Us deadly few (Los oscuros 2) 27. No se trata de ser perfecta. Se trata de superar los fracasos. #2
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27. No se trata de ser perfecta. Se trata de superar los fracasos. #2

En un gesto ágil y rápido, Takeshi la levantó del suelo.

Ella le rodeó la cintura con las piernas, dejando escapar un pequeño sonido cuando él deslizó la mano que tenía en su nuca hacia su garganta.

Se la apretó con suavidad para hacer que respirara a su ritmo y sus lenguas se enroscaron mientras él la sujetaba como si nada en el mundo pudiera obligarlo a soltarla.

Khalani hizo una mueca cuando Takeshi le mordió ligeramente el labio, pero no iba a dejar que nada ni nadie arruinara ese momento. Sin embargo, él percibió que trataba de disimular una punzada de dolor y se apartó apenas un centímetro.

—¿Te he hecho daño? —preguntó con la voz áspera y los labios deliciosamente hinchados.

La emoción cruda que se reflejaba en sus ojos se mezclaba con la intensa furia que latía justo bajo la superficie.

—Estoy bien. Solo ha sido un rasguño —lo tranquilizó Khalani.

Takeshi la miró con dulzura. Le sujetó el rostro con las manos y la besó con delicadeza en las mejillas, la frente, la nariz, la parte superior de los párpados, la mandíbula.

Sus labios eran una disculpa.

No solo por el dolor que le habían causado otros, sino por el que él le había provocado. Por todas esas veces que se habían dedicado a hacer la guerra en lugar del amor.

Pero, entonces, vaciló un instante.

—Khalani, antes de que sigamos adelante, tengo que preguntarte algo —dijo.

Cuando la depositó en el suelo, Khalani entornó los ojos y se irguió.

—¿El qué?

—¿Por qué antes no me has dejado matar a esos dos hombres? ¿Es porque te avergüenzas de mi pasado y de las cosas que he hecho?

Una parte vulnerable que, por lo general, nunca mostraba empañó la oscura mirada de Takeshi mientras esperaba su respuesta.

Khalani consideró la pregunta, dispuesta a desenterrar también sus verdades.

—No me avergüenza tu pasado, Takeshi —afirmó—.

Todos hemos cometido errores. No he permitido que lo hicieras porque llevas demasiado tiempo dejando que todo lo feo y horrible que habita este mundo te defina.

Me he dado cuenta de que has pasado tantos años ocupándote de otras personas que has olvidado lo que es tener a alguien que te protege.

Y he pensado que… quizá yo podría ser esa persona.

Khalani se tensó. Acababa de poner su corazón en una bandeja de plata.

Clavó los ojos en el suelo, pero Takeshi le alzó la barbilla con el dedo y la obligó a mirarlo.

Y las lunas y estrellas del cielo no tenían ni punto de comparación con la belleza y el poder que albergaban sus ojos.

—Ya lo eres —dijo.

Khalani se quedó inmóvil, sintiendo cómo esa voz profunda resonaba en todos los rincones de su alma.

No necesitaban decirse esas dos palabras.

Una sola frase no podía expresar todo lo que sentían.

Sus labios se encontraron al mismo tiempo, y ella comenzó a desabrocharse la parte trasera del uniforme. Takeshi gruñó y le agarró la muñeca, impidiéndoselo.

—Khalani… —dijo en un suspiro—, si seguimos adelante, no voy a poder contenerme. Así que, si no lo deseas, dilo ahora. Es tu única oportunidad de decir que no.

Rodeados de oscuridad y con la seriedad de sus profundas palabras aún flotando en el aire, intercambiaron una mirada.

Y, por una vez, Khalani no vaciló.

Alzó la barbilla con determinación y terminó de desabrocharse el uniforme.

Takeshi permaneció completamente inmóvil, sin dejar de mirarla. Khalani sentía el poder en las yemas de los dedos.

Había fuerza en la manera en que controlaba su propio cuerpo, en la forma en que Takeshi la observaba, como si nada pudiera obligarlo a desviar la mirada.

Mientras se quitaba las botas, dejó que la tela del uniforme se deslizara hacia sus pies hasta caer al suelo. Completamente desnuda, con los brazos relajados a los costados, permitió que Takeshi la contemplara cuanto quisiera.

Y él así lo hizo, como si fuera una pintura perdida durante siglos.

Igual que Khalani había contemplado la ciudad de Génesis por primera vez: con absoluta admiración y la certeza de que jamás volvería a ser la misma.

Sintió cómo la recorría con la mirada, lenta y deliberadamente. Desde los pechos y la cintura hasta la punta de los pies, como si cada parte de ella fuera digna de ser contemplada y reverenciada.

Incluso las partes que otros pasarían por alto. En especial, se detuvo en esas.

El silencio se prolongó mientras Takeshi seguía observándola, y ella tragó saliva, algo nerviosa. Tras unos minutos, Khalani se llevó una mano al abdomen y se cubrió el pecho con la otra.

—Me parece que no.

Su voz grave le erizó la piel.

Takeshi se acercó a ella, envolviéndola por completo con su presencia. Le lanzó una mirada de reproche y Khalani reunió el valor para dejar caer los brazos a los costados una vez más.

—Eres perfecta —murmuró.

Sin embargo, no miraba su cuerpo. La miraba directamente a los ojos. Khalani sintió que le daba un vuelco el corazón. Había tal ardor e intensidad en el ambiente que era como estar bajo un sol abrasador.

A pesar de lo que acababa de decir, Takeshi permaneció con las manos tensas y quietas a los costados.

—¿No vas a tocarme? —lo desafió ella con cierta malicia.

—Estoy disfrutando de las vistas.

—¿Y qué piensas?

—Pienso que eres mía.

Oh. Dios.

A Khalani se le desbocó el corazón y tuvo que esforzarse para formar una frase coherente.

—Es muy presuntuoso por tu parte pensar que soy tuya. ¿Y si hubiera alguien más aquí abajo que me interesara?

El brillo en los ojos de Takeshi se intensificó. Pelear era su retorcida forma de coqueteo, y a él le gustaba tanto como a ella.

—Ah, ¿sí? —La agarró de la cintura y la atrajo hacia él—. ¿Y cómo se llama?

—¿Por qué quieres saberlo?

Ella intentó mantener la calma mientras Takeshi le acariciaba con las yemas de los dedos los pechos y la pellizcaba suavemente, despertando en ella una intensa pasión.