2. Trata de arreglarlo todo y solo acabarás destrozándote a ti misma. #3
Khalani resopló y aceleró el paso, tratando de poner distancia entre ella y la insufrible presencia de Takeshi. Pero fue inútil: con sus largas piernas, la atrapó sin dificultad.
Cuando por fin alcanzaron a los demás, el sol ya casi se había puesto y las pantorrillas y muslos de Khalani pedían a gritos un descanso.
—¿Estás bien? —le preguntó Serene cuando Khalani y Takeshi llegaron bajo el puente medio derrumbado, el lugar que habían elegido para pasar la noche.
—Estoy mejor —respondió, jadeando y dejando caer bruscamente la mochila al suelo—. Solo me he mareado un poco.
Khalani no quería asustar a los demás con la inquietante visión que había tenido del gobernador. Lo último que necesitaba era que alguien más pensara que había perdido el juicio. Con Takeshi ya tenía bastante.
—Ven, siéntate aquí y compartiremos una barrita proteica. —Derek dio unas palmadas en el suelo vacío junto a él.
Khalani curvó las comisuras de los labios en una ligera sonrisa y se sentó en el duro suelo soltando un gruñido de dolor. Ni todo el entrenamiento con Takeshi en Braderhelm podía haberla preparado para caminar tantos kilómetros cada día.
No entendía cómo habían logrado sobrevivir los humanos antes del Gran Colapso.
Las temperaturas siguieron desplomándose y, mientras comía, Khalani se abrazó las rodillas contra el pecho.
—Vigilad las provisiones —advirtió Brock—. Aún falta otra semana para llegar a Hermes. Eso si no nos topamos con ninguna tormenta.
—¿De qué tipo de tormentas estás hablando? —preguntó Adan, alzando la cabeza mientras rebuscaba en la mochila.
—Tormentas de arena. Unas cabronas bastante desagradables que pueden enterrarte vivo —aseguró Brock bajando la voz y mirando hacia el horizonte—. La mayoría se ven desde lejos, pero en esta zona se mueven rápido. Si os digo que corráis al refugio más cercano, no preguntéis por qué.
—Y yo que pensaba que la superficie sería divertida… Ahora me dirás que también hay plantas que pueden comernos —refunfuñó Serene, resoplando y dejándose caer a su lado.
Derek levantó un dedo.
—En realidad, existía una especie de planta carnívora llamada venus atrapamo…
—Siento interrumpir esta conversación tan fascinante, pero tenemos que decidir quién va a hacer la guardia esta noche —dijo Brock—. Steele, tú llevas cuatro noches seguidas, así que ni lo pienses.
—Yo la haré —dijo Serene.
—No —espetó Brock—. Ni siquiera sabes usar un arma.
—Claro que sí. Es solo cuestión de apuntar la parte más estrecha hacia ti y disparar.
Brock puso los ojos en blanco, como si se preguntara qué había hecho mal en una vida anterior.
—Ya la hago yo. —Khalani se puso en pie. Necesitaba ocupar la mente en otra cosa.
—Ni hablar. Hoy has estado a punto de desmayarte —objetó Brock frunciendo el ceño.
—Estoy de acuerdo. Debería hacerla otra persona —intervino Takeshi por primera vez.
Khalani se volvió hacia él de inmediato. Takeshi tenía el hombro izquierdo apoyado contra una de las pilastras que sostenían el puente. Era una postura demasiado despreocupada y serena para la intensa malicia que se reflejaba en su rostro.
Aunque quizá la única que lo había percibido era ella.
—Estoy bien. Y además… —añadió mientras acariciaba la empuñadura de la pistola— no tengo ningún problema en disparar al primer psicópata que se acerque. ¿Verdad, Takeshi?
—Sí, seguro que cualquiera saldría corriendo al verte con un arma.
De existir un premio para la persona que más la sacaba de quicio, Takeshi se lo habría llevado sin discusión.
Era peor que un insecto. Peor que las bacterias que vivían en un insecto.
Y, en ese instante, Khalani deseó abalanzarse sobre él y darle un rodillazo en la entrepierna para evitar que se reprodujera.
Sería su regalo para la humanidad.
—Tienes toda la razón. —Forzó una sonrisa exagerada—. Menos mal que tengo por costumbre disparar primero y hacer preguntas después.
Takeshi curvó hacia arriba las comisuras de los labios.
—Oye, si tengo que ir a mear en mitad de la noche, no me vas a disparar, ¿verdad? —preguntó Adan paseando la mirada entre ellos.
Khalani puso los ojos en blanco y recogió la mochila.
—Montaré guardia allí. —Señaló un enorme vehículo marrón que quizá en el pasado había sido blanco, pero que ahora estaba cubierto de capas de óxido—. Aprovechad y dormid un poco.
Pasó junto a Takeshi sin tan siquiera mirarlo y lanzó la mochila sobre el capó del coche. Estirando los brazos detrás de la espalda, dejó escapar un gemido mientras los crujidos y chasquidos de sus músculos rígidos resonaban en el aire.
A continuación, Khalani se subió al capó y se recostó contra el parabrisas. Depositó la pistola en su regazo, posó una mano sobre ella y apoyó la cabeza en el otro brazo.
Poco después, le llegó un agradable sonido de ronquidos. Para mantenerse ocupada, imaginó que el cielo encapotado se llenaba de colores, una miríada de tonos verdes, rojos y púrpuras que imitaban la aurora boreal que Winnie le había mostrado una vez en prisión.
Sin embargo, por más que se esforzara, no surgía ninguna imagen, como si un muro espeso le bloqueara la mente, empañándola. Lo único que veía eran los penetrantes ojos azules del gobernador clavados en ella.
Y su perpetua sonrisa.