Us deadly few (Los oscuros 2) 22. Si miras de cerca, verás las batallas grabadas en mi piel. #3
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22. Si miras de cerca, verás las batallas grabadas en mi piel. #3

—No estoy hablando de eso. —Se dio la vuelta y descargó toda la fuerza de su furia contra él por primera vez—. Cuando aceptamos la misión, nadie me dijo que tendría que compartir contigo una celda diminuta durante una semana entera.

Takeshi la observó unos segundos con expresión inescrutable.

—¿Estás enfadada, Kanes?

—Vaya, no tengo ni la más mínima idea. ¿Y qué te ha dado esa impresión, Takeshi?

—Es por lo del club, ¿verdad?

Sintió que se le encogía el corazón, que una fuerza se lo oprimía y amenazaba con hacerlo explotar y convertirlo en ruinas, y recordó las duras verdades a las que nunca se atrevía a enfrentarse.

El mismo Takeshi se lo había dicho.

Le gustaba la gente que la hacía sufrir, que le hacía daño.

Ese lado oscuro y retorcido de su personalidad aún estaba ahí, ese lado que atraía lo que creía que merecía y que la acercaba aún más a la destrucción.

En el subsuelo había vuelto a aprender la verdad más dura de todas: que, por mucho que lo intentara, solo podía cambiarse a sí misma.

—Te burlaste de mí —afirmó.

Takeshi negó con la cabeza de manera tajante.

—Eso no fue lo que ocurrió.

—¿No te ordenó Raziel que bailaras conmigo en la pista y me manosearas para que pareciéramos una pareja de enamorados?

—Sí, pero…

—No hay pero que valga —gritó Khalani—. Te aprovechaste de mis sentimientos y me ridiculizaste.

Un destello fulguró en los ojos color carbón de Takeshi. Con una sombría mueca reflejada en el rostro, se acercó y llenó el espacio que quedaba en la celda.

—¿De verdad crees que eres la única que tiene sentimientos aquí?

Khalani se quedó inmóvil. Acto seguido, alzó una mano para asegurarse de que no se acercaba más a ella.

—¿Cómo te atreves? No tienes ningún derecho a decir eso.

—¿Por qué no? —siseó él—. ¿Porque no quieres oír la verdad? ¿Porque prefieres seguir creyendo que eres la única a quien le importa, la única con el corazón destrozado?

—¡Tú no tienes corazón, Takeshi!

El capitán se quedó completamente inmóvil, y una expresión de puro dolor le ensombreció el rostro, como si las esposas que llevaba en las muñecas se hubieran activado y mil relámpagos le recorrieran el cuerpo.

A Khalani se le encogió aún más el corazón y sintió una arcada.

Nunca lo había visto tan angustiado. Ni siquiera en sus peores momentos.

—Takeshi… Yo no… no he querido…

—No pasa nada, Kanes.

Takeshi recobró enseguida la compostura, pero unos pozos profundos de tristeza se negaban a desaparecer de sus ojos y de las marcadas ojeras bajo ellos. Apretaba la mandíbula. Tensaba los músculos.

Era como si luchara con toda el alma por no quebrarse.

—Tienes todo el derecho a sentirte así. Y probablemente tengas razón —dijo finalmente en voz baja—. Te he hecho daño. Y eres la última persona a la que quiero hacérselo. Te mereces algo mucho mejor.

Señaló la celda a su alrededor.

Sin embargo, Khalani comprendió que se refería a sí mismo.

La barbilla le tembló y se le humedecieron los ojos.

Era como si todo jugara en su contra.

Por mucho que pelearan o encajaran en lo bueno y en lo malo…, por lo visto, estaban destinados a desmoronarse y derrumbarse.

Porque a él le habían impuesto la misma capacidad de autodestrucción con la que ella había sido moldeada.

Tomó aire por la nariz, luchando por reprimir sus sentimientos e incapaz de enfrentarse a él. Takeshi tampoco la miraba, como si no se atreviera.

—No quería que terminara así —susurró Khalani con el cuerpo tenso, armándose de valor para mostrarse fuerte.

Porque eso era lo que importaba. Lo que había que hacer.

Sin embargo, no deseaba tener que ser fuerte.

Por una vez… estaría bien ser débil.

—Yo tampoco —admitió él en voz baja.

Al parecer, no existían palabras que pudieran contener y reflejar toda su relación. La rabia, el anhelo, la angustia, el dolor de soltar lastre.

Él vivía en un millón de frases.

Pero Khalani solo quería oír una.

Ambos guardaron silencio durante unos minutos y, justo cuando iba a formular una última pregunta, las luces se apagaron de golpe y se sumieron en una oscuridad total.

—Deberíamos dormir un poco —sugirió él, peinándose los mechones negros con los dedos—. Mañana será un gran día.

—Sí —respondió ella con la mente en otro lado, incapaz de reaccionar.

Se tumbaron en lados opuestos de la celda. Dos mundos aparte.

Khalani apoyó la cabeza en las manos y se quedó mirando la pared, deseando poder retroceder en el tiempo.

—¿Takeshi?

—¿Sí, Kanes?

Casi sintió que le acariciaba la piel con esa voz grave.

—Solo quiero que sepas que lo de antes no lo he dicho en serio. Sé que tienes corazón.

—Kanes, no tienes que…

—Sí que tengo —lo interrumpió. Necesitaba que lo entendiera. No podría cerrar el capítulo si no se lo decía—. Sé que tienes un corazón enorme, porque, en otra historia, me habría gustado que fueras mi final.

Takeshi no habló durante un buen rato. Quizá la Khalani del pasado hubiese lamentado pronunciar esas palabras, pero la del presente no se arrepentía de haberlo hecho. Sus sentimientos le recordaban que seguía siendo humana.

Y, como una vela titilando en la oscuridad, Takeshi se permitió volcar su lastimado corazón en el suelo junto al suyo.

—En otra historia, tú habrías sido mi comienzo.