Us Defiant Few (Los oscuros 3) 9. Calma la mente y préstame tus gritos. #2
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9. Calma la mente y préstame tus gritos. #2

Takeshi se quedó en pie, inmóvil y boquiabierto, con los brazos completamente rígidos a los costados del cuerpo. Cuando Adan se acercó y le dio un par de palmadas en la espalda, casi pareció que iba a salir disparado escaleras arriba.

—¿Qué tal estás, tío? ¿Aún tienes el cerebro frito o qué? —preguntó con cierta inquietud.

Serene puso los ojos en blanco.

—Adan, creo que eres la persona que más se alegra de haber olvidado.

A continuación, saludó a Takeshi con un ademán.

Takeshi tragó saliva y trató de apartarse de Winnie, pero la anciana siguió abrazándolo con firmeza.

Khalani permaneció inmóvil.

Takeshi estaba tan acostumbrado a tener enemigos a su alrededor que no quería asustarlo y que se marchara.

O, al menos, eso se decía para sus adentros.

Si la rechazaba de nuevo, no sabía si podría soportarlo.

—Winnie… —dijo Brock en voz baja—. Déjalo respirar.

Finalmente, la anciana se apartó y clavó la mirada en Takeshi.

—A Winnie la recuerdas, ¿verdad?

Él abrió la boca; iba a decir claramente que no. En cambio, vaciló durante un segundo y frunció ligeramente el ceño.

—¿No eras la bibliotecaria de la prisión?

—¡Exacto! —exclamó la anciana dando una palmada—. Winnie estuvo ahí encerrada durante mucho tiempo. ¿Y no recuerdas a nadie más?

Takeshi paseó la mirada por todos ellos mientras apretaba los labios, pero Winnie era la única que había estado encarcelada en Braderhelm más de tres años.

No obstante, cuando la mirada de Takeshi se posó en Khalani, se puso rígido y le palpitó una vena en la sien, como si su cerebro se fragmentara.

—¡No pasa nada! —interrumpió Winnie al percibir que el ambiente volvía a enrarecerse—. Ya lo recordarás. Pero no olvides que las cosas que buscamos suelen estar, por lo general, delante de nuestras narices.

Aún más desconcertado, Takeshi se encaminó hacia un rincón y se fundió con las sombras.

Pese a que Lane les había asegurado que ya no suponía una amenaza, Brock le lanzó una mirada recelosa. Raziel, por su parte, no despegó la mano de la pistola que mantenía enfundada mientras Takeshi observaba la escena apoyado contra la pared como si fuera un depredador silencioso.

Khalani se revolvió inquieta cuando posó de nuevo los ojos en ella.

Casi como si estuviera esperando algo.

Pero ¿el qué?

Brock carraspeó con el fin de disipar la tensión que se respiraba en el ambiente.

—Bien, y ahora que el capitán ha decidido honrarnos con su presencia, volvamos a lo nuestro —dijo con tono seco—. Los siguientes en combatir serán…

—Serene y Raziel —lo interrumpió Serene con determinación mientras hacía crujir el cuello a ambos lados.

Un destello amenazador atravesó la furiosa mirada de Brock.

—No. Tú combates contra Khalani, Terror —zanjó.

Serene agitó la mano con desdén.

—Bah, Khalani me vencerá sin problemas —respondió, con un atisbo de orgullo que hizo que Khalani sintiera una cálida y repentina punzada en el pecho.

A continuación, Serene miró a Raziel y añadió—: Pero seguro que aprenderé mucho más de una persona cuya profesión es combatir y que puede lanzarme por los aires con más facilidad.

No te ofendas, cariño —remató hacia Khalani.

—En absoluto —murmuró esta, esbozando una sonrisa.

Habría apostado su siguiente comida a que aquello no tenía nada que ver con aprender a pelear, sino más con fastidiar a cierto incursor que, en ese momento, parecía dispuesto a clavarle un puñetazo a la pared.

Raziel resopló, encantado con la situación.

Sin embargo, cuando dio un paso al frente, Brock levantó una mano.

—No hace falta, Raz. Yo me encargo.

—No. Soy yo la que elige, y quiero que sea él —replicó Serene, recogiéndose el cabello azul en un moño desordenado e ignorando por completo la expresión furiosa del incursor.

—Ya la has oído, Brock. Tranquilo, que no golpearé demasiado fuerte —aseguró Raziel, sonriendo ampliamente y chasqueando los nudillos.

Khalani no se habría sorprendido si Brock se hubiese echado a Serene al hombro y la hubiese encerrado en algún lugar.

Pero el incursor se limitó a cuadrarse de espaldas.

—¿Eso es lo que quieres? Pues muy bien.

Brock retrocedió y le dedicó una mirada asesina a Raziel, que se quedó en pie, con expresión serena y despreocupada.

Serene tragó saliva, hecha un manojo de nervios de repente.

—¿Estás lista, tesoro? —preguntó Raziel poniéndose en guardia.

Serene no pronunció palabra; se limitó a asentir y adoptó la misma postura.

Raziel era más bajo que Takeshi y que Brock, pero Khalani sabía que era un error subestimarlo. Cuando ella y Takeshi habían ido con él al casino, la gente de Hermes lo miraba con puro miedo.

—Con las mismas reglas —anunció Brock—. Tres segundos para darse por vencido. Ya.

Serene se lanzó de inmediato, soltando golpes aquí y allá, igual que había hecho Khalani en las primeras sesiones con Takeshi. Raziel suspiró y bloqueó todos los ataques con facilidad y cierto aire indolente. Su expresión relajada solo echó más leña a la furia ardiente de Serene.

La joven apretó los dientes y lanzó un puñetazo salvaje, pero Raziel lo esquivó y le golpeó la mejilla. No había sido un puñetazo fuerte, pero Serene retrocedió, con lágrimas en los ojos.

Y, en ese mismo instante, Brock se abalanzó sobre Raziel y le estrelló un puño en la cara.

Raziel cayó al suelo y empezó a sangrar por la nariz. Sin embargo, en lugar de enfadarse, soltó una carcajada.

—¿Qué te pasa, incursor? Ya te he dicho que no golpearía fuerte —se mofó, lamiéndose el labio ensangrentado.

—Vuestro combate ha terminado —gruñó Brock con los nudillos blancos y esforzándose por contenerse.

Khalani jamás lo había visto tan furioso.

—Aún no. No me he rendido —protestó Serene, levantando la barbilla.

—He dicho que el combate ha terminado.

Como si un demonio lo hubiera poseído, Brock volvió la cabeza hacia Serene, jadeando.

Serene le sostuvo su mirada desafiante al tiempo que se le formaba en los ojos una tormenta que prometía arrasar con todo.

Khalani avanzó un par de centímetros, dispuesta a intervenir.

Pero, entonces, Serene esbozó una sonrisa maliciosa.

—Vaya, por fin demuestras tener agallas.

Serene dio media vuelta y empezó a subir las escaleras.

—No me sigas —le dijo a Adan.

Cuando el sonido de sus pasos se extinguió, Brock soltó una maldición y se contuvo para no ir tras ella, sin duda comprendiendo que solo empeoraría la situación.

Raziel se limpió la nariz ensangrentada y, como si nada, se incorporó de un salto.

—Bueno, no ha estado mal. Si no os importa, voy a buscar algo de comer —anunció con una sonrisa despreocupada.

Desapareció escaleras arriba, y nadie se movió durante un largo minuto.

Adan y Brock seguían mirando hacia allí, planteándose salir corriendo tras Serene. Winnie murmuraba para sus adentros sobre «las locuras que se hacen por amor». Y Takeshi guardaba silencio en su rincón oscuro, observando con calma cómo aquella familia disfuncional parecía desmoronarse ante él.

—Bueno, entonces… —Khalani dio un paso torpe hacia delante—. ¿Lo dejamos aquí por hoy?

—Aún no. Tú no has combatido —respondió Brock aún medio enfadado, peinándose el pelo con los dedos.

—Vale. Y… ¿con quién peleo?

Con un suspiro exasperado, Brock se plantó ante ella, pero Takeshi se despegó de la pared.

—Yo me encargo.

A Khalani le flaquearon las piernas cuando se colocó frente a ella. Aunque su semblante era impenetrable, el ardor en sus ojos casi la quemaba.

—¿Estás segura? —preguntó Brock, recordando que Takeshi había tratado de matarla—. Creo que será mejor que lo haga yo.

Pero, cuando Brock dio un paso, Takeshi lo fulminó con la mirada. Despacio.