Us Defiant Few (Los oscuros 3) 5. De todas las catástrofes, soy la más destructiva.
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5. De todas las catástrofes, soy la más destructiva.

De todas las catástrofes, soy la más destructiva.

K halani se retorció, tratando de zafarse de Takeshi, pero él la sujetó con firmeza y le apretó aún más la garganta.

—Yo de ti me calmaría —la amenazó, lo que le puso la piel de gallina.

—¿Qué quieres? —consiguió decir con voz áspera, apenas incapaz de hablar con el poco oxígeno que Takeshi le permitía respirar.

—Quiero que llames a tu líder. A Jack.

—¿Cómo?

—Ya me has oído.

Le apretó aún más el cuello, y la yema del pulgar subió y bajó cuando ella tragó saliva.

—¡Jack! —gritó Khalani.

Pero no vino nadie.

—Otra vez —ordenó Takeshi.

Presa del pánico, volvió a gritar su nombre. Cuando oyó el cerrojo de la puerta y esta se abrió, ya se había quedado afónica.

Jack estaba fuera, flanqueado por Jericho y Brock, a quienes seguía un desconocido ataviado con una bata blanca. Al ver que Takeshi estaba estrangulando a Khalani, los cuatro hombres se quedaron atónitos y palidecieron.

—¿Qué…? —empezó a decir Jack.

—Esto es lo que va a pasar ahora —interrumpió Takeshi—. Vais a quitarme estas cadenas y saldremos de aquí.

«¿Saldremos? ¿Los dos?».

Sin embargo, no tuvo tiempo de preguntárselo, porque Takeshi continuó:

—Si no hacéis lo que os digo…, morirá.

Khalani respiró de forma entrecortada al tiempo que un escalofrío glacial le recorría las venas. Él seguía agarrándole la garganta con firmeza y presionaba su cuerpo contra el de ella, manteniéndola completamente inmóvil.

Ignoraba si estaba dispuesto a cumplir la amenaza. En lo más profundo de su ser, pensaba que el Takeshi que nunca le haría daño seguía ahí dentro.

Pero… joder… Parecía hablar en serio.

Los cuatro hombres guardaron silencio. Para su sorpresa, Brock fue el primero en reaccionar: dio un paso adelante con las palmas de las manos en alto.

—Takeshi… Soy Brock. No te conozco desde hace mucho. De hecho, podría decirse que no nos caemos muy bien. Pero, por lo que he visto, hacerle daño es lo último que deseas.

—Y dime…, Brock… —empezó a decir Takeshi, pronunciando el nombre con desprecio—. ¿Estás dispuesto a poner su vida en riesgo para probar esa teoría?

Brock vaciló y paseó la mirada por los ojos amenazadores de Takeshi y los aterrados de Khalani, que apenas se dio cuenta de que el hombre con bata se marchaba después de que Jack le susurrara algo al oído.

—Voy a empezar a contar —advirtió Takeshi con una voz más dura que el acero—. Y, si estos grilletes no se abren antes de que llegue a tres, le romperé el cuello.

Khalani abrió los ojos como platos, incapaz de controlar el temblor en sus labios al ver que nadie se movía.

—Uno…

Asustado, Brock miró a Jack, que guardaba silencio.

—Dos…

Iba a hacerlo. Takeshi iba a matarla.

¿Y lo más triste de todo?

Que no lo odiaba por eso.

Khalani cerró los ojos y lanzó una plegaria hacia el cielo para que, si existía ese lugar, se encontraran de nuevo allí. Quizá entonces le diría todo lo que debería haberle dicho tiempo atrás.

—Tr…

—Jericho —interrumpió Jack—. Quítale los grilletes.

Mientras él seguía rodeándole el cuello con sus fuertes brazos y Khalani respiraba de forma entrecortada, Jericho se acercó de inmediato y obedeció.

Khalani dio un respingo cuando cayeron con un ruido metálico al suelo.

Con cautela, Jericho dio un paso atrás y Takeshi la obligó a ponerse en pie. Pensaba que iba a soltarla, pero siguió sujetándola con firmeza.

—Salid de la celda y pegaos al muro —ordenó.

Al principio, no se movieron, pero Jack hizo un gesto de la cabeza y los tres hombres cumplieron la orden a regañadientes.

—Camina, Kanes —le murmuró Takeshi al oído.

Khalani tragó saliva; puede que no fuera más que una alucinación, pero sintió que Takeshi le deslizaba suavemente la yema del dedo por la yugular. Le dio un empujón y no le quedó más remedio que avanzar. Pasó ante ellos de perfil sin quitarles ojo.

El frío aire le lamió la piel, pero no era rival para el calor que la embargaba mientras Takeshi la retenía. Se apresuraron a recorrer el pasillo, haciendo parpadear las antorchas a su paso.

—Sigue avanzando —le ordenó, empujándola hacia delante.

Takeshi pensaba que su vida valía algo para los Ases, que ella sería su manera de salir de allí.

Se equivocaba.

Khalani no daba ni un céntimo por ese plan de fuga.

Para su completo asombro, cuando pasaron a toda prisa por la zona común, los Ases se pusieron en pie y tomaron las armas, pero, cuando miraron a Jack a la espera de órdenes, este alzó una mano y les indicó que las bajaran.

Eso no tenía sentido.

¿Qué estaba ocurriendo?

Siguieron recorriendo a toda prisa el pasillo mal iluminado. Pese al control que proyectaba Takeshi, Khalani sentía en la nuca los latidos desbocados de su corazón.

De repente, al llegar a la parte delantera de la iglesia, una enorme figura apareció tras una columna de mármol. Takeshi inmediatamente la empujó a un lado y le lanzó un fuerte puñetazo al atacante, pero fue demasiado tarde. La figura ya le había clavado una enorme jeringuilla en el cuello.

Takeshi la miró aturdido mientras las pupilas se le dilataban. Y, en ese instante de derrota, extendió la mano hacia ella antes de desplomarse al suelo. Completamente inconsciente.

Perpleja, Khalani vio cómo el hombre de la bata blanca abandonaba las sombras, masajeándose la nariz hinchada con un gruñido.

—Buen trabajo, Lane.

Jack apareció en la iglesia con Brock, Jericho y Spade pegados a los talones.

—Tiene un derechazo letal —dijo Lane, reprimiendo las lágrimas y sacando la jeringuilla del cuello de Takeshi.

Spade observaba de reojo su cuerpo inconsciente.

—Esperemos que no se diera muy fuerte contra el suelo.

—Jericho, cárgalo en el vehículo —le ordenó Jack al enorme guardaespaldas.

Jericho dio un paso al frente, pero Khalani lo interceptó.

—No va a ir a ningún sitio hasta que me digáis adónde lo lleváis.

—¿Cómo? —exclamó Lane—. Pero si ha tratado de matarte…

Khalani decidió ignorarlo.

De todos modos, no la habría tomado en serio.

Había visto a Takeshi matar a otros sin vacilar.

Y con ella había tenido la oportunidad, pero no lo había hecho.

—Jack… —Khalani se volvió hacia el hombre al mando—. ¿Adónde lo lleváis?

Jack, que se mantenía en posición de firmes y tenía la mandíbula tensa y un semblante implacable, señaló con el dedo al hombre de la bata.

—Lane es uno de los mejores cirujanos de Hermes. Sabe de la existencia del chip y va a sacárselo.

Sorprendido, Lane se apresuró a corregirlo.

—He dicho que lo intentaría. Si le han implantado un chip, haremos lo que podamos para sacarlo. Pero que sepáis que puede morir en el proceso.

A Khalani le fallaron las rodillas.

Morir.

Esa mera idea le resultaba insoportable.

—¿Qué posibilidades hay de que Takeshi recupere la memoria si el chip sigue ahí dentro? —se atrevió a preguntar.

—Ninguna —respondió Lane mirando a Takeshi.

No parecía mentir.

Khalani no se movió ni un centímetro.

—No vamos a llevárnoslo muy lejos —intervino Spade—. Lane tiene un quirófano secreto. Allí es adonde van los miembros de las bandas cuando resultan heridos, y allí es donde ha curado a Ryder.

Tenían todas las respuestas, todo aquello que se suponía que la haría sentir más cómoda, más confiada. Pero la última vez que Takeshi había desaparecido de su vista, había estado a punto de perderlo para siempre.

—Khalani… —La voz de Brock atravesó la iglesia, y ella alzó la mirada, a punto de romper a llorar—.

Si Takeshi, el verdadero Takeshi, estuviera aquí ahora mismo, ¿qué crees que querría?

Porque, si fuera yo, no me gustaría que me hubiesen jodido la memoria.

No me gustaría haber olvidado a la gente que me importa. A él tampoco le gustaría, y lo sabes.

Khalani miró al suelo, hacia el hermoso rostro de Takeshi, que permanecía tendido en el suelo, inmóvil. Tenía los ojos cerrados. No había ni rastro de odio o malicia en su expresión. Solo paz.

No tuvo que pensar mucho la respuesta.

Takeshi querría que le extrajeran el chip.

Antes moriría que permitir que alguien le hiciera olvidar todo aquello por lo que luchaba. Que lo obligara a traicionar a la gente que lo quería. Khalani soltó un fuerte suspiro y, finalmente, dio su brazo a torcer. Jericho se apresuró a alzar a Takeshi, pero ella lo detuvo.

—Espera.

Antes de que pudieran protestar, se inclinó hacia él y le susurró al oído:

—Estaré aquí cuando vuelvas. Te lo prometo. Y, cuando estés listo, se lo haremos pagar a todos y cada uno de ellos.

Khalani observó en silencio cómo se lo llevaban.

Las paredes de la iglesia fueron las únicas que oyeron su plegaria esa noche.

No rezaba por ella.

Rezaba por el destino del mundo si Takeshi no regresaba con vida.