Us deadly few (Los oscuros 2) 17. Las malas decisiones forjan el carácter. Todo un consuelo, ¿verdad? #2
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17. Las malas decisiones forjan el carácter. Todo un consuelo, ¿verdad? #2

Inclinándose hacia delante, Adan compartió lo que Derek les había dicho sobre sus hallazgos mientras trabajaba en los Laboratorios de Investigación y Recursos de Apolo.

Les contó que había descubierto un virus en los cultivos que estaba destruyendo poco a poco toda la cadena de suministro de alimentos, les habló de la negligencia de los líderes y del asesinato masivo de los ciudadanos de Apolo.

Cuando llegó a la parte sobre su fuga y a la revelación de que el gobernador no era humano, un silencio opresivo se cernió sobre el grupo.

Los hombres reaccionaron con indignación e incredulidad.

—¿Cómo que era un robot? —estalló uno.

—¡Eso es imposible! —exclamó otro.

—¿Has oído eso, Spade? —El tercer hombre alzó las manos—. En mi vida he oído una mentira igual.

Mientras los tres hombres maldecían, el enmascarado, Keno y Spade guardaban silencio. Khalani sintió que la cacofonía de voces se volvía un rugido sordo y empezó a oír un zumbido débil y agudo en la cabeza.

Se revolvió en la silla.

La luz que emitían los fluorescentes le resultaba demasiado intensa. La ropa que llevaba encima le molestaba y le picaba. Comenzó a respirar con dificultad y ante ella aparecieron un par de ojos azules.

«¿Estás segura de que estás formulando las preguntas correctas?».

—¡Basta!

Golpeó la mesa con las palmas de las manos y todo el mundo se volvió sorprendido hacia ella. Incluso el hombre enmascarado alzó la mirada con interés.

—No tenéis por qué creernos —dijo—. Yo tampoco lo habría creído si no lo hubiera visto con mis propios ojos. Pero lo que os ha contado Adan es verdad. Nuestras ciudades han estado mintiéndonos sobre la radiación. Quién sabe qué otros secretos están ocultándonos…

—¿Sobre la radiación? —El hombre enmascarado habló por primera vez, enderezándose en la silla—. Explícate.

—Por eso me encarcelaron —intervino Brock, fulminando con la mirada a Zenith—.

Cuando volvía a Apolo, varias personas de la superficie me atacaron.

No llevaban trajes antirradiación. Y no parecían enfermos.

Cuando informé al gobernador de lo que había visto, me metieron en la cárcel.

He hecho el trayecto hasta Hermes sin protección y os puedo asegurar que la superficie ya no está contaminada. Otra mentira del Gobierno.

Cuando terminó de hablar, la mandíbula de Zenith casi le llegaba al suelo. El hombre enmascarado tamborileó con un dedo sobre la mesa, sumido en sus cavilaciones.

—Es cierto —añadió Spade—. Cuando los encontré en el Gran Arco, no llevaban equipo.

—Puede que el veneno aún no haya hecho efecto —dijo uno de los hombres altos y delgados.

Khalani apretó los puños, sintiéndose como si estuviera golpeándolos una y otra vez contra una pared de ladrillos.

—Pero si dicen la verdad, si su gobernador, humano o no, admitió que había envenenado los cultivos y que había matado a inocentes… Eso nos da razones para creer que puede que aquí ocurra lo mismo —intervino Keno, interrumpiendo por primera vez e inclinándose hacia delante.

—Ya hay algo en marcha —soltó Spade, entrelazando las manos con fuerza—. Han estado capturando a nuestra gente y los llevan a campos de trabajo secretos. Ahí deben de tener a Jack.

Al oír ese nombre, todos los hombres se tensaron, incluido el que llevaba el rostro tapado con un pañuelo. La temperatura pareció desplomarse.

—¿Quién es Jack? —preguntó Serene con la frente arrugada.

Al principio, nadie respondió.

Khalani advirtió que Keno miraba a Spade y negaba sutilmente con la cabeza, pero este último lo ignoró.

—Jack es nuestro líder. Se lo llevaron los crupieres hace un mes. Nadie lo ha visto ni ha tenido noticias de él desde entonces. Fue el primero de nuestro grupo rebelde y el que nos unió a todos. Una pieza crucial en las negociaciones de paz entre las bandas más poderosas de Hermes.

Spade posó la mirada en el hombre enmascarado, que ladeó la cabeza en señal de reconocimiento.

—¿Quiénes son los crupieres?

—Un grupo de élite del ejército. Unos capullos repugnantes que hacen el trabajo sucio que les manda el Gobierno sin que los ciudadanos se enteren.

Hemos oído rumores de que están construyendo un arma en esos campos secretos, pero nadie que los haya pisado ha logrado salir con vida. Y ahí es donde entráis vosotros.

Recelosos, todos dieron un respingo.

—¿A qué te refieres?

Spade se inclinó hacia delante, adoptando una expresión grave.

—Si vuestro plan es regresar a Apolo y rescatar a los ciudadanos del subsuelo, necesitaréis fuerza física y armas. Nosotros os podemos dar todo eso. Pero, primero, necesitamos que nos ayudéis a rescatar a Jack.

A Khalani se le aceleró el pulso. No le gustaba nada el cariz que estaban tomando los acontecimientos.

—¿Cómo? —La voz grave de Takeshi atravesó la estancia.

—Raziel. —Spade señaló con la cabeza al hombre enmascarado—. Es el sicario de los Ases y puede introduciros en el campo.

Raziel, el hombre enmascarado, observó a Spade durante unos segundos y después desvió la mirada hacia ellos.

—Uno de los crupieres les debe un favor a los Ases y nos ha informado de que, dentro de poco, un matrimonio engrosará la lista de ocupantes de los campos de trabajo: el señor y la señora Davenhue.

La operación está programada para esta noche.

Necesitamos que dos de vosotros, un hombre y una mujer, os hagáis pasar por los Davenhue y os encontréis con el crupier en el casino.

Ha accedido a llevarse a los dobles al campo.

Os equiparemos con un dispositivo especial para localizaros.

Una vez en el interior, vuestra misión será encontrar a Jack.

Dentro de una semana, atacaremos el campo y os sacaremos.

La estancia se sumió en el más absoluto silencio mientras trataban de asimilar el disparatado plan.

—Acabamos de salir de prisión, ¿y ahora nos pedís que volvamos a entrar? —inquirió Adan fulminándolos con una mirada acusadora.

Raziel asintió con una expresión imperturbable.

—¿Por qué una semana?

—Tenemos que reunir las armas necesarias. Asaltar el campo no será fácil, pero contaremos con explosivos.

—¿Y por qué no pueden hacerlo dos de vuestros miembros? —preguntó Serene.

—Los crupieres no pueden reconocer a los dobles. Han intensificado los esfuerzos para identificar a los miembros de nuestra alianza y el riesgo de que se den cuenta de que los que han capturado no son los Davenhue es demasiado alto. Sois nuestra mejor baza.

Khalani tragó saliva, tratando de librarse del nudo que le atenazaba la garganta.

—No. Ni mi hermana, ni Khalani ni Winnie van a servir de cebo y no van a ir a ese campo —gruñó Adan.

—Entonces, no os ayudaremos en nada, chico —siseó Zenith—. En Hermes no hay nada gratis. Todo es una apuesta. Así que o lo aceptáis u os vais de aquí con las manos vacías.

Raziel asintió.

—Es hora de decidirlo. Tenemos que preparar los documentos con vuestras fotos para esta noche. ¿Quién lo hará? —dijo.

Serene posó una mano en la pierna de Khalani y se la apretó. Esta palideció al comprender el mensaje que le estaba lanzando sin palabras.

Iba a hacerlo. Se sacrificaría para impedir que lo hiciera Khalani.

Los nefastos recuerdos se sucedieron en su mente.

Sus padres tendidos sobre una mesa fría. Douglas mirándola por última vez antes de cerrar la puerta.

Las paredes comenzaron a cernirse sobre ella, cada vez más y más rápido.

—Yo lo haré —soltó Khalani de repente.

Todos se volvieron hacia ella, y sintió que una ira glacial extendía sus tentáculos desde el otro extremo de la mesa, donde estaba Takeshi.

—Khalani… —Serene le agarró el brazo y la obligó a mirarla—. No tienes por qué hacerlo.

—Sí, he de hacerlo —respondió, ignorando la punzada en el pecho. Si alguien iba a ponerse en peligro, debía ser ella—. Tú sabes robar, pero yo sé pelear. Tengo más posibilidades que tú de sobrevivir. Y no voy a dejar que te arriesgues por mí.

Serene negó con la cabeza. La barbilla le temblaba ligeramente y tenía los ojos empañados en lágrimas.

Raziel carraspeó, recordándoles que el tiempo era esencial.

—¿Y quién será su pareja?

—Yo.

Khalani cerró los ojos, eufórica y aterrada ante la voz que había pronunciado aquella palabra. Había venido del otro extremo de la mesa, sin vacilar. La voz de Takeshi, que retumbó por la sala como un trueno, no admitía discusión.

Brock frunció el ceño y miró a Serene, pero guardó silencio con aire furioso.

—De acuerdo. —Raziel se puso en pie y se abrochó la chaqueta del traje—. Lo prepararé todo. Spade, tenlos listos a las ocho en punto.

Sin añadir más, Raziel se dirigió hacia la puerta y la cerró con un golpe sordo.

El silencio era atronador.

A Khalani se le heló la sangre al intuir en qué se había metido.

—Khalani, ya has soportado suficiente. No tienes por qué hacerlo. Puedo ir yo —le imploró Serene.

—O Winnie —añadió la anciana tomándole la mano—. Si tiene que pasar algo, Winnie preferiría que fuera a ella antes que a ti.

—¡No! —exclamó Khalani.

Winnie y Serene se sobresaltaron ante su rotundidad, y ella retrocedió unos pasos, tratando de respirar hondo un par de veces para calmarse.

—Yo lo haré. Todo irá bien —afirmó sin creérselo.

Ella había sido la que los había convencido a todos para ir a la superficie. Era ella la que había querido hacer ese viaje.

Y había llegado el momento de enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones.

Deseó estar sola y se excusó para ir al baño. Una vez allí, apoyó la espalda en la pared de azulejos y, cuando el peso de lo que había aceptado cayó sobre ella como una tonelada de ladrillos, se desplomó en el suelo.

Iba a llevar grilletes de nuevo, y esta vez de forma voluntaria. Iba a regresar a prisión con el hombre al que tenía que evitar a toda costa.

Habían escapado en el pasado.

Sin embargo, no lograba quitarse de encima la terrible sensación de que esta vez no saldrían con vida.