Us Defiant Few (Los oscuros 3) 7. La verdad es que siempre espero lo peor. #2
15%

7. La verdad es que siempre espero lo peor. #2

Se habían puesto prendas más holgadas un momento antes, en sus habitaciones.

Khalani llevaba unos pantalones cortos negros que se le adherían a los muslos, pero que, al menos, le permitían moverse.

Le habría gustado que fuesen más largos, pero se anudó una sudadera gris varias tallas más grande a la cintura y, como mínimo, no iba por la iglesia enseñando el trasero.

Los cinco realizaron unos estiramientos en el suelo mientras Brock refunfuñaba entre dientes en la parte delantera.

Sin duda, estaba maldiciendo a Serene, aunque su querida amiga de pelo azul parecía crecerse cada vez que fastidiaba al incursor.

—Caramba, Khalani, ¿cómo puedes ser tan flexible? —preguntó Adan entre jadeos mientras se estiraba en apertura lateral.

Khalani apoyó la mejilla en el suelo.

—Es lo que solía hacer en Braderhelm, en la celda, cuando me aburría.

Prefirió guardarse para sí misma que Takeshi la sometía a intensos ejercicios de estiramientos antes de cada sesión.

«Un cuerpo agarrotado casi nunca gana peleas», solía decirle. A veces se preguntaba si él mismo advertía la ironía, puesto que era la persona más rígida y fría de todo Braderhelm.

—¿Estuviste en otra prisión? —preguntó Elise, esforzándose por imitar la postura de Khalani.

—Sí, todos nosotros.

Elise abrió los ojos de par en par y Serene añadió:

—Sí. Nos condenaron a todos. ¡Somos criminales! En especial, mi hermano Adan. No preguntes qué le ocurrió al otro tipo.

Aunque Adan le dedicó a su hermana una mirada enfadada, un destello de interés cruzó los ojos de Elise, que se quedó observando al ingeniero antes de volver a concentrarse en sus estiramientos. Serene le guiñó el ojo a Khalani, y esta soltó una risita. En ese momento, Brock se puso en pie.

—Bien, vamos a hacer parejas para los ejercicios. Adan, tú vas con la chica nueva —indicó, señalando a Elise—. Winnifred, tú vienes conmigo. Y, Khalani, tú te quedas con Terror.

Serene le dedicó una peineta y se encaminó hacia ella con aire despreocupado.

—¿Te llama «Terror», en serio? —le preguntó Khalani, ladeando la cabeza.

—Yo lo llamo «Cabeza Hueca». —Serene se encogió de hombros—. Aunque «Gilipollas Masoquista» también está entre las opciones.

Se esforzó por disimular la sonrisa cuando Brock gritó:

—¡Bien! ¡Dejad de parlotear como unas cotorras! Quiero que uno de vosotros levante las dos manos mientras la otra persona practica el golpe en la mano contraria. Nada de puñetazos fuertes. Solo vamos a perfeccionar el gesto. Haced cien repeticiones por cada mano y luego cambiáis. Adelante.

Khalani se volvió hacia Serene, que sonrió con una mueca burlona y alzó las palmas de las manos.

—Dale fuerte.

Golpeó despacio, concentrándose en la técnica, tal como Takeshi le había enseñado. Más o menos a mitad del ejercicio, advirtió que Serene no dejaba de mirar a Brock, que estaba ayudando a Winnie.

Khalani también desvió la mirada hacia allí.

Winnie golpeaba las palmas de Brock con gestos lentos y los brazos temblorosos. A pesar de eso, el incursor no se lo recriminaba ni la trataba con condescendencia.

—Vamos, Winnifred, ya lo tienes —la animaba con cada uno de sus golpes—. Sigue así. Eso es —dijo con orgullo—. Termina con fuerza.

Finalmente, la anciana llegó a las cien repeticiones. Dejó caer los brazos, empapada en sudor y con el cabello plateado pegado a la frente.

—Hacía mucho tiempo que Winnie no se esforzaba así —dijo jadeando—. Creo que no sería de mucha ayuda en una batalla.

Brock la miró con gesto adusto y le puso una mano firme sobre el hombro.

—Ni se te ocurra decir eso. No es fácil atravesar la Zona Muerta, incluso para mí, que tengo veintiséis años y llevo toda la vida entrenándome.

Y tú superaste el ambiente más hostil de la Tierra con una sonrisa.

Que sepas que, si tuviera que formar un equipo, puede que no acabara eligiéndote, pero te aseguro que entrarías en mi lista de candidatos.

Khalani se sorprendió ante su sinceridad. Con los ojos brillantes, Winnie articuló en silencio un «gracias».

La anciana era la clase de mujer a la que nunca tomaban en cuenta. Tenía el corazón y la mente más grandes del mundo, pero le costaba horrores plantar cara y enfrentarse a aquellos que abusaban de su autoridad.

Sin embargo, Brock lo había entendido: Winnie nunca había sido una carga para ellos.

Era su inspiración.

Una leve sonrisa tiró de las comisuras de los labios de Khalani y volvió a prestar atención a Serene, que seguía mirando a la pareja con expresión indescifrable.

—¿Estás lista? —preguntó Khalani, alzando las palmas.

—Claro —respondió Serene, parpadeando y saliendo de su ensimismamiento.

Mientras seguían entrenando, una figura familiar bajó las escaleras de dos en dos.

—Raziel… —dijo Brock, cruzándose de brazos—. No te esperaba.

Raziel llevaba unos pantalones cargo oscuros, un chaleco y una camiseta de manga larga, y el habitual pañuelo negro cubriéndole la mitad inferior del rostro.

Avanzó con paso seguro, como si entrara en un bar, aunque inspeccionó con mirada astuta cada rincón del sótano, deteniéndose un instante en Khalani.

—Jack me ha dicho que estabais aquí abajo. He pensado que podría pasarme a ver cómo entrenáis.

—¿Eso es todo?

Brock lo miró con escepticismo.

—Ya sabes cómo va esto —respondió Raziel, encogiéndose de hombros—. Cuando uno pasa demasiado tiempo escondido, se pone nervioso y se mete donde no debe.

Miró de nuevo a Khalani con el rabillo del ojo.

—¿Cómo está Ryder?

Raziel desvió la mirada hacia Brock y, por primera vez, una emoción se reflejó en su rostro.

—Mi hermano sigue descansando. No ha ayudado mucho haberse pasado meses comiendo mal en un campamento de esclavos. Pero Lane asegura que se recuperará.

Desvió la mirada. Resultaba evidente que no quería seguir hablando del tema, pero Khalani no pudo evitar pronunciar las siguientes palabras:

—Lo siento.

Raziel la miró con dureza.

—¿Qué es lo que sientes?

—Aunque Ryder no nos acogió de la mejor de las formas en el campo, no dudó en ayudarnos a escapar cuando llegó el momento.

Y, a pesar de que sé que culpas a Takeshi por lo ocurrido, pudo haber matado al doctor Strauss, y yo…

Fui yo la que le pedí que se fuera. Pensé que, de lo contrario, no lo conseguiríamos. Ahora creo que, si no lo hubiera hecho…

Khalani se mordió el labio y bajó la mirada, embargada por la culpa, que amenazaba con tragársela.

—Sé que no puedo cambiar lo ocurrido y que las disculpas no arreglarán nada. Pero quería que supieras que lo siento de verdad.

Un silencio opresivo se adueñó de la estancia.

Raziel era el sicario de los Ases, uno de los hombres más temidos de Hermes. Pero, cuando Khalani finalmente tuvo agallas para alzar la mirada, vio que en sus ojos brillaba una emoción contenida. Y Raziel se limitó a asentir.

Fue suficiente.

Brock carraspeó, reclamando atención.