había enseñado él.

Advirtiendo la ironía, Khalani lo aprovechó.

Alimentada por una combinación de dolor y rabia, se dispuso a atacar de nuevo.

Pero, esta vez, Takeshi esquivó los golpes con una facilidad casi insultante. Khalani realizó un rápido baile de pies y encadenó un derechazo tras otro. Takeshi los bloqueó todos sin tan siquiera despeinarse.

Aun así, en su mirada apareció un destello. Un reconocimiento. Cierto respeto.

Pero para Khalani no era suficiente.

Le pisó el tobillo con saña, tratando de hacerle daño, pero Takeshi ya había anticipado su siguiente movimiento. Cuando falló el puñetazo, él la cogió del hombro y, con un movimiento rápido, la desequilibró. Ambos cayeron al suelo.

Khalani apretó los dientes y se retorció. Takeshi dejó caer todo su peso sobre su espalda y le inmovilizó los codos.

—Ríndete —ordenó con firmeza en voz baja.

—Ni lo sueñes —siseó Khalani.

Echó la cabeza hacia atrás y le golpeó la nariz.

Takeshi apretó aún más, negándose a soltarla.

—Ríndete, Kanes.

Su tono fue letal, tanto que Brock dio un paso al frente, listo para intervenir si era necesario.

Sin embargo, aquello solo era asunto suyo. Y Khalani lo sabía. Takeshi no solo le estaba pidiendo que se rindiera. Le estaba pidiendo que dejara de luchar por él. Que lo dejara en paz en ese abismo oscuro.

Pues ya podía esperar a que el infierno se congelara.

—Si quieres que me rinda, tendrás que hacerme daño —susurró ella con voz ronca.

El rostro de Takeshi se descompuso. La furia desapareció y dio paso a la duda, y, después, a la resignación.

—De acuerdo.

Le agarró el hombro y, con un único movimiento, se lo dislocó.

Un intenso dolor le recorrió el brazo, y Khalani profirió un grito.

Takeshi la soltó al instante, pero ella permaneció con la mejilla pegada al suelo, jadeando y con el corazón palpitándole en el hombro.

Adan y Winnie corrieron hacia ella y la ayudaron a incorporarse. Brock se cruzó de brazos y fulminó a Takeshi con la mirada. Khalani no pasó por alto el destello de reproche que también le dirigió a ella por haberlo provocado.

—¿Estás bien, Khalani? —preguntó Adan, atónito.

—Sí —respondió ella.

Se le dilataron las fosas nasales y se agarró el hombro dolorido.

—Winnie debería atizarte con otro taburete —murmuró la anciana, dedicándole una mirada asesina al capitán.

Takeshi se mantuvo a cierta distancia, con expresión indescifrable. Su respiración era irregular y en sus ojos parecía librarse una feroz batalla. Como si no pudiera decidirse entre abrazarla y gritar con ella o sumergirse de nuevo en las sombras y desaparecer para siempre.

De repente, sus miradas se cruzaron. Khalani no supo decir qué había visto Takeshi en su expresión. Tal vez rabia. O quizá un amor perdido.

Él tensó la mandíbula y no acortó la distancia que los separaba.

Más bien al contrario: abandonó la sala, alejándose aún más.