27. No se trata de ser perfecta. Se trata de superar los fracasos. #3
—Para ocuparme de él mañana —comentó con naturalidad.
—Estás mal de la cabeza —dijo, y soltó una carcajada.
—¿Ahora te das cuenta?
La sonrisa maliciosa de Takeshi se ensanchó, y, de nuevo, Khalani se sorprendió al ver esa belleza genuina.
Sin añadir palabra, la cogió del pelo, la inclinó hacia atrás y acercó los labios a uno de sus pezones.
Khalani ahogó un suspiro mientras él la mordía con suavidad, gimiendo y provocando descargas eléctricas que le recorrían todo el cuerpo.
Takeshi volvió a auparla y le devoró la boca de nuevo.
Se besaron como si estuvieran famélicos.
Como si no necesitaran aire porque se alimentaban del aliento del otro.
Con los labios aún unidos, Khalani le llevó las manos a la nuca y empezó a desabrocharle el uniforme, anhelante. Takeshi se apresuró a ayudarla con la cremallera, se lo quitó y lo lanzó al suelo sin miramientos.
Khalani se permitió acariciarle el torso desnudo y sentir los latidos desbocados de su corazón. Una cosa era verlo en acción y otra muy diferente era rozar esos músculos con las yemas de los dedos.
Mordiéndose el labio, deslizó las manos más abajo. Cuando le palpó el miembro endurecido, Takeshi ahogó un suspiro.
Khalani sonrió ante la idea de hacer que se desmoronara, sintiéndose aún más poderosa.
Deseaba mucho más que tocarlo. Deseaba que perdiera el control y que ese momento se le quedara grabado para toda la eternidad.
Al igual que quedaría grabado en ella.
Se arrodilló, pero él la obligó a ponerse en pie de nuevo.
—Takeshi, ¿qué…?
Ahogó un grito cuando Takeshi la giró, de modo que quedó con la espalda pegada a su torso. La abrazó, acariciándole la piel justo por debajo del pecho con una mano mientras introducía la otra entre sus piernas.
—Si crees que voy a correrme antes que tú, lo llevas claro.
Khalani tragó saliva y dejó caer la cabeza en su hombro mientras él movía el pulgar y deslizaba un dedo en su interior.
Takeshi aumentó la velocidad de sus movimientos y Khalani sintió que estaba ascendiendo una cima escarpada. Que estaba escalando la montaña más alta. Cada vez que rozaba a Takeshi, se encendía dentro de ella un fuego que la derretía y cuyo calor se intensificaba con cada caricia.
Empezó a ver lucecitas. No sabía qué estaba ocurriendo. Nunca había experimentado nada parecido con nadie.
Cuando llevó la mano hacia atrás y empezó a acariciarlo arriba y abajo al mismo ritmo, él gimió en su oído. Notaba los latidos de su corazón en la espalda, un ritmo salvaje y primitivo que los arrastraba a los dos.
Takeshi siguió moviendo el pulgar y deslizó otro dedo en su interior. Khalani estuvo a punto de soltar un gemido. Cada movimiento, cada cambio, encendía chispas que le recorrían el cuerpo y la hacían arder más y más.
—Eso es, preciosa. Déjate llevar —ordenó, casi sin aliento como ella.
Tras otro roce de su pulgar, los músculos de las entrañas le empezaron a temblar.
Khalani sintió que ardía, como si se estuviera quemando desde dentro hacia fuera.
Con la euforia recorriéndole las venas, siguió acariciándolo hasta que él tensó el cuerpo y explotó de placer en el mismo instante que ella.
Takeshi soltó una maldición y le agarró la mano, moviéndola arriba y abajo.
Eso le pareció más sexi aún.
Se inclinó hacia él con el cuerpo tembloroso, como si sus extremidades se estuvieran derritiendo, todavía temblando por la intensidad del momento.
—Oh, Dios —exclamó Khalani con voz ronca y sin aliento.
—No. Solo soy yo.
La atrajo hacia él y deslizó la espalda por la pared hasta el suelo. Khalani notó cómo le subía y bajaba el torso mientras se sentaban en el suelo, aún abrazados. Apoyó la cabeza en ella y le rodeó la cintura.
Era un abrazo posesivo. Protector. Como un animal que custodiaba su tesoro.
Si alguien le hubiese dicho en la prisión de Braderhelm que Takeshi la abrazaría así, se habría reído y lo habría olvidado al instante. No lo habría creído por nada del mundo.
Pero la vida siempre te regalaba las cosas más inesperadas cuando no prestabas atención.
Khalani arqueó la espalda ligeramente y movió las caderas, sintiendo que su miembro se endurecía de nuevo.
—No hagas eso —le dijo Takeshi al oído.
—¿Que no haga el qué?
Se movió un poco y él la agarró por la cintura, apretando los dedos para advertirla.
—Khalani, tienes que parar. No pienso hacer el amor contigo por primera vez en esta celda. Pero, si no dejas de mover las caderas así, me va a dar igual. Así que compórtate, joder.
Le mordió la oreja.
A Khalani le pareció un buen plan.
—¿Y si lo pido por favor? —preguntó con una sonrisa en los labios.
—Vas a ser mi perdición, Kanes. Vete a dormir.
Con una sonrisa, obedeció. De momento. Después de la intensa liberación que le había dado, se sentía completamente exhausta. Y ambos iban a necesitar todas sus energías y fuerzas para lo que estaba por venir.
Mañana escaparían y serían libres. Juntos.
Takeshi la estrechó, dispuesto a ahuyentar sus pesadillas. Y, por primera vez en siglos, Khalani atisbó un futuro luminoso en las sombras de un mundo oscuro.