Us deadly few (Los oscuros 2) 30. Si guardas silencio ante algo que no está bien, no podrás defender aquello que sí lo está. #2
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30. Si guardas silencio ante algo que no está bien, no podrás defender aquello que sí lo está. #2

Salieron corriendo del laboratorio y entraron en la zona de recepción.

La secretaria seguía sentada ante el escritorio, pero ahora estaba inmóvil. Khalani le dedicó una mirada fugaz y advirtió que tenía la boca entreabierta y un agujero de bala en el centro de la frente. Se apresuró a apartar los ojos, negándose a desperdiciar su compasión en esa mujer despiadada.

Había oído sus gritos y no había hecho nada. Ni siquiera había protestado. Solo había entrado en el laboratorio para preguntarle al doctor Strauss si quería un poco de café.

El silencio siempre demuestra apoyo.

Salieron a toda prisa del edificio negro, y Khalani tomó aliento, a punto de derrumbarse a causa de las torturas que acababa de soportar. Pero Takeshi la sostuvo, cogiéndola aún más fuerte por la cintura.

—Saldremos de aquí. Te lo prometo —aseguró con una clara convicción en la mirada.

Khalani asintió y, armándose de valor, creyó en sus palabras mientras se adentraban en el caos.

Los disparos y los gritos se sucedían ante las filas de crupieres que, marchando y disparando contra los Ases, los acorralaban en la entrada del túnel.

Unos veinte de estos últimos se mantenían firmes, y Khalani sintió que se le aceleraba el pulso al divisar varios cuerpos inmóviles tendidos en el suelo.

Enseguida distinguió a Spade, Raziel y a algunos hombres del Corazón Negro, que ayudaban a Jack y Ryder a retirarse a una zona segura.

El alivio la embargó cuando vio a Elise y a varios prisioneros más avanzando por un lado de la caverna y esquivando las balas de camino al túnel.

Elise tenía el rostro cubierto de lágrimas y Khalani entornó los ojos. ¿Dónde estaba su padre? Justo en ese momento, otra figura apareció en su campo de visión.

—¡Brock!

—¡Ahí están! —gritó Brock volviéndose hacia Takeshi y Khalani.

Ambos corrieron hacia él.

Brock disparó a otro crupier y le dio de lleno en el pecho. Llovieron más disparos y todos se agacharon.

—Nos superan en número. ¡Preparaos para sellar los túneles! —exclamó Spade agitando el brazo.

Todos comenzaron a retroceder.

Takeshi empujó a Khalani y se colocó tras ella, cubriéndola.

—Sigue, Kanes. No te detengas —le ordenó.

Brock corría junto a ella y los miraba aliviado. Tenía unas profundas ojeras, como si se hubiera pasado toda la semana preocupado. Los disparos seguían sonando a sus espaldas, y algunas balas casi los rozaron.

A unos treinta metros los esperaban decenas de vehículos de transporte vacíos.

—¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! —gritó Spade.

La mitad de los supervivientes subieron a toda prisa. Los motores rugieron al encenderse y los vehículos se alejaron a toda velocidad.

—¡Preparaos para detonar! —ordenó Raziel, haciéndole una seña a un hombre que aguardaba muy cerca con un dispositivo en las manos.

Ya casi habían llegado al túnel cuando estalló otra ráfaga de disparos. Khalani se cubrió la cabeza y siguió corriendo sin tregua. De repente, oyó un rugido atronador, seguido de un golpe sordo.

Khalani se detuvo en seco y se volvió.

Petrificada, vio a Takeshi desplomado en el suelo mientras un charco de sangre se le formaba en la espalda.

Sintió que el tiempo se detenía. Todas las balas se quedaron flotando en el aire. Los espeluznantes gritos se desvanecieron hasta convertirse en silencio.

No.

Takeshi no.

Joder, Takeshi no.

Takeshi alzó la cabeza buscándola, con los ojos llenos de anhelo.

Como si fuera lo único que deseaba ver en el mundo.

—Vete —articuló con los labios.

De eso nada.

Khalani corrió junto a él, pero Brock la atrapó por la cintura y la levantó.

—¡No! ¡Suéltame! ¡No podemos dejarlo ahí!

Pateó y gritó, luchando con todas sus fuerzas. Miró atrás y vio a los crupieres restantes que irrumpían en el túnel, hacia Takeshi, que intentaba levantarse. Sin embargo, su enorme cuerpo se desplomó de nuevo.

—¡Brock, regresa! ¡Tenemos que volver a por él! —suplicó, pero los brazos del incursor la agarraron aún con más fuerza mientras se dirigían hacia uno de los vehículos vacíos.

—Lo siento, Khalani. No podemos hacer nada.

Sonaba más angustiado que nunca. Pero eso a Khalani le daba igual.

Lo que importaba era que el hombre que la conocía mejor que nadie en el mundo, el hombre que la había ayudado a encontrar su fortaleza, el que la había impulsado cuando lo había necesitado y había comprendido su oscuro corazón, estaba ahora fuera de su alcance.

Khalani siguió revolviéndose y luchando como si fuera un monstruo salvaje.

Un mundo sin Takeshi era una prisión en vida en la que no quería sobrevivir.

—¡Vuelve, joder! ¡Por favor, vuelve!

Se negaba a aceptarlo. Khalani accedería gustosa a regresar al edificio negro y soportar un millón más de sesiones de tortura si con eso Takeshi estuviera a salvo.

Furiosa, siguió gritando, pero nadie le hizo caso. En brazos de Brock, franquearon la entrada del túnel y, a una señal de Raziel, el hombre que sostenía el dispositivo pulsó una tecla y la entrada tembló.

Se oyó una explosión y las rocas empezaron a caer, sellando el túnel.

—¡¡¡ NO !!!

Unas lágrimas de agonía le resbalaron por las mejillas mientras la subían al vehículo. Su última imagen fue la de los crupieres, pistolas en mano, rodeando a Takeshi, que seguía inconsciente en el suelo.

Las rocas bloquearon su visión borrosa y sintió que se le paraba el corazón. Como si su cuerpo no pudiese soportar el dolor y hubiese decidido dejar de funcionar.

Porque lo último que oyó antes de que el vehículo saliera lanzado hacia el abismo oscuro fue… el sonido funesto de un disparo final.