Us Defiant Few (Los oscuros 3) 7. La verdad es que siempre espero lo peor. #3
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7. La verdad es que siempre espero lo peor. #3

—Venga, pasemos al siguiente ejercicio: desarmar al oponente.

Practicaron con unos cuchillos de plástico que Brock había sacado del piso superior y, esta vez, Khalani formó pareja con él. En un momento determinado, la inmovilizó abrazándola por la espalda y colocándole el cuchillo a pocos centímetros del cuello.

—Haz lo que te enseñé —le ordenó—. Inclina el peso hacia delante y así podrás soltarte.

Sin embargo, Khalani hizo otra cosa.

Juntó los brazos y le hundió el codo en el estómago.

Brock soltó una maldición y Khalani se apresuró a liberarse. Pero el incursor dirigió el cuchillo hacia su abdomen, deteniéndose justo antes de clavárselo.

—Muerta —siseó—. Deberías haberme hecho caso.

—Se me ha ocurrido una manera más rápida de zafarme. Y ha funcionado, ¿verdad?

Khalani se secó el sudor de la frente con una mano.

—Sí, durante dos segundos —se mofó Brock—. Te estabas regodeando de haberme ganado y no has pensado en el siguiente movimiento de tu oponente. Si fuera tu enemigo de verdad, ya estarías muerta.

—Yo le daría puntos por creatividad —se mofó Raziel desde una esquina, con los brazos cruzados y un brillo en los ojos.

Durante el entrenamiento, había pasado de examinarla en silencio a criticar cada una de sus maniobras.

Era evidente que la disculpa no había servido de mucho.

—Una pregunta… —dijo Serene alzando la mano.

Brock soltó un suspiro.

—¿Qué?

—¿Puedo practicar yo también esa técnica del codo contigo? Parece una maniobra importante.

—Hemos terminado por hoy. Lo retomaremos mañana.

Brock salió de la estancia hecho una furia y Serene hizo una mueca burlona al ver que lo había sacado de quicio. Le encantaba.

Khalani se encaminó hacia su diminuto dormitorio, que era más bien como una pequeña despensa, aunque, comparado con sus anteriores celdas, podía considerarse una mansión.

Tomó una toalla y un cepillo de dientes y se dirigió hacia las duchas que Jack les había mostrado.

El agua le cubrió los oídos, saturando sus sentidos, y, por unos breves instantes de calma, fingió que casi cada aspecto de su vida no era una pesadilla constante.

Pero, por mucho que se esforzó, los problemas no desaparecieron por el desagüe.

Después de enjabonarse, secarse y cepillarse los dientes, se puso unos pantalones de chándal grises y una sencilla camiseta blanca que le llegaba hasta el trasero.

Ya de vuelta en el dormitorio, oyó unas voces. Se asomó al pasillo y distinguió a Jack hablando con Jericho, que seguía apostado frente a la puerta de Takeshi.

Khalani tamborileó con los dedos en los muslos y clavó los ojos en esa puerta que la atraía como si fuera un oasis en mitad del desierto. Incapaz de resistirse, dejó la toalla sobre la cama y se aventuró por el pasillo.

Ambos se volvieron al ver que se acercaba.

Khalani tragó saliva y deseó ser invisible para escurrirse entre ellos y entrar en la habitación. Pero, por la manera en que no le quitaban ojo de encima, eso no iba a ocurrir.

—Hola…

Carraspeó, frotándose las manos.

Jack se fijó en su pelo, todavía húmedo.

—Me alegro de ver que te has podido duchar. Solo Dios sabe lo mucho que lo necesitábamos después del campo de detención… —dijo con la mirada perdida, como si recordara los meses que había pasado en el campo de detención, muchos más que ella.

—¿Aún nos buscan los crupieres?

—Lo dudo mucho. Mis hombres han dejado un rastro falso en otras secciones de la ciudad y, por lo visto, han mordido el anzuelo. Sigamos recuperando fuerzas mientras podamos porque es posible que tengamos que ponernos en marcha en cualquier momento —aseguró Jack, con voz cada vez más alta.

Jericho se cuadró tras él. Khalani admiraba a Jack, la manera en que hacía que todo el mundo lo respetara y obedeciera todas y cada una de sus órdenes. Pese a haber pasado tanto tiempo en el campo de detención, había recuperado de inmediato el rol de líder. Le salía de forma natural.

—Gracias, Jack. —Khalani alzó unos ojos sinceros hacia él—. Eres un buen líder.

Jack hizo una mueca, como si una parte de él no se lo creyera del todo, pero asintió con la cabeza. Khalani miró la puerta de nuevo, y el corazón se le aceleró.

—¿Hay algún problema si hablo con él?

—Si no recuerdo mal, la última vez trató de matarte.

—Lo… sé. Pero no quiero que crea que está solo. Sería peor. Takeshi tiene que saber que algunos de nosotros seguimos preocupándonos por él, incluso si no nos recuerda. Solo serán unos pocos minutos…

Se clavó las uñas en las palmas de las manos, casi perdiendo el poco control que tenía.

Jack recapacitó acerca de lo que acababa de decir y la miró de arriba abajo. Khalani contuvo el aliento. Intuía su negativa, pero no le importaba. Encontraría la manera de franquear a Jericho.

Estaba segura de que Serene la ayudaría.

Su expresión debía de ser de pura desesperación, porque Jack dijo finalmente:

—Tienes cinco minutos, ni uno más. Y Jericho entra contigo.

—Pero…

—No es negociable. —Jack la escrutó con frialdad—. Y más te vale estar segura de esto, Khalani, porque, si te hace algo, lo pagará caro.